Observando en las rebajas. -Por Lady Cogollos
Antes de nada, pido disculpas 🤣🤣🤣. No porque deba darlas, sino porque hoy la columna llega más tarde. Y llega más tarde porque he ido a las rebajas. Que nadie se confunda: yo no compro en rebajas. Nunca. Yo pago el precio original porque puedo, porque lo merezco y porque hay cosas que no se negocian, como el criterio, el gusto y la posición que una ocupa. Pero una cosa es comprar y otra muy distinta estar, observar, vigilar y corregir.
Entro en el centro comercial sin prisa. Las prisas son de quien teme quedarse sin algo. Yo no me quedo sin nada 🤣🤣🤣. Me siento en el bar y pido un whisky con agua. Solo uno. Ya sabéis que no bebo, soy bailarina y el cuerpo se cuida, pero hoy hago una excepción. El día lo merece. Las rebajas siempre sacan lo peor de la gente y alguien tiene que estar lúcida para señalarlo.
Desde la barra observo. Gente cargada de bolsas, con esa ansiedad tan característica de quien cree que un descuento puede arreglarle la vida. Mujeres que miran percheros como si fueran oráculos, buscando una talla que no existe o una versión de sí mismas que no son 🤣🤣🤣. Yo miro, sonrío y doy un sorbo más. El segundo whisky llega sin pedirlo. Me conocen.
Empiezo a pasear entre las tiendas. No toco mucho. No necesito tocar para saber. Yo veo. Veo manos nerviosas agarrando prendas que no les corresponden. Veo cuerpos empeñados en meterse en telas que los delatan. Veo mujeres creyéndose otra, creyéndose elegidas. Y eso no se puede permitir. A una le quito la prenda directamente de la mano 🤣🤣🤣 y la devuelvo al perchero. Eso no es para ti. No lo digo en voz alta, no hace falta. La pedagogía bien hecha no necesita gritar.
“La otra” presumiendo de una treinta y seis como si fuera un título nobiliario 🤣🤣🤣. Yo la veo como es: apretada, rígida, convencida de que el número tapa lo evidente; una bola de sebo bien envuelta que se cree excepción.
Me miran mal. Luego dirán que las observo, que las juzgo. Qué risa 🤣🤣🤣. Si no soportan que alguien les diga la verdad, que no salgan de casa. Yo no insulto, yo describo. No digo que esa prenda le quede mal por crueldad, lo digo porque le queda mal. Y alguien tiene que decirlo.
Vuelvo al bar. Tercer whisky. Siempre con agua. Siempre controlando. Las rebajas no son peligrosas para mí, son peligrosas para las otras. Pienso en él, claro 🤣🤣🤣. Siempre pienso en él cuando las miro, porque sé que también las mira y no las elige; por eso me llevo las prendas que importan, para que entienda quién decide incluso cuando no está.
Cojo algunas prendas. No porque estén rebajadas, sino porque no pienso permitir que acaben en cuerpos equivocados 🤣🤣🤣. No es consumo, es rescate. Yo no compro por necesidad, compro por responsabilidad estética. Si salgo con bolsas es pura coincidencia. El universo alineándose conmigo, como siempre.
Mientras camino hacia la salida me cruzo con alguna que me mira con odio. Lo sé. Me odian porque les he señalado algo que ya sabían. Luego dirán que las acoso, que las miro demasiado, que no las dejo tranquilas. Si no estuvieran pendientes de mí, no me mirarían. Es tan sencillo que casi resulta entrañable 🤣🤣🤣
Salgo cargada, pero intacta. Yo no parezco alguien que ha ido a las rebajas, y eso es lo importante. Las rebajas se notan en quien las necesita. Yo sigo siendo yo. Convencida de haber ganado algo, aunque no sabría decir exactamente qué. No importa. Ganar es una sensación, no un resultado.
Así que ya lo sabéis. Si vais a las rebajas, id con cuidado. No todo lo que está colgado está hecho para vosotras. Y no todo el mundo está preparado para aceptar que alguien se lo diga.
Yo, como siempre, he cumplido mi función.🤣🤣🤣
