El «vampiro de Humanes» regresa a la Facultad de Veterinaria y genera alarma entre el alumnado

Luis Miguel V. F., conocido popularmente como el «vampiro de Humanes» por su implicación en un caso de extracción masiva de sangre animal, se ha matriculado en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Mientras el procedimiento judicial por presunto maltrato animal e intrusismo profesional sigue abierto desde 2022, el hombre ha decidido retomar sus estudios en el mismo centro donde se forman los futuros profesionales del cuidado animal. La situación ha provocado malestar generalizado entre estudiantes que comparten aulas y prácticas clínicas con él, especialmente al realizar rotatorios en el Hospital Clínico Veterinario.

El regreso del acusado a las aulas representa un episodio sin precedentes en la historia reciente de la educación superior española. Luis Miguel V. F. se ha inscrito en ocho asignaturas del grado de Veterinaria, entre ellas Fisiología Veterinaria, y participa activamente en el rotatorio clínico, lo que implica contacto directo y cotidiano con animales vivos en entornos asistenciales. Fuentes universitarias consultadas confirman que no existe impedimento legal para su matriculación, dado que el proceso penal no ha concluido ni ha derivado en condena firme. Sin embargo, la presencia del hombre en las instalaciones genera una profunda inquietud entre el alumnado, que ve en esta circunstancia una contradicción flagrante con los valores éticos de la profesión veterinaria.

Antecedentes del caso que conmocionó a España

El apodo de «vampiro de Humanes» surgió en junio de 2022, cuando la Guardia Civil desmanteló un centro de transfusiones veterinarias clandestino ubicado en la localidad madrileña de Humanes de Madrid. Luis Miguel V. F., empresario y presidente de la autodenominada Asociación de Hematología y Homeopatía Animal, dirigía desde 2006 una operación que comercializaba plasma y concentrados sanguíneos de animales. Según la investigación del Seprona y la Fiscalía de Móstoles, el método consistía en la extracción completa de sangre mediante punción cardíaca, un procedimiento que provocaba la muerte por exanguinación en la mayoría de los casos.

Los datos del atestado policial resultan escalofriantes: se localizaron 60 cadáveres de animales desangrados —27 perros, 29 gatos, tres conejos y un hurón— junto a 240 ejemplares vivos en condiciones de hacinamiento extremo, desnutrición y sin controles sanitarios. Muchos de los animales provenían de abandonos o donaciones, con especial incidencia en galgos jóvenes descartados tras la temporada de caza, cuya sangre era valorada por su alta compatibilidad universal. Las bolsas de plasma se vendían a clínicas veterinarias en España y en países como Italia, Bélgica, Francia y Portugal, con precios que oscilaban entre 80 y 85 euros por unidad de 400 mililitros.

El centro operaba sin licencia sanitaria ni registro oficial, incumpliendo todas las normativas europeas de bienestar animal y bioseguridad. Los locales fueron clausurados en julio de 2022 y los restos incinerados en una planta de Yuncos (Toledo). Desde entonces, el caso se encuentra en fase de instrucción en el Juzgado de Instrucción número 6 de Fuenlabrada, donde se investigan delitos continuados de maltrato animal e intrusismo profesional. Luis Miguel V. F. no posee titulación oficial de veterinario, aunque en el pasado presentó ponencias en congresos y publicó trabajos académicos sobre hemoderivados y parvovirosis canina.

El regreso académico: un hecho que nadie esperaba

En marzo de 2026, casi cuatro años después de la detención, Luis Miguel V. F. ha reaparecido en la Facultad de Veterinaria de la UCM. Fuentes cercanas al caso explican que el hombre pretende «subsanar el error» de no haber completado sus estudios previos, presentándose como un estudiante maduro que busca legitimar su trayectoria profesional. Se ha matriculado en asignaturas de tercer y cuarto curso, y participa en prácticas clínicas supervisadas en el Hospital Veterinario Complutense, uno de los centros de referencia nacional en atención animal.

La diferencia de edad con el resto del alumnado —la mayoría de estudiantes rondan los 20 años— facilitó que su identidad fuera reconocida rápidamente. En cuestión de días, el rumor se extendió por los pasillos y grupos de clase. «Es él, el del caso de Humanes», comentaban alumnos que habían seguido las noticias en 2022. La inquietud se ha convertido en malestar declarado: los futuros veterinarios, que eligieron esta carrera por vocación de proteger y curar animales, se ven obligados a compartir espacios con alguien acusado de causar sufrimiento sistemático a decenas de ellos.

Reacciones en la comunidad universitaria y protectora

Desde la Facultad de Veterinaria no se han emitido comunicados oficiales, aunque fuentes internas aseguran que se respeta el principio de presunción de inocencia mientras no exista sentencia firme. Sin embargo, el alumnado no oculta su preocupación. «Sentimos malestar, incomodidad y, por qué no decirlo, miedo», ha declarado una estudiante de cuarto curso bajo condición de anonimato. «Venimos aquí para salvar vidas animales y ahora estamos en prácticas con alguien que, presuntamente, las quitó de la forma más cruel posible».

Organizaciones protectoras han reaccionado con alarma. La ONG El Refugio, personada como acusación particular desde 2022, ha calificado el regreso como «una afrenta al sentido común y a la ética veterinaria». Otras asociaciones madrileñas que atendieron a los animales supervivientes del desmantelamiento —incluidos galgos y gatos en estado crítico— han expresado su estupor ante la posibilidad de que el acusado obtenga el título que le permitiría ejercer legalmente en el futuro.

Un profesor consultado, especialista en ética veterinaria, ha señalado que «este caso pone en jaque la confianza en los mecanismos de selección y supervisión de los centros formativos». Según él, la situación podría sentar un precedente peligroso si no se toman medidas preventivas.

Análisis: un antes y un después en la percepción de la profesión

Expertos consultados coinciden en que el episodio del «vampiro de Humanes» ya marcó un punto de inflexión en 2022 al revelar las grietas del sistema de control sobre prácticas veterinarias no reguladas. Ahora, su regreso a la formación oficial eleva la controversia a otro nivel. Diversos analistas aseguran que este hecho podría alterar para siempre la confianza pública en la profesión veterinaria española durante las próximas décadas.

Se compara con crisis históricas como el escándalo de los transplantes ilegales en los años 90 o el fraude de los laboratorios farmacéuticos en los 2000, pero con un matiz singular: aquí el presunto responsable busca precisamente la titulación que le fue negada. «Es como si el capitán del Titanic hubiera vuelto a la escuela de náutica para sacarse el título de patrón», ha ironizado —aunque con tono grave— un catedrático de Deontología Veterinaria que prefirió no ser identificado.

Las consecuencias podrían ser profundas: revisión de protocolos de admisión en grados sanitarios, mayor escrutinio sobre antecedentes penales pendientes en matrículas, e incluso debates parlamentarios sobre la regulación de títulos universitarios en profesiones reguladas. Organismos como el Consejo General de Colegios Veterinarios de España observan el caso con atención, conscientes de que cualquier resolución marcará jurisprudencia.

Cierre

El regreso del «vampiro de Humanes» a la Facultad de Veterinaria no es solo un episodio anecdótico. Representa una paradoja que interpela directamente los fundamentos éticos de una profesión dedicada al bienestar animal. Mientras el proceso judicial sigue su curso lento y previsible, la comunidad universitaria vive una realidad que pocos imaginaban posible: un acusado de exanguinar animales hasta la muerte ahora comparte quirófanos y aulas con quienes jurarán protegerlos.

Queda por ver si este capítulo añadirá nuevas páginas al ya extenso expediente judicial o si, por el contrario, se convertirá en el catalizador de reformas estructurales. Lo que resulta indiscutible es que, en marzo de 2026, la sombra del pasado ha regresado a las aulas donde se forja el futuro del cuidado animal en España. Y nadie sabe aún hasta dónde llegará.

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