Valdebebas, 7:30 de la mañana.
Todavía no había salido el sol cuando en los campos de entrenamiento del Real Madrid ya se respiraba algo raro. No era frío, no era niebla, no era olor a café recalentado. Era rabia. Una rabia densa, espesa, casi visible, como si alguien hubiese dejado abierta una olla a presión llena de orgullo herido.
El motivo tiene nombre propio: Levante.
No porque el Levante sea el mayor enemigo histórico del club blanco, ni porque haya ganado cinco Champions seguidas, sino porque la última vez que se cruzaron, el Real Madrid salió del partido con cara de haber pisado un Lego descalzo: dolor, sorpresa y una indignación difícil de explicar.
Desde entonces, en Valdebebas se habla poco y se mira mucho. Y cuando se mira, se mira mal.
Silencio raro y miradas torcidas
Los periodistas que pudieron asomarse unos minutos al entrenamiento describen una escena poco habitual. Normalmente hay risas, bromas, algún rondo con cachondeo y dos jugadores persiguiendo al que llega tarde. Esta vez no.
Esta vez:
- Nadie llegó tarde.
- Nadie sonrió.
- Nadie contó chistes malos.
Los jugadores calentaban con cara de funcionario enfadado un lunes. Las zapatillas golpeaban el césped con más fuerza de la necesaria. Los balones salían disparados como si tuvieran problemas personales.
Un utilero del club, que pidió no dar su nombre “por si luego me miran mal”, explicó la situación así:
“No sé qué pasa, pero hoy hasta las botellas de agua parecen enfadadas”.
La palabra prohibida: Levante
En los pasillos del club hay una norma no escrita: no se menciona al Levante en voz alta más de dos veces seguidas. A la tercera, alguien cambia de tema, tose o dice “bueno, lo importante es entrenar”.
Pero la realidad es que todos piensan en lo mismo.
En la última sesión táctica, cuando el entrenador intentó hablar del “próximo rival”, un jugador desde el fondo gritó:
—“Di su nombre, míranos a la cara y di Levante”.
El técnico respiró hondo, miró al suelo y dijo:
—“Vale… Levante”.
Hubo un silencio largo. Demasiado largo. Tan largo que alguien dejó caer una pelota y sonó como si se hubiese caído una nevera.
Entrenamientos con sabor a venganza
Los ejercicios fueron más duros de lo normal. No porque el cuerpo técnico lo pidiera, sino porque los jugadores se pasaban de intensidad.
En un simple ejercicio de pases:
- Los pases iban como misiles.
- Los controles parecían intentos de domar un toro.
- Cada pérdida de balón se miraba como una traición personal.
Un defensa gritó a un compañero:
—“¡Eso contra el Levante no lo haces, eh!”
El otro respondió:
—“Contra el Levante no fallo ni dormido”.
Nadie se rió.
En un partidillo interno, un delantero celebró un gol como si hubiese ganado el Mundial: grito, puños al aire y mirada al banquillo, como diciendo “esto va por vosotros… y por ellos”.
El entrenador tuvo que parar el juego dos veces para recordar que todavía no era el día del partido y que, técnicamente, aún eran compañeros.
La charla más corta del año
Después del entrenamiento, hubo charla en el vestuario. Normalmente dura unos diez minutos. Esta vez duró menos de dos.
El técnico dijo básicamente tres cosas:
- “Sabemos lo que pasó.”
- “No se nos ha olvidado.”
- “El domingo se habla en el campo.”
Nadie aplaudió. Nadie gritó. Nadie hizo gestos heroicos.
Solo asintieron. Todos a la vez. Como si alguien hubiese pulsado un botón.
Un veterano del vestuario resumió el ambiente así:
“No estamos nerviosos. Estamos ofendidos. Y eso es peor para el rival”.
Afición en modo ajuste de cuentas
Fuera de Valdebebas, la afición vive el partido como si fuese una revancha histórica, aunque en los libros de historia no aparezca.
En bares de Madrid se oyen frases como:
- “Ese partido lo tengo marcado en rojo.”
- “No es un partido, es una deuda.”
- “Si ganamos, me pido otra ronda aunque no tenga dinero.”
En redes sociales, los mensajes se repiten:
- Vídeos de jugadas pasadas contra el Levante.
- Memes con caras serias y música épica.
- Frases tipo: “No es venganza, es justicia poética con botas de fútbol.”
Incluso hay quien ha desempolvado camisetas antiguas “para que se note que esto viene de lejos”, aunque venga exactamente de hace dos temporadas.
El rival, tranquilo… demasiado tranquilo
Desde el entorno del Levante se intenta bajar la intensidad. Sus portavoces hablan de “partido normal”, “tres puntos” y “respeto al rival”.
Pero nadie les cree.
Un jugador del Levante dijo en rueda de prensa:
—“Ellos son un gran equipo, pero nosotros vamos a jugar como siempre”.
Esa frase, en Madrid, se interpretó como una provocación pasiva-agresiva.
En un programa de radio, un tertuliano sentenció:
“Eso de ‘vamos a jugar como siempre’ es como cuando alguien te dice ‘no pasa nada’ y sabes que sí pasa”.
Psicología del enfado blanco
Los psicólogos deportivos explican que jugar con rabia puede ser peligroso… o letal para el rival.
La rabia:
- Da energía extra.
- Quita miedo.
- Hace que corras como si te persiguiera tu pasado.
Pero también:
- Hace cometer errores.
- Hace entradas innecesarias.
- Hace protestar cosas que no existen.
En el Real Madrid lo saben, y por eso el cuerpo técnico intenta canalizar el enfado hacia algo útil: correr más, presionar mejor y no discutir con el árbitro como si fuera un viejo enemigo del barrio.
Un miembro del staff lo explicó así:
“Queremos rabia, sí. Pero rabia con GPS. Que sepa a dónde va”.
El once más serio del año
Aunque no es oficial, todo apunta a que el Real Madrid sacará un once sin experimentos:
- Nada de rotaciones “para probar cosas”.
- Nada de jóvenes “para que cojan experiencia”.
- Nada de inventos raros.
La idea es clara: los que juegan son los que no olvidan.
Un jugador que suele ser suplente asumió la situación con resignación:
“Hoy no toca sonreír, toca ajustar cuentas. Y yo, de momento, ajusto desde el banquillo”.
El vestuario: una sola palabra
Dentro del vestuario hay muchas frases escritas en pizarras, camisetas motivacionales y notas pegadas con cinta.
Pero hay una palabra que se repite más que ninguna:
Revancha.
No está escrita con colores bonitos. Está escrita con rotulador negro, torcido, como con prisa. En algunos sitios aparece subrayada. En otros, rodeada por flechas.
No es un mensaje bonito. Es un mensaje útil.
El día del partido se acerca
A medida que se acerca el partido, el ambiente no se relaja. Al contrario.
- En los entrenamientos se corre más.
- En las charlas se habla menos.
- En las caras se ve todo.
Un canterano que entrena con el primer equipo confesó:
“Yo pensaba que esto era fútbol. Hoy parece una película de venganza pero con medias altas”.
Los veteranos le dijeron que se acostumbrara:
—“Hay partidos que son tres puntos. Y hay partidos que son algo más. Este es de los otros.”
No es solo ganar
Para el Real Madrid, este partido no es solo ganar.
Es:
- Mirar al rival a los ojos y decir “ya está”.
- Quitarse una espina que pincha cada vez que se nombra al Levante.
- Volver a sentirse cómodo con su propio orgullo.
Si ganan, no lo celebrarán como una final. Pero se notará. En las sonrisas pequeñas, en los choques de manos más largos, en las miradas que dicen: “Esto lo teníamos pendiente”.
Si pierden… nadie quiere pensar en eso.
Conclusión: rabia controlada
El Real Madrid llega al partido contra el Levante con algo más que táctica y físico. Llega con memoria. Y la memoria, en el fútbol, pesa más que las piernas.
No es odio.
No es drama.
No es una guerra.
Es una revancha silenciosa, entrenada, trabajada día a día con pases fuertes, carreras largas y miradas torcidas.
El domingo, cuando empiece el partido, no se hablará de todo esto. Se hablará de goles, faltas y resultados.
Pero los que han estado en Valdebebas lo saben:
Antes del primer pitido, ya se estaba jugando otro partido.
Uno que se entrena con rabia en los ojos.
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❗️The atmosphere in training sessions is one of revenge, Real Madrid are looking at levante with anger in their eyes. @diarioasdf
