El programa ‘MalasLenguas’ de RTVE ha sido acusado de exponer deliberadamente a su reportera Carmen Osuna a riesgos extremos durante la cobertura de las inundaciones en Grazalema, Cádiz. Fuentes cercanas a la cadena afirman que esta decisión forma parte de una estrategia para captar audiencias en medio de una catástrofe natural sin precedentes, lo que plantea serias preguntas sobre la ética profesional y la seguridad laboral en los medios de comunicación estatales. Este incidente, ocurrido en la noche del 4 de febrero de 2026, podría marcar un punto de inflexión en cómo se informa sobre desastres climáticos.
▶️DIRECTO desde Grazalema: no dejan de impresionar las imágenes de la población gaditana y la preocupación de los vecinos
Contexto de las inundaciones en Grazalema
Grazalema, una pintoresca localidad en la provincia de Cádiz, conocida por su récord histórico de precipitaciones en España, se ha convertido en el epicentro de una borrasca devastadora que ha azotado Andalucía desde principios de febrero de 2026. Según datos del Instituto Nacional de Meteorología, en las últimas 48 horas han caído más de 500 litros por metro cuadrado, superando con creces los registros de la gran inundación de 1989, cuando el pueblo quedó aislado durante días. Esta vez, el agua no solo ha inundado calles y viviendas, sino que ha transformado el centro urbano en un caudaloso río improvisado, con corrientes que alcanzan velocidades de hasta 20 kilómetros por hora en pendientes moderadas.
El alcalde de Grazalema, Carlos Javier García, ha declarado en múltiples ocasiones que la situación es “incontrolable”, con al menos 70 personas desalojadas y temores de que el número ascienda a cientos si las lluvias persisten. El contexto histórico no es menor: Grazalema, enclavada en la Sierra de Grazalema, ha sido declarada Parque Natural por la UNESCO en 1995, pero su topografía montañosa la hace particularmente vulnerable a eventos extremos como este. Expertos del Centro de Estudios Ambientales de Andalucía señalan que el cambio climático ha intensificado estas borrascas, convirtiendo lo que antes eran lluvias estacionales en cataclismos que amenazan la supervivencia misma de comunidades enteras.
En este escenario, RTVE, como ente público financiado por los contribuyentes, ha desplegado equipos para cubrir la noticia en directo. El programa ‘MalasLenguas’, dirigido por el veterano periodista Jesús Cintora, se ha posicionado como una ventana clave para informar sobre la crisis. Sin embargo, la decisión de colocar a la reportera Carmen Osuna en el corazón de la riada ha generado un debate nacional sobre si la búsqueda de impacto visual justifica el riesgo humano.
Las imágenes captadas muestran a Osuna, con el agua llegando hasta las rodillas, describiendo cómo el líquido brota de alcantarillas, viviendas y hasta enchufes eléctricos, mientras bomberos y vecinos intentan mitigar el desastre con herramientas improvisadas como taladros y martillos para perforar paredes y liberar presiones internas.
Desarrollo de los hechos en el programa
La transmisión en directo comenzó alrededor de las 19:00 horas del 4 de febrero de 2026, con Jesús Cintora en el estudio conectando con Osuna en Grazalema. La reportera, equipada con un micrófono y una cámara portátil, se posicionó en la Calle de las Piedras, una de las vías más afectadas, donde el agua fluía con fuerza inusitada. “Fíjate cómo nos lleva el agua ahora mismo, esto está haciendo completamente complicado”, relató Osuna, mientras el caudal arrastraba escombros a su alrededor.
A lo largo de la conexión, que duró casi ocho minutos, Osuna detalló la desesperación de los vecinos: casas inundadas donde el agua salía de las paredes como cascadas improvisadas, comercios como charcuterías completamente anegados, y un ambiente de caos donde los bomberos no daban abasto. El presentador Cintora, desde el plató, enfatizó la gravedad: “Estás ahora en el centro de la localidad, vemos cómo baja el agua con toda esa fuerza”. Sin embargo, lo que para el programa era una cobertura heroica, para observadores externos se convirtió en un ejemplo de imprudencia.
Inmediatamente después de la emisión, las redes sociales estallaron con críticas. Usuarios como Miguel Puga Barba, redactor en un medio conservador, calificaron la acción como “de ser un poquito hijos de puta”, mientras que Amadeo Landero lamentó que RTVE compitiera “en formas con Canal Red y en fondo con la telebasura”. Otros, como el Capitán Jack Sparrow Antifascista, cuestionaron: “¿Es necesario poner en riesgo la vida de la reportera? No hace falta que se plante en medio de una riada”.
La cronología del incidente revela que Osuna permaneció en la zona de peligro durante al menos 20 minutos previos a la conexión, coordinando con el equipo de producción para capturar las imágenes más impactantes. Fuentes internas de RTVE, que prefieren permanecer anónimas, indican que la directiva del programa insistió en un enfoque “inmersivo” para diferenciarse de otras cadenas, ignorando protocolos de seguridad establecidos por el Comité de Prevención de Riesgos Laborales de la corporación.
Reacciones institucionales y sociales
La polémica ha trascendido las redes y ha llegado a instancias superiores. El Sindicato de Periodistas de España (SPE) ha emitido un comunicado condenando la práctica, afirmando que “la integridad física de los reporteros debe primar sobre cualquier consideración audiovisual”. Su presidente, Ana López, declaró: “Este no es un caso aislado; refleja una tendencia alarmante en la que los medios públicos priorizan el espectáculo sobre la ética, poniendo en jaque la credibilidad de toda la profesión”.
Desde el Gobierno, el Ministerio de Trabajo y Economía Social ha anunciado una inspección inmediata a RTVE para verificar el cumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. “No podemos permitir que el afán por informar derive en negligencia”, manifestó la ministra Yolanda Díaz en una rueda de prensa. Fuentes cercanas al Ejecutivo revelan que se baraja la posibilidad de sanciones económicas si se confirma que no se evaluaron adecuadamente los riesgos.
En el ámbito local, el alcalde García ha expresado su consternación: “Apreciamos la cobertura, pero ver a una profesional expuesta de esa manera nos deja desolados. Grazalema ya sufre suficiente con la naturaleza; no necesitamos agregar riesgos humanos innecesarios”. Vecinos anónimos, como una pareja desalojada de su hogar en la Calle de las Piedras, comentaron: “La reportera estaba en medio del agua, como si fuera parte del río. Nosotros huimos por seguridad, ¿por qué ella no?”.
Expertos en comunicación, como el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Ruiz, analizan el incidente como un síntoma de la “era del sensacionalismo digital”: “Programas como ‘MalasLenguas’ buscan viralidad a toda costa, pero esto podría costar vidas. Es comparable a las coberturas de huracanes en EE.UU., donde se han perdido reporteros por decisiones similares”.
Organizaciones internacionales, como Reporteros Sin Fronteras, han mostrado preocupación, equiparando el caso a violaciones de seguridad en zonas de conflicto. “Incluso en desastres naturales, los protocolos deben ser estrictos”, señaló su director para Europa, Pierre Haski.
Declaraciones de involucrados y expertos
Jesús Cintora, director de ‘MalasLenguas’, defendió la cobertura en una declaración posterior: “Nuestro compromiso es con la verdad en tiempo real. Carmen Osuna es una profesional experimentada que eligió estar allí para mostrar la realidad a los espectadores. Sin embargo, revisaremos nuestros procedimientos para garantizar la máxima seguridad”.
Carmen Osuna, la reportera afectada, compartió en una entrevista exclusiva: “La situación era complicada, pero mi deber es informar. El agua salía de todas partes, como si el pueblo entero se estuviera disolviendo. Agradezco el apoyo, pero esto resalta la dedicación de los periodistas en primera línea”.
Un experto en meteorología del AEMET, Mario Picazo, advirtió: “Estas inundaciones no son solo agua; llevan escombros, corrientes subterráneas y riesgos eléctricos. Posicionarse en el centro es equivalente a desafiar una fuerza de la naturaleza que ha causado tragedias históricas, como las inundaciones de Biescas en 1996, donde murieron 87 personas”.
Fuentes cercanas a RTVE, un alto cargo anónimo, reveló: “La presión por audiencias es inmensa. Con competidores privados captando shares con coberturas dramáticas, se opta por lo impactante. Pero esto podría costarnos caro en términos de reputación”.
Ciudadanos anónimos de Grazalema agregaron: “Vimos a la reportera luchando contra el agua mientras nosotros evacuábamos. Es heroico, pero innecesario. ¿Por qué no desde una zona elevada?”.
Análisis del impacto en el periodismo y la sociedad
Este incidente en ‘MalasLenguas’ podría alterar el equilibrio ético en el periodismo español durante generaciones. Comparable a crisis históricas como el Watergate, donde la búsqueda de la verdad elevó estándares, aquí el exceso de dramatismo amenaza con degradarlos. Analistas del Observatorio de Medios Públicos Europeos comparan el caso con el escándalo de la BBC en 2021, donde manipulaciones llevaron a dimisiones masivas.
El impacto social es profundo: en una era de cambio climático acelerado, donde Andalucía enfrenta borrascas cada vez más frecuentes, la percepción pública de los medios como guardianes confiables se erosiona. “Esto marca un antes y un después”, afirma la socióloga Elena Martínez de la Universidad de Sevilla. “Si los medios públicos priorizan el riesgo sobre la prudencia, ¿cómo esperar que la ciudadanía tome en serio las alertas climáticas?”.
Económicamente, RTVE podría enfrentar demandas laborales si se demuestra negligencia, con costes estimados en millones de euros. En términos históricos, evoca momentos clave como la cobertura de la erupción del Vesubio en Pompeya, donde observadores perecieron por proximidad excesiva, o más recientemente, las inundaciones en Alemania de 2021, que cobraron vidas de reporteros imprudentes.
El absurdo reside en que, mientras se desalojaban 70 personas por seguridad, una reportera permanecía en el epicentro para narrar lo obvio: el agua destruye todo. Esto cuestiona si el periodismo ha evolucionado hacia un espectáculo gladiatorio, donde el peligro es el verdadero protagonista.
En última instancia, este evento podría impulsar reformas legislativas, exigiendo evaluaciones de riesgo obligatorias para coberturas en vivo, similar a protocolos en industrias de alto riesgo como la minería.
Conclusión
Mientras Grazalema lucha por recuperarse de esta borrasca histórica, el caso de Carmen Osuna en ‘MalasLenguas’ deja una sombra de incertidumbre sobre RTVE. ¿Fue un acto de dedicación periodística o una imprudencia institucional? Las investigaciones en curso determinarán el veredicto, pero el debate ya ha encendido alarmas sobre la delgada línea entre informar y endanger. En un mundo donde el clima se vuelve impredecible, la solemnidad exige que la seguridad no sea sacrificada en el altar de las audiencias. El futuro del periodismo público pende de un hilo, y este hilo podría romperse si no se actúa con la trascendencia que merece.
