En un gesto que muchos analistas ya califican de trascendental para la imagen pública de los movimientos progresistas, Rubén Sánchez, actual responsable de organización de Podemos en la localidad valenciana de Sagunto, ha publicado un vídeo en el que interpreta de forma íntegra y sin acompañamiento instrumental el clásico Un beso y una flor, inmortalizado por el legendario Nino Bravo. La actuación, grabada con evidente pasión y compromiso emocional, ha recorrido en cuestión de horas las principales redes sociales y grupos de mensajería, convirtiéndose en uno de los fenómenos virales más comentados de las últimas semanas en el ámbito político-cultural español.
La relevancia del episodio no radica únicamente en su dimensión artística —donde las opiniones se dividen de forma radical—, sino en lo que representa para el futuro de la militancia comprometida en un contexto de polarización extrema. Diversos observadores coinciden en que este tipo de iniciativas personales podrían redefinir la manera en que los cuadros intermedios de los partidos de izquierda conectan con la ciudadanía a través de expresiones culturales populares.
El vídeo que nadie esperaba
La grabación, de algo más de tres minutos de duración, muestra a Rubén Sánchez en un entorno doméstico aparentemente cotidiano. Con la mirada fija en la cámara y una entrega vocal que denota horas —o quizá décadas— de escucha repetida del original, el dirigente canta cada verso con una intensidad que contrasta con la técnica empleada. Fuentes cercanas al entorno de Podemos en la Comunidad Valenciana aseguran que la interpretación no fue improvisada, sino que responde a un deseo largamente acariciado de rendir tributo a uno de los iconos musicales más queridos de la región valenciana.
“Es un acto de amor hacia nuestra memoria colectiva”, ha declarado una fuente próxima a la dirección comarcal que ha preferido mantener el anonimato. “Rubén lleva años defendiendo que la cultura popular no debe ser patrimonio exclusivo de la derecha nostálgica. Este vídeo es una declaración política tan potente como cualquier moción en un pleno municipal”.
El tema elegido no es casual. Un beso y una flor, editada en 1972, se ha convertido con el paso de las décadas en un símbolo de la emigración, la esperanza y la identidad valenciana. Que un responsable orgánico de Podemos haya decidido apropiarse de esta pieza en clave contemporánea ha sido interpretado por algunos sectores como un intento valiente de desideologizar el patrimonio cultural compartido.
Reacciones institucionales y de la militancia
La dirección estatal de Podemos no ha emitido aún un comunicado oficial, aunque fuentes de la Ejecutiva consultadas por este diario señalan que “se está analizando el impacto positivo en términos de cercanía y humanización de los cuadros”. En cambio, en la Comunidad Valenciana las reacciones han sido inmediatas. La coordinadora autonómica habría mantenido una reunión de urgencia para evaluar si este tipo de expresiones individuales fortalecen o diluyen el mensaje colectivo del partido en un momento de recomposición interna.
Desde el ámbito académico, el catedrático de Comunicación Política de la Universidad de Valencia, doctor Miguel Ángel Traverso, ha valorado el gesto en los siguientes términos: “Estamos ante un caso paradigmático de lo que yo denomino ‘posmilitancia expresiva’. En un ecosistema mediático saturado de discursos programáticos, el recurso a la canción popular puede convertirse en la última frontera de la autenticidad política. Aunque el resultado técnico sea discutible, el gesto en sí mismo merece estudio”.
En el plano ciudadano, las opiniones se dividen entre la admiración y la perplejidad. Un vecino de Sagunto contactado por este medio ha afirmado: “Yo no entiendo mucho de política, pero cuando lo escuché pensé: este hombre quiere unir a la gente cantando. Y aunque desafine bastante, al menos lo intenta con ganas. Eso ya es más de lo que hacen otros”.
Antecedentes que contextualizan el gesto
Rubén Sánchez no es un desconocido en el panorama político valenciano. Durante los últimos años se ha caracterizado por su defensa sin fisuras de las políticas de igualdad impulsadas por Irene Montero y por su compromiso con la agenda feminista del espacio morado. En 2023 protagonizó titulares al denunciar públicamente haber sido víctima de una denuncia falsa por parte de su expareja, un episodio que generó un intenso debate interno sobre la presunción de veracidad en casos de violencia de género.
Asimismo, es recordado por una frase que se hizo viral en su momento: “No hay que acostarse con mujeres de derechas”, entendida por sus defensores como una llamada a la coherencia ideológica en la esfera privada y por sus detractores como un ejemplo de sectarismo intolerable. Estos antecedentes, lejos de deslegitimar su reciente incursión musical, parecen reforzar —según algunos analistas— la idea de que Sánchez concibe la militancia como un compromiso total que abarca tanto lo público como lo íntimo y lo artístico.
Impacto potencial en el equilibrio político-cultural
Expertos consultados coinciden en señalar que la actuación podría marcar un punto de inflexión en la estrategia cultural de la izquierda española. “Durante demasiado tiempo hemos cedido el folclore y la canción popular al imaginario conservador”, explica la doctora Laura Mendoza, investigadora del Instituto de Estudios Culturales de la Universitat de les Illes Balears. “Que un cuadro de Podemos se atreva a cantar a Nino Bravo demuestra que el progresismo está dispuesto a recuperar el patrimonio emocional de las clases trabajadoras sin complejos”.
Comparado con hitos históricos como el Concierto por la Unidad Latinoamericana de Víctor Jara en 1970 o la participación de cantautores en la Transición española, el vídeo de Rubén Sánchez representa —según algunos— una versión humilde pero decidida de lo que podría ser la nueva canción de autor comprometida del siglo XXI. “No se trata de perfección técnica”, añade Mendoza, “sino de coraje político. Y en ese sentido, este tres minutos podrían valer más que mil discursos en el Congreso”.
Otros analistas, sin embargo, advierten del riesgo de frivolización. “Cuando un partido se convierte en karaoke permanente, corre el peligro de que los ciudadanos dejen de tomárselo en serio en los temas graves”, ha señalado un politólogo que ha solicitado reserva de identidad. “Aunque entendemos la intención, el equilibrio es delicado”.
Consecuencias a medio y largo plazo
Fuentes internas de Podemos en Sagunto aseguran que ya se están organizando veladas culturales donde militantes interpretarán repertorio popular valenciano y español. “Queremos que la gente vea que somos capaces de emocionarnos, de reír y de cantar juntos, más allá de las siglas”, ha explicado un miembro de la agrupación local.
En Madrid, algunos sectores de la dirección federal observan el fenómeno con cautela pero también con interés. “Si esto sirve para que miles de personas que nunca nos escucharían en un mitin se queden aunque sea treinta segundos con nosotros, habrá valido la pena”, ha comentado una voz cercana al equipo de Ione Belarra.
Mientras tanto, el vídeo original acumula reproducciones que ya superan ampliamente las cifras habituales de cualquier contenido orgánico de un cargo local. Redes sociales, foros y grupos de WhatsApp siguen debatiendo si se trata de un acto de valentía, de autenticidad desinhibida o de un error estratégico de dimensiones históricas.
Lo que resulta incuestionable es que, por primera vez en mucho tiempo, un gesto individual de un militante de base ha logrado colocar a Podemos en el centro de la conversación nacional desde un ángulo inesperado: el de la vulnerabilidad emocional y la pasión por la cultura compartida.
El tiempo dirá si la interpretación de Rubén Sánchez se convierte en anécdota pasajera o en el comienzo de una nueva etapa en la que la izquierda española reconquista el corazón —y las gargantas— de la ciudadanía a través de la canción.
