Redacción ASDF | Tecnología, Sociedad y Amenazas Invisibles

Durante décadas, el espionaje fue una actividad silenciosa, solemne y profundamente antipática. Hombres con gabardina, carpetas grises, teléfonos pinchados y un sentido del humor inexistente. Sin embargo, el siglo XXI ha traído una evolución inesperada: ahora el espionaje no solo entra en tu móvil sin permiso, también lo hace entre risas, memes y vídeos de TikTok.

Un breve pero intensísimo hilo publicado en la red social X (antes Twitter) ha logrado lo que informes parlamentarios, comisiones europeas y denuncias de periodistas no habían conseguido: explicar Pegasus con una carcajada colectiva. Tres mensajes, un vídeo rural imposible y una captura de WhatsApp han bastado para reactivar uno de los grandes debates tecnológicos de nuestro tiempo: ¿estamos realmente a salvo cuando una app nos dice que todo está cifrado?

La respuesta, según el hilo, es clara: jajajajaja.


El inicio de la tormenta: cuatro emojis y una sospecha

El hilo comienza de forma discreta, casi inocente. Nada de alarmismo, nada de tecnicismos. Solo cuatro emojis de risa y una frase que, en España, equivale a una auditoría completa de cualquier institución poderosa:

“😂 😂 😂 😂, anda que no son listos, jajajajaja.”

Con esa frase, publicada a última hora de la tarde de un viernes, la usuaria conocida como LadyHawke —nombre que evoca halcones, vigilancia y cine medieval— inauguraba una reflexión colectiva sobre la inteligencia, la astucia y la frontera difusa entre la genialidad tecnológica y la picaresca internacional.

No se mencionaba aún Pegasus. Pero estaba ahí. Como el ruido de fondo de una llamada que nadie ha hecho.


Pegasus entra en escena… entre risas

Dos minutos después, la autora decide despejar cualquier duda y soltar el nombre maldito:

“El pegasus!! Jajajajaja”

Y con ese doble signo de exclamación, el software espía más famoso del planeta pasaba oficialmente del informe confidencial al chiste compartido.

El mensaje iba acompañado de un vídeo que, a estas alturas, ya es considerado por varios expertos en ciberseguridad como “la mejor metáfora jamás creada sobre la tecnología moderna”. En él, un hombre es atado a un palo de bambú y girado manualmente sobre un montón de paja, como si fuera una centrifugadora humana. El vídeo lleva un texto sobreimpreso: “Digital machine 😊”.

La ironía es tan fina que corta. La “máquina digital” no tiene electricidad, ni sensores, ni algoritmos. Solo cuerdas, fuerza bruta y un respeto muy relativo por la dignidad humana. Exactamente como Pegasus, según la interpretación colectiva del hilo.


Cuando la alta tecnología se parece demasiado a una escoba

La comparación no pasó desapercibida. Pegasus, recordemos, es un software capaz de infiltrarse en teléfonos móviles sin que el usuario haga absolutamente nada. Ni pinchar enlaces, ni abrir archivos, ni cometer errores. Simplemente está ahí. Observando. Escuchando. Leyendo.

Y, sin embargo, el hilo consigue transmitir una idea inquietante: por muy sofisticado que sea el espionaje, su efecto final es sorprendentemente rudimentario. Entra a saco. Revienta la intimidad. Gira al usuario como al hombre del vídeo, hasta que toda la información cae por los lados.

No hay glamour. No hay inteligencia artificial con traje caro. Hay una sensación persistente de que alguien, en algún sitio, ha decidido que tu móvil es una trilladora.


La intervención ciudadana: WhatsApp y la promesa que nadie cumple

El tercer acto del hilo llega algo más tarde, cuando otro usuario decide aportar la prueba definitiva. No un documento clasificado. No un informe técnico. Una captura de pantalla de WhatsApp.

La imagen muestra el mensaje estándar que millones de personas leen sin pensar:

“Los mensajes y las llamadas están cifrados de extremo a extremo. Solo las personas en este chat pueden leerlos…”

Debajo de esa promesa tranquilizadora, no hay mensajes. Solo silencio. Un silencio que, de repente, resulta sospechoso.

El comentario que acompaña la imagen lo resume todo:

“Ay, el puto Pegasus…”

Y con eso, WhatsApp, el cifrado, la privacidad y la fe ciega en los avisos tranquilizadores quedan reducidos a una frase resignada y perfectamente española.


El gran chiste: cuando el cifrado es solo decoración

El hilo no explica cómo funciona Pegasus. No habla de vulnerabilidades “zero-click”, ni de exploits, ni de arquitecturas de seguridad. Pero no hace falta. El mensaje cala precisamente porque no intenta enseñar nada.

Se limita a señalar una contradicción básica: si un software puede acceder a todo tu teléfono, el cifrado es poco más que un cartel bonito en la puerta de una casa sin paredes.

WhatsApp promete seguridad. Pegasus promete acceso total. Y el usuario promete no entender nada, pero reírse mucho mientras tanto.


El humor como herramienta de divulgación involuntaria

En pocas horas, el hilo acumuló un modesto pero significativo número de interacciones. No se hizo viral en cifras astronómicas, pero sí en impacto. Porque no hablaba a expertos, sino a personas normales. Personas que usan el móvil. Personas que confían en mensajes verdes y candaditos.

El éxito del hilo no está en los números, sino en la identificación. Todos hemos visto ese aviso de cifrado. Todos hemos oído hablar de Pegasus. Y todos, en el fondo, sospechamos que algo no encaja del todo.

El humor actúa aquí como una lupa: no añade información, pero hace imposible ignorarla.


Pegasus en 2026: el espía que nunca se fue

Aunque el hilo no lo menciona, Pegasus arrastra una larga historia de escándalos, denuncias y comparecencias incómodas. Periodistas, activistas, abogados y políticos han descubierto, con mayor o menor sorpresa, que su teléfono sabía demasiadas cosas.

En 2026, el nombre Pegasus ya no provoca escándalo inmediato. Provoca cansancio. Y quizás por eso funciona tan bien como meme. Porque cuando algo deja de sorprender, solo queda reírse de ello.


El mensaje final: no es paranoia si el vídeo gira

El hilo no ofrece soluciones. No recomienda aplicaciones. No habla de actualizaciones, VPN ni herramientas forenses. Su conclusión es mucho más simple y, por ello, más inquietante:

Si una “máquina digital” puede ser un hombre atado a un palo, quizás la tecnología no sea tan elegante como nos la venden.

Quizás la privacidad sea una ilusión cuidadosamente redactada.

Y quizás Pegasus no sea solo un software espía, sino un recordatorio constante de que, en el fondo, alguien siempre está girando la manivela.


Epílogo: reír para no resetear el móvil

El Diario ASDF ha contactado consigo mismo para valorar el impacto del hilo. La conclusión es unánime: nunca tres mensajes habían explicado tanto con tan poco.

Pegasus sigue ahí. WhatsApp sigue prometiendo. Y los usuarios siguen riéndose, porque a veces el humor es la única defensa que no necesita cifrado.

Seguiremos informando.
O al menos, alguien lo hará desde nuestro teléfono.

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