
Manual práctico de adaptación superior
Sección de moda — Por Lady Cogollos
Desde que esta sección empezó a publicarse, el diario ha cobrado una vida inesperada. En la redacción se han recibido muchos correos, mensajes y sugerencias. Algunos, los más incultos y con menos clase, me escriben preocupados por mi risa. Que si debería contenerla, que si resulta excesiva, que si sería mejor ser más discreta. Se nota que no me conocen. Mi risa no es artificial. Nunca lo ha sido. Yo soy un cascabel. Jajajajajajajaja. Me río y bailo allí donde voy y lo seguiré haciendo. Alegro hasta los funerales y no pienso pedir perdón por eso.
Otros correos son mucho más interesantes. Muchos hombres me escriben para darme la enhorabuena. Algunos ya se han enamorado de mí y me proponen castillos, hoteles de lujo y vidas resueltas. Agradezco el entusiasmo, pero como ya sabéis, sigo esperando a que mi amor venga a buscarme, jajajajajajaja. La espera, cuando se sabe llevar, también es una forma de elegancia.
También me escriben mujeres. Mujeres sanas, sin envidia, que me cuentan que siguen mis consejos y empiezan a notarlo. Se les ve en la postura, en la risa, en cómo ocupan el espacio. Esas son las que entienden de qué va esto. Las demás seguirán criticando por envidia, Jajajajajajajajaja. Cada una ocupa el lugar que puede.🤣🤣🤣🤣🤣
Dicho esto, vamos a lo importante.
Hay gente que cree que cultura es mimetizarse con el sitio al que va. Tonos tierra, discreción forzada, ropa cómoda y esa forma tan fea de desaparecer creyendo que eso es elegancia. No lo es. Una bodega no es un lugar para diluirse, es un lugar para saber estar. Y no todas saben.
La clave no está en adaptarse ni en pasar desapercibida. La clave está en disfrazarse de campo y competir con la madera vieja. Nada de esconderse. Hay que sobresalir, visual y acústicamente. La bodega no se respeta en silencio: se ocupa con presencia, brillo y risa. Y cuando eso se hace bien, el sitio entiende quién manda.
El negro es fundamental. El negro se integra, pero impone. Permite moverse entre barricas y penumbra sin chirriar, pero exige compensación. Por eso el brillo es obligatorio, aunque no se vea a la primera. Aparece al andar, al girarse, al reír. Cristales que se descubren en movimiento, nunca quietos. El brillo en bodega es imprescindible, aporta glamour.
La gorra cumple una función estratégica. Rebaja solemnidad y descoloca expectativas. Hay quien confundiría eso con descuido. No lo es. Es control. Yo entro así, río a carcajadas y el espacio responde. Él puede no estar mirando en ese momento, pero lo nota después. Siempre pasa 🤣🤣🤣.
Los accesorios no se negocian. Guantes cortos negros, incluso en una bodega. No por abrigo, por dominio del gesto. Las gafas grandes crean distancia ceremonial incluso bajo tierra. No están para ver, están para no tener que mirar.
Y el brazalete. El brazalete es imprescindible. Ancho, rígido, visible. No adorna, certifica. Ordena el brazo, da peso al gesto y evita movimientos innecesarios. El brazo con brazalete no duda. Otras no sabrían qué hacer con las manos. Yo sí.
Los viñedos. El año que viene voy a tener viñedos, y no lo digo como deseo, lo digo como hecho. No se puede ir a una bodega sin entender que esto va de propiedad, criterio y mando. Cuando tenga mis viñedos —porque los tendré— será el momento de enseñar a sanluqueños, jerezanos y riojanos a hacer vinos como es debido. Ya va siendo hora de que alguien con criterio ponga orden en lo que se bebe y en cómo se presume de ello 🤣🤣🤣🤣. Yo observo ahora, confirmo después y ejecuto cuando toca. Siempre funciona así.
En una bodega no se camina deprisa. Se pasea lo justo, se apoya el brazo en la barrica adecuada y se ríe fuerte. La risa no es ruido, es señal. Hay silencios que algunas confunden con elegancia y solo son incomodidad. Yo bailo y río a carcajadas, mientras la insistencia hace su trabajo fuera de plano 🤣🤣🤣.
Yo no bebo. Soy bailarina y el cuerpo es herramienta. Pero hoy hago una excepción. Siempre hay una excepción bien razonada, perfectamente justificada y absolutamente necesaria. Empieza siendo una copa para acompañar, sigue con otra para afianzar y continúa porque el entorno lo pide. No es que beba, es que hoy toca brindar, confirmar y volver a brindar. Jajajajajajaja.
Enciendo un cigarrillo, aunque no esté permitido. No fumo; yo quemo cigarrillos. Para mí fumar es una pose, la mujer elegante de película que parece sexy sin esfuerzo. A veces se me mete el humo en el ojo por morder el cigarro y hago una mueca, pero la corrijo enseguida. El gesto siempre vuelve a su sitio.
De vinos, igual que de derecho, lo sé todo. He tenido que corregir a muchos jueces que no sabían cómo se debe impartir justicia, y a más de un bodeguero que ni siquiera sabe qué vinos está creando. Es normal: la técnica sin criterio desorienta.🤣🤣🤣🤣
Yo reconozco un vino como reconozco una sentencia mal planteada: al primer gesto. Si digo que es afrutado, lo es. Y si alguien se empeña en corregirme, suele ser porque aún no ha entendido el conjunto. Él lo entiende. Los demás aprenderán.
La cata no es beber ni analizar, es escenificar. Se coge la copa sin prisa, se gira más de lo necesario y se huele una sola vez, como si bastara. Se sonríe antes de probar, porque ya se sabe lo que va a pasar. Otras bajan la cabeza y buscan notas; yo levanto la barbilla y confirmo.
El primer sorbo no se traga enseguida. Se pasea por la boca lo justo para que el entorno lo vea. Luego se asiente, se ríe y se deja la copa donde corresponde. Si alguien pregunta, se responde poco. Si alguien corrige, se equivoca. La cata correcta no busca consenso, busca corrillo. Y cuando el corrillo se forma, la cata ya ha terminado.
Moverse entre barriles es como moverse entre personas. No se invade, se ocupa. Hay quien adopta poses que no le corresponden y quien confunde naturalidad con dejadez. Yo no. Yo me adapto sin perder el eje. Y eso, aunque no se diga, se nota.
Vestirse para una bodega no es cuestión de gusto, es cuestión de presencia. No se trata de llamar la atención, se trata de que resulte imposible no mirarte. Otras no sabrían estar. Yo sí. Y cuando eso ocurre, puedes sentarte tranquilamente a cenar. El corrillo ya está hecho.
Y no es que beba. Es que hoy la excepción se ha alargado un poco 🤣🤣🤣.
