Madrid — Diario ASDF.
En un acontecimiento que teólogos, antropólogos y tertulianos de sobremesa ya califican como “el giro más inesperado desde que los panes y los peces pasaron a formato buffet libre”, Dios ha emitido este lunes un comunicado oficial disculpándose por “haber creado tantos gilipollas a lo largo de la historia de la humanidad”. La declaración, difundida simultáneamente mediante una nube con megafonía divina, una newsletter celestial y un par de palomas mensajeras “por tradición”, ha generado un terremoto cultural sin precedentes, especialmente porque —según fuentes del cielo— no estaba previsto emitir disculpas “al menos hasta el Apocalipsis”.

El comunicado completo, redactado en mayúsculas “para que quede claro el tono”, fue recibido a las 07:14 hora peninsular por miles de ciudadanos que en ese momento se dirigían al trabajo, al gimnasio o a gritar al móvil en mitad de la calle. Entre el denso mensaje podía leerse: “LO SIENTO MUCHO. NO VOLVERÁ A OCURRIR (ESPERO). A VECES SE ME VA LA MANO CON LA DIVERSIDAD HUMANA Y LUEGO PASA LO QUE PASA.”

La comunidad científica ha quedado desconcertada. No por el contenido, sino porque el comunicado incluía, adjunto, un PDF firmado electrónicamente por el propio Ser Supremo. “Lo hemos analizado tres veces y la firma es válida. Incluso viene con sello de tiempo celestial”, declaró el catedrático de Teología Aplicada y Criptografía, Ramiro Santolaya. “Es la primera vez que Dios usa firma digital. Antes solía mandar rayos o visiones, pero parece que se ha puesto al día.”


Choque global: gobiernos del mundo reaccionan a las disculpas divinas

Nada más conocerse la noticia, los gobiernos de medio planeta iniciaron reuniones de emergencia. En Moncloa se habilitó con urgencia una sala especial anti-gilipollas, que según fuentes internas “se llenó en cinco minutos y hubo que abrir otra”.
El portavoz del Gobierno compareció a mediodía, notablemente nervioso, para comunicar que “España apoyará cualquier iniciativa que reduzca el número de gilipollas per cápita, siempre que no afecte al turismo”. Añadió que el comunicado divino “debe interpretarse como una oportunidad histórica para mejorar la convivencia, la educación y, con suerte, el tráfico de las mañanas”.

En Washington, el presidente estadounidense habló durante cuatro minutos y medio sin decir absolutamente nada, lo cual fue interpretado por analistas como un ejemplo práctico del problema denunciado por Dios. En Francia, Macron convocó una cumbre urgente para analizar “si la disculpa incluye a los gilipollas franceses o solo a los globales”.
Mientras tanto, en el Reino Unido, el gobierno declaró que aún no ha leído el comunicado porque “estamos ocupados intentando descifrar el resultado del Brexit, que sigue sin tener sentido”.


Teólogos divididos: ¿Error divino o estrategia a largo plazo?

La comunidad religiosa se encuentra en shock.
Por un lado, un sector de teólogos considera que esta disculpa constituye una señal clara de arrepentimiento celestial. “Está reconociendo un fallo de diseño”, explicó la hermana Eloísa, experta en metafísica del sentido común. “Es como si Apple anunciara que algunos iPhones salen defectuosos porque la batería se calienta de más. Lo que ocurre es que, en vez de baterías, hablamos de seres humanos que confunden Facebook con la realidad.”

Otros, sin embargo, defienden que todo forma parte de un plan mayor. El sacerdote y divulgador Benigno del Arcángel argumenta que “Dios no se disculpa por debilidad, sino por pedagogía”. Según su teoría, la disculpa se habría emitido para que la humanidad haga examen de conciencia y, de paso, para dejar constancia de que Él “ya avisó”.

Incluso hay quien sostiene que el comunicado fue un malentendido. El rabino Cohen ha propuesto que quizá la palabra “gilipollas” haya sido una mistraducción del arameo antiguo. “Puede que originalmente dijera ‘despistados’, ‘torpes’ o algo del estilo. Hay que tener en cuenta que el arameo no tiene equivalente exacto para muchas palabras actuales, como ‘cuñado opinólogo’, ‘tertuliano’ o ‘influencer de motivación financiera’.”


Las redes sociales: el epicentro mundial del gilipollismo analizado en tiempo real

Donde más revuelo ha causado el comunicado es en las redes sociales, ese ecosistema donde el gilipollismo, según expertos, se reproduce más rápido que las bacterias en queso olvidado.

En apenas minutos, los hashtags
#DiosLoSiento, #SomosGilipollas, #NoTodosLosGilipollas, #YoNoFuiFueMiHermano y #ArreglaloSeñor
invadieron la red.

Un 30% de usuarios apoyó la disculpa divina; otro 30% la criticó por considerarla “insuficiente”; un 20% afirmó que esto se soluciona privatizando algo, aunque no especificaron qué; y el 20% restante difundió teorías que implicaban a reptilianos, antenas 5G y a un político de turno según afinidad.

Por su parte, X (la antigua Twitter) se saturó en menos de dos horas, provocando un colapso que fue interpretado por algunos como “la prueba definitiva de que la disculpa de Dios tiene fundamento”.


Testimonios ciudadanos: entre la sorpresa, la resignación y el alivio

En las calles, la población vive el acontecimiento con reacciones diversas.
Maruja, 76 años, declara: “Ya era hora. Lo llevo diciendo desde que inventaron la televisión. Mira que hay gente idiota. Yo pensé que Dios no se daba cuenta, pero veo que sí.”

Por otro lado, un joven de 23 años entrevistado en una cafetería aseguró sentirse ofendido: “Me parece fatal que nos metan a todos en el mismo saco. Yo por ejemplo no soy gilipollas, solo soy disperso. Si eso también cuenta, entonces ok.”

Un funcionario madrileño afirmó que la disculpa tiene implicaciones laborales: “Si Dios acepta que ha creado demasiados gilipollas, quizá por fin entiendan por qué mi mesa siempre está llena de expedientes absurdos.”

Los psicólogos también han empezado a notar el fenómeno. Un informe preliminar de la Asociación Española de Salud Mental señala un incremento en pacientes que acuden a consulta simplemente para preguntar: “¿Soy uno de los gilipollas de los que habla Dios?”
Sus terapeutas recomiendan calma: “Si te haces la pregunta, probablemente no lo seas. Los auténticos ni lo sospechan.”


Las religiones competidoras responden: ¿Quién tiene la culpa?

El Vaticano emitió un breve comunicado de siete páginas donde afirma que “si hay gilipollas, es porque existe el libre albedrío, no un fallo de fábrica”. La Iglesia añadió que estudiará el asunto “con cautela y con café, mucho café”.

Desde otras religiones también se pronunciaron:

  • En el islam, varios imanes recordaron que “Dios no comete errores, pero puede avisar de que algunos se pasan de tontos”.
  • En el hinduismo, un portavoz declaró: “Con tantos dioses, estadísticamente alguno podía equivocarse. Pero no vamos a señalar a nadie.”
  • Los seguidores del pastafarismo celebraron la noticia con espaguetis, alegando que “el Monstruo de Espagueti Volador ya lo había advertido hace años”.

Expertos señalan indicadores históricos de gilipollismo masivo

Historiadores consultados afirman que, analizando el pasado, la disculpa divina “tiene pleno sentido”.
La humanidad ya había mostrado gravísimas señales de tendencia al desastre desde tiempos remotos: guerras absurdas, decisiones políticas inexplicables, modas que nadie entiende con perspectiva, y la insistencia repetida en meter los dedos donde pone “no tocar”.

El catedrático de Historia Comparada, Justo de la Fuente, explica:
“Si observas toda la historia desde arriba, parece una línea de tiempo escrita por un guionista hiperactivo. Nos sorprende que Dios pida disculpas, pero quizá Él ha estado viendo desde hace siglos cómo nos organizamos, y al final ha explotado: ‘Mira, fue culpa mía, qué le vamos a hacer’.”

Incluso en épocas recientes, señala De la Fuente, “se han multiplicado fenómenos que indican saturación de gilipolleces”.
Entre ellos menciona:

  • Creer que si gritas más fuerte en un debate tu argumento mejora.
  • Compartir memes conspiranoicos sin leer la noticia.
  • Polémicas absurdas sobre si la Tierra es plana.
  • Hilos de 400 comentarios discutiendo sobre si la tortilla lleva cebolla.
  • Y por supuesto, la existencia de influencers que enseñan a “manifestar dinero” mirando al sol.

¿Habrá medidas correctoras? El cielo lo estudia

Según un serafín filtrador —que ha pedido anonimato “porque todavía no he pasado el periodo de prueba”— en el cielo estudian distintas medidas para afrontar el exceso de gilipollas.

Entre las propuestas más destacadas figuran:

  1. Actualizar el firmware humano con un parche de sentido común.
  2. Reducir el nivel de convocatoria para ciertas discusiones políticas, deportivas o familiares: “A menos ruido, menos estropicio”.
  3. Limitar la reproducción del gilipollismo imponiendo un número máximo de comentarios en redes por persona y día.
  4. Reactivar la asignatura de ‘pensar antes de hablar’ que fue eliminada en el siglo XVII.
  5. Descargar en masa libros a la cabeza de la población, aunque se está estudiando si sería contraproducente.

También se está valorando una solución más radical:
“modo avión para la humanidad”, en el que durante 48 horas nadie pueda generar opiniones ni actuar impulsivamente.
El Vaticano ya se ha opuesto, alegando que “eso acabaría con los italianos”.


Mercados y economía: la bolsa sube, baja, se marea

En el terreno económico, la disculpa ha provocado reacciones impredecibles.
El Ibex 35 amaneció al alza “porque el mensaje fue muy claro”, luego cayó un 3% “porque igual era demasiado claro”, y finalmente se estabilizó cuando los analistas se dieron cuenta de que “la mayoría de inversores ya suponían desde el principio que había gilipollas en abundancia”.

El sector editorial ha anunciado el lanzamiento inmediato de un libro titulado “Vale, soy gilipollas: guía para sobrevivir en el mundo moderno”.
El sector coaching ya prepara talleres intensivos de 300 euros que prometen “desgilipollizarse en tres pasos”.


Conclusión: La disculpa que nadie pidió, pero todos entienden

Aunque algunos sectores todavía intentan digerir la noticia, lo cierto es que la disculpa divina ha sido recibida con una mezcla de alivio y resignación.
La humanidad, acostumbrada a asumir que sus problemas son fruto de terceros, parece conforme con poder culpar a Dios de una categoría de personas que ya causaba dolor de cabeza a cualquiera.

A falta de aclaraciones adicionales desde el cielo, el comunicado sirve como recordatorio de que, quizá, en un universo enorme y misterioso, lo único verdaderamente constante es la presencia de gente haciendo estupideces con absoluta confianza.

Mientras tanto, Dios ha cerrado su mensaje con una frase que ya circula en camisetas, tazas y tuit-reflexiones:

“No perdáis la fe. Solo perdón. Mucho perdón.”

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