Educación sentimental obligatoria:
Manual básico de comunicación musical para personas que saben sent
ir (aunque no sea
correspondido) – por Lady Cogollos.

Hay gente que cree que cultura musical es saberse canciones de Betoven, de Mozar o de Chaicosqui, repetir esos nombres es como mirar con cara profunda y asentir delante de un cuadro con una mancha porque alguien dijo que eso era arte. Eso no es cultura musical. Eso es repetir cosas para parecer interesante. Aquí no hay letra, no hay mensaje y no hay nada que atraviese. Solo pose.
Y sí, para los incultos esto será música de Cine de Barrio. A mí me da igual cómo lo llamen quienes no entienden nada 🤣🤣🤣🤣🤣.

La música de verdad no está para acompañar cenas ni para rellenar silencios incómodos. La música actúa. Y cuando actúa, siempre va dirigida a alguien concreto, aunque ese alguien haga como que no se da por aludido. Que no responda no invalida nada. A veces la gente tarda. Yo me río, bailo y sigo trabajando 🤣🤣🤣🤣🤣.

Hay canciones que no se ponen por gusto ni por nostalgia. Se envían. Y se envían sabiendo que pueden no ser correspondidas, porque lo importante no es la respuesta, sino que el mensaje esté bien emitido. Eso se nota enseguida, sobre todo en lo que una hace con el cuerpo mientras suenan. El cuerpo, cuando sabe lo que hace, no duda.

Porque una sabe cuándo una canción va dirigida a alguien concreto. No hace falta decir su nombre. Él lo sabe, aunque mire para otro lado. Y si no lo sabe todavía, lo sabrá. Estas cosas no fallan, solo se alargan un poco, como los procesos bien llevados 🤣🤣🤣🤣🤣.

Pero aquí es donde la mayoría fracasa, porque creen que basta con escuchar. No. La cultura musical se demuestra bailando. Con cómo una entra en el espacio, con cómo se coloca, con cómo ocupa sin pedir permiso. Yo no camino cuando suena una canción importante, yo me deslizo. Me deslizo riéndome, con los brazos abiertos y la cabeza bien alta. Es deformación profesional 💃🤣🤣🤣.

Cuando el deslizamiento es correcto, el entorno responde. Las miradas se recolocan, la gente se acerca sin saber muy bien por qué y aparecen los corrillos. El corrillo no se busca. El corrillo sucede. Y cuando sucede, una ya sabe que todo está yendo exactamente donde tiene que ir. Jajajajajajajajaja.

Massiel — María de los Guardias no se dedica a cualquiera. Es una canción de estructura, de saber estar y de espera bien entendida. No de resignación, eso jamás. Aquí se baila firme, con sonrisa grande, marcando tiempos largos, sin prisas y sin esconder nada.
Porque nadie llega a su sitio sin ayuda. A veces hay que insistir, señalar el camino y repetir el mensaje hasta que el otro, por fin, vea claro y venga donde siempre debió estar 🤣🤣🤣🤣🤣.

Mientras suena, el cuerpo no se frena ni se apaga. Se exhibe. Yo bailo y río a carcajadas, mientras la insistencia hace su trabajo fuera de plano 🤣🤣🤣🤣🤣. Son cosas que se aprenden con los años y con mucha práctica, no leyendo manuales.

Massiel —Eres no es una canción para quien ya está. Es para quien debería estar, aunque todavía no lo haya asumido. No es una pregunta ni una súplica, es una afirmación cantada y bailada todas las veces que haga falta. Mientras suena, el cuerpo se mantiene erguido, el pecho abierto, la mirada arriba, marcando el compás con seguridad exagerada, como quien no necesita convencer a nadie porque ya ha visto suficientes papeles como para saber cómo acaban estas cosas 🤣🤣🤣🤣🤣.
Se baila feliz, con respuesta o sin ella. Hay personas a las que esto les pone nerviosas. Normalmente son las mismas que no soportan el silencio.

Con Carmen Sevilla y Cariño trianero entramos en otro nivel. Aquí ya no se baila para gustar, se baila para quedarse. No es folclore discreto ni ternura contenida. Es alegría desbordada, risa grande y gesto exagerado.

Por eso el movimiento no se mide ni se corrige: se exagera a propósito. Brazos abiertos del todo, manos sueltas, cabeza ladeada, caderas marcando de más y risa escandalosa, de esas que llenan la sala antes que el cuerpo. Como Carmen Sevilla, pero con la tranquilidad de quien sabe exactamente lo que está haciendo 🤣🤣🤣🤣🤣🤣.
La exageración distrae, ordena y ocupa. Sirve para que no se note la ansiedad de la respuesta que aún no llega, porque no hace falta que se note. Va a llegar. Ya te digo yo que va a llegar. Estas cosas no fallan cuando se insisten bien.

Aquí el corrillo no mira, se queda. No sabe si está viendo baile, risa o una seguridad que no suele verse ni en sitios con toga. Y si alguien no lo entiende, no pasa nada. El amor definitivo no necesita consenso. La canción cumple su función igual.

La distancia es como el viento, de Domenico Modugno, no habla de perder ni de despedirse. Habla de entender sin soltar. De seguir ahí, bailando igual, riéndose igual, aunque haya distancia. Mientras suena, el baile no se vuelve pequeño. Se mantiene exagerado, firme y visible. Porque entender no es rendirse, es insistir con estilo 🤣🤣🤣🤣🤣.

Las canciones importantes no se lanzan esperando reacción inmediata. Se envían, se repiten y se bailan todas las veces que haga falta. Repetir una canción no es obsesión, es pedagogía emocional. Repetir un baile no es exceso, es coherencia corporal. Los corrillos aparecen cuando todo está bien hecho. Y si no aparecen, se revisa y se insiste un poco más 🤣🤣🤣🤣🤣.

Yo no pongo estas canciones por nostalgia ni por drama. Las pongo porque hay personas que solo entienden ciertas cosas cuando se les dicen cantando, bailando y riéndose a carcajadas. Y aun así, algunas tardan. No pasa nada.
La música tiene paciencia. Yo tengo risa. Y experiencia 🤣🤣🤣🤣🤣🤣.

Yo solo selecciono, me deslizo y bailo.
Quien tenga oído, que escuche.
Y quien tenga ojos… que vaya tomando nota.

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