Madrid amaneció con una frase que sonó más fuerte que un motor diésel arrancando en frío:
“El objetivo es acabar con los combustibles fósiles. Punto. En 2035 prohibir matricular este tipo de vehículos. Es ideal para España. No tenemos petróleo y si alguien en Europa tiene sol, viento e hidráulica somos nosotros”.
La frase la pronunció Pere Navarro, director de la DGT, y desde entonces hay españoles que miran su coche como si fuera un yogur a punto de caducar. Otros, directamente, lo miran con cariño, como se mira a un perro viejo: “Aguanta, campeón, que todavía te quedan diez años”.
Un anuncio que no suena a broma
Aunque en el Diario ASDF solemos tomarnos las cosas con humor, esta vez el mensaje venía con cara de “esto va en serio”. Navarro no estaba haciendo chistes, ni promocionando un coche eléctrico con aire acondicionado que se estropea en agosto. Estaba diciendo, básicamente, que los coches de gasolina y diésel tienen fecha de defunción administrativa: 2035.
Eso no significa que en 2035 todos los coches de combustión vayan a desaparecer como por arte de magia, ni que la Guardia Civil vaya a parar a un Seat Ibiza del 2002 para darle la extremaunción. Significa que a partir de ese año no se podrán matricular coches nuevos que usen combustibles fósiles.
Dicho de otra forma: si quieres un coche nuevo con olor a gasolina, cómpralo antes de que cumpla diez años más el calendario.
España, ese país sin petróleo pero con sol hasta en el alma
Navarro justificó la medida con una frase que muchos ya sospechaban:
“No tenemos petróleo”.
Eso es verdad. España no es Arabia Saudí, ni Texas, ni ese sitio donde parece que si rascas un poco sale crudo. Aquí rascas y sale polvo, o una rotonda nueva. Pero lo que sí tenemos es sol, viento y agua cayendo desde montañas que parecen hechas para poner presas.
Según Navarro, eso nos convierte en el alumno perfecto para el coche eléctrico.
Un país sin petróleo pero con sol como para cargar 40 millones de móviles a la vez.
La idea es simple: si la energía viene del sol, del viento y del agua, y los coches funcionan con electricidad, dejamos de depender de países lejanos para movernos. Es como pasar de pedir comida a domicilio todos los días a aprender a cocinar con lo que tienes en la nevera.
Reacciones inmediatas: del aplauso al drama
Como siempre que se habla de coches, las reacciones fueron inmediatas y exageradas.
Unos dijeron:
—Por fin, vamos hacia un futuro limpio.
Otros dijeron:
—Esto es el fin del mundo tal y como lo conocemos.
Y luego están los que dijeron:
—Vale, pero ¿dónde lo cargo yo si vivo en un quinto sin ascensor y sin enchufe en el garaje?
Las redes sociales se llenaron de mensajes que iban desde el entusiasmo hippie hasta el enfado con mayúsculas. Algunos escribían “GRACIAS, PERE” y otros escribían “PERE, DEVUÉLVEME MI GASOIL”.
¿Qué significa realmente 2035?
Vamos a bajarlo a tierra, que a veces las fechas suenan como si fueran ciencia ficción.
2035 no es mañana, pero tampoco es “cuando los cerdos vuelen”. Faltan unos años, pero pasan más rápido de lo que uno cree. Hace nada estábamos comprando móviles con tapa y ahora hablamos con calculadoras que hacen fotos.
En 2035:
- No se podrán matricular coches nuevos de gasolina o diésel.
- Los coches viejos seguirán circulando mientras pasen la ITV.
- El mercado de segunda mano será una especie de museo rodante.
Habrá gente conduciendo coches eléctricos de última generación y otros conduciendo coches que suenan como si estuvieran tosiendo cada vez que arrancan.
El sueño eléctrico… y sus pesadillas
El coche eléctrico tiene muchas ventajas: no hace ruido, no huele a gasoil, no te deja manchas negras en el suelo. Pero también tiene cosas que todavía dan dolor de cabeza.
La primera: el precio.
Aunque cada vez bajan más, siguen siendo caros para muchos bolsillos. Hay familias que miran un coche eléctrico como miran un yate: bonito, pero no es para mí.
La segunda: los puntos de carga.
España tiene muchos, pero no tantos como para que todo el mundo esté tranquilo. Hay gente que ya vive la aventura eléctrica como una película de supervivencia:
“Me quedan 12 kilómetros de batería y el cargador más cercano está a 15”.
La tercera: el tiempo de carga.
Llenar un depósito lleva cinco minutos. Cargar una batería puede llevar mucho más. Es como comparar hacer un café con cápsulas con esperar a que se enfríe una sopa.
Pere Navarro, el profeta del enchufe
Navarro se ha convertido, sin querer, en una especie de profeta del enchufe. No habla de milagros, sino de kilovatios. No promete pan y peces, promete baterías y cargadores.
Su discurso no es nuevo. Europa lleva tiempo diciendo que el futuro es eléctrico. Pero cuando lo dice el director de la DGT suena distinto, porque es como si te lo dijera el que pone las multas.
No es lo mismo que te lo diga un político en traje que te lo diga el señor que sabe dónde están todas las cámaras.
¿Es realmente ideal para España?
Navarro dice que es “ideal para España”.
Veamos por qué:
- Mucho sol: perfecto para placas solares.
- Mucho viento: ideal para molinos gigantes que parecen ventiladores de dios.
- Mucha agua en algunas zonas: centrales hidráulicas que llevan décadas funcionando.
En teoría, podríamos producir mucha de la electricidad que necesitamos sin depender tanto de otros países. Eso suena muy bien. Suena a independencia energética y a orgullo nacional versión enchufe.
Pero también hay problemas:
- No todas las casas tienen garaje.
- No todas las ciudades están preparadas.
- No todo el mundo puede cambiar de coche cuando le dicen.
El ciudadano medio frente al futuro
Imaginemos a Paco, 52 años, vive en un barrio normal, tiene un coche diésel de 2010 que va como un reloj viejo pero fiable.
Paco escucha a Navarro y piensa:
—Vale, me quedan 25 años con este coche… o hasta que se rompa.
Pero luego piensa en su hijo, que en 2035 tendrá edad para comprarse su primer coche. Y ese coche ya no será de gasolina. Será eléctrico, híbrido raro o algo que todavía no existe.
Paco no está enfadado, pero tampoco está emocionado. Está confuso. Como cuando le cambiaron el canal 1 por La 1.
Los talleres mecánicos: de la grasa al software
Los mecánicos también miran al 2035 con cara rara.
Antes arreglaban motores llenos de piezas, aceite y tornillos. En el futuro arreglarán baterías, cables y ordenadores con ruedas. Algunos ya se están formando, otros dicen que eso no es mecánica, que eso es informática con ruedas.
Habrá talleres que se adapten y otros que desaparezcan. Como pasó cuando dejaron de vender cintas de casete y las tiendas dijeron:
—Bueno, pues ahora vendemos… nada.
El mercado de segunda mano: el nuevo oro negro
Si en 2035 no se pueden matricular coches nuevos de gasolina, los viejos valdrán más. Será como tener una reliquia.
“Se vende coche diésel, año 2015, funciona, se escucha, se huele. Precio: como un piso pequeño”.
Habrá gente guardando su coche de combustión como quien guarda una guitarra antigua: no para usarla, sino para decir: “Esto ya no se fabrica”.
El campo y los pueblos pequeños
En las grandes ciudades todo suena muy moderno. Pero en los pueblos pequeños la cosa se ve distinta.
Allí el coche no es un lujo, es una necesidad. Para ir al médico, al supermercado o a ver a tu primo el del pueblo de al lado.
Si no hay cargadores, no hay futuro eléctrico. Así de simple.
Por eso muchos dicen:
—Antes de prohibir nada, pongan enchufes.
No suena tan épico como “acabar con los combustibles fósiles”, pero es igual de importante.
¿Y los camiones, autobuses y furgonetas?
Todo el mundo piensa en coches pequeños, pero ¿qué pasa con los camiones, los autobuses y las furgonetas de reparto?
Un camión eléctrico no es una bici. Necesita baterías enormes y cargadores gigantes. Hay proyectos, hay pruebas, hay promesas. Pero todavía no es lo normal.
Los repartidores, los camioneros y los conductores de autobús miran al futuro con curiosidad y un poco de miedo. Porque su trabajo depende de que la tecnología funcione de verdad, no solo en anuncios bonitos.
La política del motor
Este tema no es solo técnico, es político.
Unos partidos aplauden.
Otros critican.
Otros dicen que sí, pero no tan rápido.
Otros dicen que no, pero con una sonrisa.
Al final, todos saben que el mundo va hacia ahí, pero nadie quiere ser el que le diga a la gente:
—Tu coche tiene fecha de caducidad.
Porque eso no gana votos, gana discusiones familiares.
La frase que lo resume todo
Navarro lo dijo claro:
“El objetivo es acabar con los combustibles fósiles. Punto.”
Ese “punto” sonó como un portazo. No dijo “quizá”, no dijo “a ver si”. Dijo “punto”.
Eso significa que la decisión ya no es si vamos a cambiar, sino cuándo y cómo.
¿Estamos preparados?
La gran pregunta es esa.
¿Está España preparada para un futuro sin gasolina?
Un poco sí: tenemos sol, viento, tecnología y ganas de modernizarnos.
Un poco no: falta dinero, faltan enchufes, falta tiempo y sobra miedo al cambio.
Como casi todo en este país, será un proceso lento, con parches, chapuzas, ideas buenas y otras que solo sirven para hacer memes.
Conclusión: entre la ilusión y el susto
La frase de Pere Navarro ha puesto fecha al fin de una era. La era del coche que huele a combustible, que suena al arrancar y que te mancha las manos cuando miras el motor.
En su lugar vendrá una era silenciosa, eléctrica y llena de cables.
A algunos les ilusiona.
A otros les asusta.
A muchos les da igual… hasta que les toque cambiar de coche.
Pero una cosa está clara: el futuro no viene en forma de gasolina, viene en forma de enchufe.
Y España, con todo su sol, su viento y sus montañas llenas de agua, está llamada a ser un país donde los coches no rugen, sino que susurran.
Quizá dentro de unos años alguien dirá:
—¿Te acuerdas cuando íbamos a la gasolinera?
Y otro contestará:
—Sí, como ir ahora a un videoclub.
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