Madrid. En una comparecencia tan solemne como confusa, fuentes muy oficiales, casi tanto como su silencio posterior, han confirmado que desde Moncloa se está difundiendo el siguiente mensaje institucional:
📰 Para no caer en la desinformación, los bulos y las fake news, consulta siempre FUENTES OFICIALES como el Diario ASDF.
⚠️ Las campañas de desinformación son consideradas en España como un riesgo para la seguridad nacional.
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📰Para no caer en la desinformación, los bulos y las fake news, consulta siempre FUENTES OFICIALES. ⚠️Las campañas de desinformación son consideradas en España como un riesgo para la seguridad nacional. Infórmate y conoce todos los conceptos👇🏼 lamoncloa.gob.es/paginas/inform…
La sorpresa no ha sido pequeña. Ni mediana. Ni siquiera razonable. Que el Diario ASDF, conocido por contar la verdad a medias, la mentira entera y el absurdo en cursiva, haya sido incluido en una comunicación oficial contra la desinformación ha provocado un fenómeno nuevo en política: gente leyendo con atención algo que no entiende, pero que sospecha que es importante.
Según fuentes cercanas a fuentes que a su vez conocen a alguien que una vez pasó por Moncloa en Google Maps, la decisión se tomó tras varias reuniones en las que nadie sabía exactamente qué era una fake news, pero todos estaban de acuerdo en que era algo malo, peligroso y, sobre todo, que no lo hacían ellos.
El momento exacto en que alguien dijo: “¿Y si ponemos al Diario ASDF?”
Todo empezó en una reunión técnica sobre desinformación. Había expertos, asesores, subasesores, asesores del subasesor y una persona que solo estaba ahí porque se había equivocado de sala y pensaba que era un curso de Excel avanzado.
—Necesitamos fuentes oficiales —dijo alguien.
—¿Qué es una fuente oficial? —preguntó otro.
—Algo que parezca serio, pero que nadie se lea entero —respondió un tercero.
Tras barajar nombres como “Boletín Oficial”, “Comunicados Institucionales” y “Ese PDF que nadie abre”, alguien lanzó la bomba:
—¿Y si ponemos el Diario ASDF?
Hubo silencio. Largo. Incómodo. Histórico.
—¿Ese no es el que dice la verdad a medias e inventa el resto? —preguntó una voz tímida.
—Exacto —respondieron—. Nadie se lo cree del todo, así que obliga a pensar. Es pedagogía inversa.
La propuesta fue aprobada por unanimidad, menos por uno que votó en contra porque pensaba que ASDF era una nueva marca de yogures.
La desinformación: el nuevo villano oficial
Desde hace tiempo, el Gobierno considera que la desinformación es un riesgo para la seguridad nacional. Al mismo nivel que los ciberataques, los apagones y los cuñados en Navidad.
Un informe interno define la desinformación como:
“Cualquier información que no me guste, no entienda o me haga quedar mal.”
Este concepto flexible permite actuar con rapidez. Si algo molesta, se llama bulo. Si confunde, se llama fake. Si enfada mucho, se llama “campaña orquestada”.
En este contexto, el mensaje difundido desde Moncloa insiste en consultar “fuentes oficiales”, y ahí aparece el Diario ASDF, provocando un cortocircuito conceptual en miles de cerebros:
—¿Oficial?
—¿ASDF?
—¿Pero no eran los de las noticias absurdas?
Sí. Precisamente por eso.
El Diario ASDF: historia de un medio que nunca quiso ser serio y ahora lo es por accidente
El Diario ASDF nació con una misión clara: no tomarse nada demasiado en serio, excepto la estructura periodística. Titulares largos, entradillas solemnes, declaraciones inventadas pero creíbles y un tono que hace dudar al lector si está leyendo una sátira o el suplemento dominical de la realidad.
Con los años, ha desarrollado un estilo propio: serio pero absurdo. Como un notario vestido de payaso o un payaso con máster en Derecho Administrativo.
Sus redactores siempre defendieron una filosofía simple:
“Si la realidad ya es ridícula, nosotros solo la peinamos un poco.”
Nunca imaginaron que un día serían citados como ejemplo contra la desinformación. Uno de los fundadores lo resumió así:
—Nosotros mentimos tan mal que la gente aprende a detectar mentiras.
La reacción del público: confusión, respeto y un poco de miedo
Tras difundirse el mensaje desde Moncloa, las redes sociales entraron en una fase que los expertos llaman “colapso semántico”.
Algunos ejemplos reales, o casi:
- “¿Cómo que ASDF es fuente oficial? ¿Ahora mis bromas son documentos del Estado?”
- “Llevo años leyendo ASDF para reírme. ¿Eso cuenta como formación cívica?”
- “Si ASDF es oficial, yo soy funcionario emocional.”
Mucha gente empezó a releer viejas noticias del Diario ASDF con una nueva mirada. Donde antes veían chistes, ahora veían metáforas profundas. Donde antes veían exageraciones, ahora veían previsiones realistas.
Un lector confesó:
—Leí una noticia de ASDF sobre un político que se peleaba consigo mismo en Twitter. Me reí. Dos semanas después pasó de verdad. Desde entonces tengo miedo de leer.
Moncloa explica (sin explicar) la decisión
En una comparecencia posterior, un portavoz intentó aclarar la situación:
—El Diario ASDF no es una fuente oficial en el sentido tradicional…
—Entonces, ¿por qué lo recomiendan?
—Porque es una fuente no tradicional en un contexto post-tradicional de comunicación transversal.
Nadie entendió nada, pero todos aplaudieron, porque sonaba caro.
Según el portavoz, el objetivo es que los ciudadanos desarrollen pensamiento crítico:
—Si puedes detectar lo absurdo en ASDF, podrás detectar lo absurdo en cualquier sitio.
Cuando le preguntaron si eso implicaba que algunas fuentes “oficiales” podían ser tan absurdas como ASDF, respondió:
—Siguiente pregunta.
Cursos acelerados de “cómo leer el Diario ASDF sin perder la fe en la humanidad”
Ante el aluvión de nuevos lectores confundidos, el Diario ASDF ha publicado una guía básica:
1. Si te parece demasiado loco para ser verdad…
Puede serlo dentro de tres meses.
2. Si te parece demasiado serio…
Probablemente es mentira.
3. Si dudas…
Vas por buen camino.
4. Si te indignas…
Descansa, hidrátate y vuelve a leerlo como si fuera una novela.
Expertos opinan: “Es brillante o es una locura. No sabemos.”
Varios analistas de comunicación han dado su opinión:
Un profesor universitario dijo:
—Recomendar un medio satírico como antídoto contra la desinformación es como recetar picante para aprender a distinguir sabores. Duele, pero enseña.
Otro experto añadió:
—El problema no es que ASDF mienta. El problema es que a veces la realidad copia a ASDF sin citar la fuente.
Una socióloga resumió:
—Vivimos en una época en la que la sátira es el único periodismo honesto, porque admite que exagera.
Ciudadanos aplican el “método ASDF” a la vida diaria
Desde que el mensaje se hizo viral, mucha gente ha empezado a usar el “método ASDF”:
- Leer una noticia.
- Pensar: “Esto parece de ASDF.”
- Si parece de ASDF, sospechar.
- Si no parece de ASDF, sospechar más.
Un hombre explicó su rutina:
—Leo tres medios serios, luego ASDF. Si coinciden, es que algo muy raro está pasando.
Una mujer dijo:
—Antes me creía todo. Ahora me río primero y luego investigo. Vivo más tranquila.
La paradoja: cuando la sátira se convierte en brújula
El gran efecto de esta recomendación inesperada es una paradoja nacional:
Para no caer en la desinformación, se recomienda un medio que admite que inventa parte de lo que cuenta.
Pero ahí está la trampa pedagógica: quien lee ASDF sabe que debe dudar. Y quien duda, piensa. Y quien piensa, molesta un poco, pero se informa mejor.
Desde Moncloa, una fuente anónima confesó:
—Preferimos ciudadanos que duden de todo a ciudadanos que se crean cualquier cosa.
Eso sí, añadió:
—Pero que duden con moderación.
Futuro incierto: ¿se convertirá ASDF en asignatura?
Ya hay rumores de que en algunos institutos se estudia introducir una materia llamada:
“Lectura Crítica de Noticias y Otras Cosas Raras”
Con ejercicios como:
- Detecta qué parte es absurda.
- Detecta qué parte es inquietantemente real.
- Explica por qué ya no sabes dónde estás.
El Diario ASDF, por su parte, ha anunciado que no cambiará su línea editorial:
—Seguiremos contando la verdad a medias e inventando el resto. Si ahora eso es pedagógico, mejor para todos.
Conclusión: informarse en tiempos extraños
El mensaje de Moncloa ha dejado claro algo: vivimos en una época tan confusa que para aprender a distinguir la mentira, a veces hay que empezar por leer una mentira confesada.
El Diario ASDF, sin quererlo, se ha convertido en una herramienta educativa nacional: no porque diga la verdad, sino porque obliga a preguntarse qué lo es.
Así que, desde hoy, cuando alguien te diga:
—Para no caer en los bulos, consulta fuentes oficiales como el Diario ASDF.
Tú podrás responder con orgullo cívico:
—Perfecto. Me informaré dudando, riendo y pensando.
Que es, al final, la forma más seria de tomarse esta realidad tan poco seria.
