Un experto confirma que se trata de un dios primigenio turbocósmico que mora bajo tierra y que está a punto de despertarse

CÁDIZ.— El zumbido ha vuelto. No avisa, no pide permiso y, según los vecinos, no respeta horarios. Aparece de madrugada, se filtra por las paredes como si la ciudad hubiera desarrollado tinnitus colectivo y desaparece justo cuando alguien llama a la policía para denunciarlo. Cádiz vuelve a escuchar ese sonido grave, persistente y difícil de describir que ya hizo acto de presencia en años anteriores y que ahora regresa con renovadas ganas de inquietar a todo el mundo. “No es un ruido normal, no es como una obra ni como un motor. Es como si la tierra se estuviera quejando”, resume Manuela R., vecina de La Viña, que asegura haber dormido con tapones durante tres noches seguidas “por si acaso”.

Las autoridades municipales han activado los protocolos habituales ante fenómenos sonoros no identificados: comprobar si hay obras, revisar si algún barco ha decidido atracar haciendo beatbox industrial y confirmar que ningún vecino ha instalado un compresor del tamaño de un tranvía en el trastero. De momento, todas las comprobaciones han sido negativas. “No hay constancia de trabajos subterráneos, ni de maquinaria municipal operando a esas horas”, explica un portavoz del Ayuntamiento, que reconoce que el sonido “no encaja con ninguna de las causas habituales”.

Mientras tanto, las redes sociales hierven. En grupos de barrio y foros locales se multiplican los audios grabados desde ventanas, terrazas y dormitorios. Algunos intentan analizar la frecuencia con aplicaciones del móvil; otros proponen teorías que van desde corrientes marinas anómalas hasta conspiraciones internacionales que implican antenas, submarinos y turistas alemanes con tecnología experimental. La palabra más repetida, sin embargo, es “inquietante”.

Un fenómeno con antecedentes

No es la primera vez que Cádiz escucha algo que no sabe explicar. En otras ocasiones, el famoso “zumbido” fue atribuido a causas tan dispares como movimientos tectónicos leves, pruebas militares en alta mar o, directamente, a “cosas raras”. En aquel momento, los informes técnicos acabaron concluyendo que no había peligro para la población, una frase que tranquilizó a casi todo el mundo excepto a quienes seguían oyendo el ruido.

Esta vez, sin embargo, el regreso del sonido coincide con un contexto social especialmente sensible. “La gente está cansada, duerme mal y cualquier cosa extraña se magnifica”, explica una psicóloga consultada por este diario, que pide no alarmarse y recomienda “mantener rutinas, hidratarse y no buscar explicaciones en foros a las tres de la mañana”.

El problema es que, mientras algunos expertos llaman a la calma, otros han decidido no hacerlo en absoluto.

La explicación que nadie esperaba (pero muchos temían)

En una comparecencia improvisada que tuvo lugar ayer por la tarde en un bar cercano al puerto —porque, según el propio experto, “ahí se piensa mejor”—, el profesor emérito en Cosmogonía Aplicada y Fenómenos Inconvenientes, don Evaristo L. de los Santos, ofreció una explicación que ha puesto patas arriba el debate. “No es un zumbido”, afirmó con absoluta seguridad, mientras pedía otra manzanilla. “Es un dios primigenio turbocósmico que mora bajo tierra y que está a punto de despertarse”.

Según el profesor, el sonido correspondería a “las primeras vibraciones de consciencia” de una entidad ancestral anterior a la historia, a la geología y, en palabras del propio experto, “a casi todo lo que nos resulta cómodo”. Este dios, explica, habría elegido la zona de Cádiz como lugar de descanso milenario “por la humedad adecuada, el salitre y el ambiente relajado”.

“La gente se pregunta por qué Cádiz”, señala. “Pues precisamente por eso. Nadie sospecha nada aquí. Hay chirigotas, hay playa, hay pescaíto. Es el escondite perfecto”.

Características del dios y posibles efectos secundarios

De acuerdo con el informe verbal del profesor de los Santos —que asegura tener notas escritas “en algún sitio”—, el dios primigenio turbocósmico se caracteriza por emitir un zumbido grave cuando entra en fase de semidespertar. Este sonido, inaudible para otras especies y molesto para los humanos, serviría para “sincronizar la realidad local con su campo de existencia”.

Preguntado por los posibles efectos de un despertar completo, el experto enumera varios escenarios, todos ellos descritos con un tono sorprendentemente cotidiano: ligeros temblores, alteraciones del tiempo (especialmente los lunes), una vaga sensación de insignificancia cósmica y, en el peor de los casos, “la reordenación total de lo que entendemos por mundo”.

“Pero no hay que alarmarse”, matiza. “Estas entidades suelen despertarse, mirar alrededor, bostezar y volver a dormirse otros cuantos milenios. A no ser que se les moleste”.

Reacciones oficiales: calma, prudencia y negación educada

Desde la Junta de Andalucía se ha insistido en que no existe ninguna evidencia científica que respalde la hipótesis del dios turbocósmico. “Estamos hablando de un fenómeno acústico que será estudiado con rigor”, declaró una portavoz, visiblemente incómoda al tener que pronunciar la palabra “turbocósmico” en una rueda de prensa.

El Ayuntamiento, por su parte, ha anunciado la creación de una mesa técnica para analizar el zumbido, integrada por ingenieros, geólogos, expertos en sonido y, “si hiciera falta”, algún que otro especialista en mitologías imposibles. “No descartamos nada”, afirma el alcalde, “pero tampoco vamos a confirmar que haya un dios antiguo debajo de Cádiz sin pruebas concluyentes”.

Protección Civil ha recomendado a la población mantener la calma, no excavar por su cuenta y evitar rituales improvisados “hasta nuevo aviso”.

La calle opina

En las calles de Cádiz, la noticia se vive con una mezcla de ironía, resignación y cierto orgullo local. “Si tiene que despertarse un dios antiguo, normal que sea aquí”, comenta Antonio, pescador jubilado. “Con el arte que tenemos, seguro que se queda”.

Otros vecinos ya han integrado el zumbido en su rutina. “Al principio asusta, pero luego te acostumbras”, dice Lucía, estudiante. “Es como el ruido del tráfico, pero más existencial”.

Incluso algunos comerciantes han visto una oportunidad. En el mercado central ya se venden camisetas con lemas como “Yo sobreviví al despertar turbocósmico” y “Cádiz: playa, historia y dioses primigenios”. Un bar del centro ha anunciado una tapa especial llamada “El Zumbido”, “para ir haciéndonos a la idea”.

Ciencia, fe y turismo

Mientras los expertos discuten, el sector turístico observa el fenómeno con interés. “El misterio vende”, reconoce un empresario hotelero. “Si Escocia tiene monstruos en lagos, nosotros podemos tener un dios bajo tierra”. Desde la oficina de turismo se insiste en que Cádiz sigue siendo un destino seguro, “independientemente del estado de consciencia de cualquier entidad subterránea”.

Por su parte, la comunidad científica más ortodoxa pide no mezclar ruido con metafísica. “No todo lo que no entendemos es un dios”, señala un geólogo de la Universidad de Sevilla. “A veces es simplemente un ruido raro”. El profesor de los Santos, al ser informado de estas declaraciones, se limita a sonreír con condescendencia. “Eso decían antes de que despertara el último”, afirma, sin concretar cuándo ni dónde ocurrió.

¿Qué pasará ahora?

De momento, el zumbido sigue apareciendo y desapareciendo sin patrón claro. Los sensores instalados por el Ayuntamiento recogen datos, los vecinos graban audios y el dios primigenio turbocósmico, según quienes creen en él, continúa estirándose lentamente bajo la ciudad.

Las autoridades prometen información puntual y transparencia, aunque reconocen que “no hay manual” para gestionar este tipo de situaciones. Mientras tanto, Cádiz escucha. Y espera.

Porque, como resume una vecina al cerrar la ventana antes de acostarse: “Una cosa es vivir con el ruido, y otra muy distinta es saber que puede ser un dios despertándose. Pero bueno, peores cosas hemos pasado”.

Y así, entre incredulidad, humor y un zumbido persistente que nadie logra ubicar del todo, la ciudad continúa con su vida diaria, sin saber si mañana amanecerá igual o si, desde lo más profundo, algo antiguo y turbocósmico decidirá que ya ha dormido suficiente.

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