Madrid, 3 de febrero de 2026 — La Agencia Espacial Española ha confirmado esta mañana la pérdida total del satélite PAZ-NextGen durante su fase de inserción orbital, en lo que fuentes oficiales califican ya como “el incidente más infrecuente y devastador de la historia espacial ibérica reciente”. El artefacto, valorado en más de 950 millones de euros y destinado a revolucionar la observación meteorológica y la vigilancia marítima del país, se desintegró o quedó inutilizable apenas 47 minutos después de abandonar la rampa de lanzamiento en la Guayana Francesa. El sustituto, que ya se encuentra en fase de diseño de emergencia, podría superar los 1.100 millones de euros, según las primeras estimaciones internas del Ministerio de Ciencia.

El momento exacto del siniestro

El lanzamiento, programado con la máxima discreción institucional para evitar filtraciones, se realizó sin incidencias aparentes durante los primeros 38 minutos. Fue precisamente en la separación del módulo de propulsión superior cuando se detectó una “anomalía catastrófica no catalogada previamente en ninguna base de datos europea ni estadounidense”. Testigos presenciales de la sala de control en Torrejón de Ardoz describen un silencio sepulcral seguido de una serie de alarmas rojas simultáneas que, según el protocolo, solo se activan en escenarios de “pérdida irreversible de activo estratégico”.

El satélite PAZ-NextGen formaba parte del ambicioso programa Hisdesat 2030-2045, considerado por Bruselas como “el pilar de la autonomía estratégica espacial del sur de Europa”. Pesaba 1.340 kilogramos en seco, medía 4,8 metros de altura con paneles desplegados y llevaba a bordo el radar de apertura sintética más avanzado jamás construido en suelo español. Su misión principal era proporcionar imágenes de resolución submétrica cada 90 minutos sobre cualquier punto del planeta, una capacidad que, según el Gobierno, “colocaba a España entre las cinco naciones con mayor soberanía observacional del hemisferio occidental”.

Reacciones inmediatas en el ámbito político e institucional

El presidente del Gobierno, en una comparecencia no prevista en agenda, compareció a las 11:47 horas para afirmar: “Este revés técnico no doblegará la voluntad de España de conquistar su lugar en la órbita geoestacionaria. Es un recordatorio doloroso, pero también una llamada a redoblar esfuerzos”. Minutos después, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades calificó el suceso como “un ataque frontal a la hoja de ruta espacial nacional” y anunció la creación inmediata de una comisión de investigación con rango ministerial.

Desde la oposición, el líder del principal partido de la derecha exigió “explicaciones urgentes sobre por qué se confió un activo de esta envergadura a un lanzador que ya había mostrado signos de fatiga en misiones previas”. Fuentes cercanas al Ministerio de Defensa, bajo condición de anonimato, aseguran que “se barajó seriamente la hipótesis de sabotaje industrial extranjero”, aunque la versión oficial mantiene que se trató de “un fallo aleatorio de componentes críticos”.

Expertos alertan: el vacío orbital puede durar hasta 2029

El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), con sede en Torrejón y más de siete décadas de historia en el desarrollo de tecnologías espaciales críticas, ha emitido un informe preliminar demoledor. Según sus cálculos, la ventana óptima para reemplazar el satélite perdido se cierra en marzo de 2029 si se quiere mantener la continuidad de datos con los socios de la OTAN y la Unión Europea. “Perder PAZ-NextGen equivale a quedarse ciegos durante un lustro en el Mediterráneo occidental”, declaró el director técnico del programa, ingeniero jefe Armando Salazar de la Vega. “Estamos hablando de un agujero negro informativo que afecta directamente a la seguridad nacional, al tráfico marítimo y a la predicción de catástrofes climáticas”.

Diversos analistas consultados por este diario coinciden en que el impacto económico trasciende el mero coste del satélite. El consorcio industrial español que lo fabricó —integrado por grandes empresas del IBEX 35— podría enfrentar penalizaciones contractuales de hasta 320 millones de euros, mientras que la prima del seguro espacial contratado en Londres apenas cubriría el 18 % del valor total. “Es la factura más alta jamás pagada por un fallo preoperacional en la historia de la Agencia Espacial Europea”, subrayó el catedrático emérito de Astrodinámica de la Universidad Politécnica de Madrid, profesor honorífico Gregorio Mendizábal.

Consecuencias geopolíticas de alcance continental

La pérdida llega en el peor momento posible. Justo cuando Francia, Alemania e Italia ultimaban la firma del Pacto Orbital Sur, un acuerdo que otorgaba a España el liderazgo indiscutible en vigilancia del Sahel y el Estrecho de Gibraltar desde el espacio. Fuentes diplomáticas europeas consultadas advierten que “la ausencia de capacidad propia durante varios años podría forzar a Madrid a depender de datos comerciales estadounidenses o chinos, algo que choca frontalmente con la doctrina de autonomía estratégica aprobada en el Consejo Europeo de 2024”.

En el plano interno, el accidente ya ha generado las primeras fisuras. Sindicatos del sector aeroespacial han convocado concentraciones frente a la sede de Hisdesat en Madrid para exigir “transparencia total y garantías de empleo”. Por su parte, diversas asociaciones ecologistas han aprovechado el vacío informativo para denunciar que “la órbita baja terrestre ya acumula más de 36.400 objetos catalogados como basura espacial, y España acaba de añadir varios cientos de toneladas de escombros metálicos de alta velocidad”.

Un antes y un después en la historia espacial española

Historiadores del espacio consultados por ASDF coinciden en calificar este 3 de febrero de 2026 como “el equivalente español al desastre del Challenger de 1986 o al incendio del Vostok en 1960, pero en versión preoperacional”. La diferencia radica en que, mientras aquellos siniestros afectaron a superpotencias con presupuestos ilimitados, España pierde aquí una porción significativa de su capacidad inversora en I+D espacial para la próxima década.

Expertos del Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando aseguran que “el equilibrio de poder observacional en el Atlántico medio se ha alterado de forma irreversible hasta al menos 2031”. Comparado con la crisis del Prestige de 2002, algunos analistas llegan a afirmar que “perder un satélite de estas características es peor que ver hundirse un petrolero: el Prestige contaminó 300 kilómetros de costa; PAZ-NextGen deja sin ojos a toda una nación durante años”.

Cierre: España ante el abismo orbital

El país se encuentra ahora frente a una encrucijada histórica. Reemplazar el satélite implicará recortes en otros programas científicos, mayor dependencia de socios extranjeros y, posiblemente, una revisión completa de la política espacial nacional. Fuentes muy cercanas al Comité de Crisis Espacial creado esta misma tarde aseguran que “no se descarta ninguna opción, incluida la adquisición acelerada de un satélite comercial de segunda mano en órbita”.

Mientras tanto, la ciudadanía observa con inquietud cómo una nación que soñaba con liderar la soberanía espacial del sur de Europa se ve obligada a empezar casi de cero. El cielo, que debía ser testigo silencioso del progreso español, se ha convertido hoy en el escenario de su mayor derrota técnica reciente.

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