Diario Asdf — Manifestación Fantasma Contra El Acoso
Madrid. A primera hora de la mañana, dos reporteras del Diario ASDF fueron enviadas a cubrir lo que, según la convocatoria difundida en redes, iba a ser una manifestación multitudinaria de mujeres contra todas las acusaciones de acoso sexual que cercan al PSOE. El objetivo era informar con rigor, libreta en mano y micrófono con espuma corporativa, sobre una protesta que prometía llenar plazas, avenidas y, si se terciaba, rotondas estratégicas. Lo que encontraron, sin embargo, fue un descampado desértico, un viento con vocación poética y varios estepircursores dando vueltas en círculos, como si también ellos estuvieran buscando a alguien.
La escena, por su sobriedad, merecía respeto. El descampado, de una amplitud moral considerable, se extendía como un lienzo en blanco donde no se había pintado nada todavía. A un lado, una valla caída; al otro, una señal de tráfico que parecía pedir perdón por existir. En el centro, los estepircursores —esos seres mitológicos de la fauna urbana que nadie sabe si son aves, roedores o ideas mal acabadas— giraban con la perseverancia de quien ensaya una coreografía sin público.
La convocatoria que prometía ruido
Según la convocatoria original, la manifestación pretendía ser un grito colectivo contra el acoso, una demostración de fuerza y conciencia cívica. Se hablaba de pancartas, consignas, aplausos sincronizados y hasta de un silencio final para que se oyera “la voz de las mujeres”. El Diario ASDF, siempre comprometido con la información que no se da sola, decidió enviar a dos reporteras por aquello de cubrir todos los ángulos y, si era necesario, entrevistarse entre ellas.
Al llegar, comprobaron que el único ruido era el del viento y el de sus propias expectativas cayendo al suelo. “Hemos llegado con tiempo”, explicó la reportera A, mirando el reloj como quien mira una foto antigua. “Quizá se están organizando en otro descampado”, sugirió la reportera B, con ese optimismo que se aprende en la universidad y se pierde en la redacción.
Un vacío que también comunica
El vacío no era un vacío cualquiera. Tenía una densidad informativa notable. Cada metro cuadrado sin manifestante parecía decir algo distinto. El silencio no era ausencia de mensaje, sino un mensaje en sí mismo, redactado con la contundencia de lo que no se presenta. En términos periodísticos, era una exclusiva: la crónica de una manifestación fantasma.
Las reporteras tomaron notas. Anotaron la posición del sol, la dirección del viento y el número exacto de estepircursores visibles (tres y medio, según el consenso alcanzado tras una discusión breve pero intensa). Intentaron entrevistar a uno de ellos, pero el animal —o concepto— se negó a declarar y siguió girando.
Declaraciones inexistentes y micrófonos pacientes
Ante la falta de portavoces humanos, el equipo decidió proceder con profesionalidad. Se encendió el micrófono. Se formuló una pregunta clara: “¿Qué opinan las mujeres presentes sobre las acusaciones?”. El micrófono respondió con un zumbido eléctrico y un suspiro lejano. Se interpretó como un “sin comentarios”.
Para no dejar la pieza coja, las reporteras hicieron un recorrido perimetral del descampado. Confirmaron que no había concentraciones alternativas ni corrillos improvisados detrás de los matorrales. Solo una bolsa de plástico que parecía querer sumarse a la protesta, pero que finalmente se dejó llevar por el viento.
El papel de los estepircursores
Los estepircursores, por su parte, se convirtieron en protagonistas involuntarios. Daban vueltas como si custodiaran el lugar, como si alguien les hubiera encargado vigilar la ausencia. “Puede que sean los únicos que han acudido”, apuntó la reportera B con la seriedad que exige una hipótesis de campo.
Un experto consultado por teléfono —que pidió anonimato porque no sabía qué era un estepircursor— afirmó que estos animales suelen aparecer cuando hay silencio social. “Se alimentan de la expectativa no cumplida”, explicó con voz convincente. La frase fue anotada y subrayada dos veces.
Contexto político para lectores despistados
Las acusaciones de acoso sexual que cercan al PSOE han generado debate, titulares, tertulias y silencios estratégicos. En ese contexto, la convocatoria de una manifestación de mujeres se presentaba como un acto de posicionamiento. La ausencia, por tanto, no es un detalle menor, sino un dato. Un dato grande, visible, con sombra propia.
Desde el Diario ASDF no corresponde interpretar, pero sí describir. Y la descripción es clara: no había nadie. Ni columnas, ni pancartas, ni consignas rimadas. Solo el descampado y los estepircursores, que seguían girando con una constancia que ya quisiera cualquier movimiento social.
Testimonios recogidos en el lugar
—“¿Está usted aquí por la manifestación?”, preguntó la reportera A a una farola cercana.
La farola no respondió, pero proyectó una sombra alargada que podría interpretarse como gesto de apoyo.
—“¿Volverá usted a convocar?”, insistió la reportera B, esta vez al aire.
El aire respondió moviendo un papel arrugado, lo que se interpretó como un “quizá”.
Ambos testimonios fueron incluidos por su valor ambiental.
La logística de una nada organizada
La organización del evento había prometido puntos de encuentro, horarios claros y un recorrido definido. El descampado cumplía con todos los requisitos menos uno: la presencia humana. Aun así, se pudo identificar el posible escenario de un discurso, marcado por una piedra algo más grande que las demás.
Las reporteras calcularon que, de haberse celebrado, la manifestación habría cabido holgadamente. “Aquí podrían haberse reunido miles”, dijo una. “O al menos decenas”, corrigió la otra, siempre prudente.
Reacciones posteriores
Horas después, en redes sociales, algunos usuarios aseguraron que la manifestación había sido un éxito “espiritual”. Otros afirmaron haber estado “en otro plano”. El Diario ASDF intentó contrastar estas versiones, pero no encontró pruebas materiales en el descampado, salvo una huella que podría ser de estepircursor o de idea mal aparcada.
Desde fuentes próximas a la organización se habló de “cambio de formato”. No hubo más detalles. El cambio, al parecer, consistió en no estar.
Análisis: cuando la ausencia es titular
El periodismo, como disciplina, se enfrenta a menudo al reto de contar lo que ocurre. Más raro es contar lo que no ocurre, y hacerlo sin exagerar. Esta crónica pretende dejar constancia de un hecho verificable: dos reporteras acudieron a una manifestación y no encontraron manifestación. Encontraron, eso sí, un descampado ejemplar.
La ausencia puede ser leída de muchas maneras. Puede ser protesta silenciosa, descoordinación o simplemente que nadie puso la alarma. El Diario ASDF no se inclina por ninguna. Se limita a señalar que, de haber habido gritos, se habrían oído. Y no se oyeron.
Epílogo: el regreso a redacción
De vuelta a la redacción, las reporteras entregaron sus notas. El editor las leyó con atención, levantó la vista y preguntó: “¿Seguro que estuvisteis en el sitio correcto?”. Ambas asintieron. Incluso mostraron fotos del descampado y de los estepircursores, que posaron con naturalidad.
La pieza se cerró con una frase sobria, acorde al estilo del Diario ASDF: “A veces, la noticia es que no hay noticia, y aun así hay que contarla”.
Mientras tanto, en el descampado, los estepircursores siguen dando vueltas. Quizá esperan la próxima convocatoria. Quizá no. Pero allí están, fieles al lugar donde un día se prometió ruido y se entregó silencio.
