Doña Despechada Eterna: cuando el espejo está en el pueblo de al lado

Doña Despechada Eterna¬ Por Lady Cogollos.
Buenas noches, Brotelandia.
Aquí vuestra Lady Cogollos, que ni en Semana Santa, descansé, porque los lectores merecen su dosis semanal de verdad clínica. Esta cronista se desplazó hasta Cantabria, donde la Dra. Psyque de Diván Digital estaba pasando unos días de descanso.
Me encuentro en la terraza del Hotel Real en Santander, uno de los establecimientos más elegantes de la costa cantábrica. El mar Cantábrico brama con fuerza esta noche, las luces del paseo marítimo se reflejan en la bahía y el aire huele a salitre y a verdades incómodas. Estoy sentada en una butaca de mimbre, con mis guantes (siempre los guantes, queridos), ajustando el brazalete y dando un sorbito a mi vaso de JB. Me recoloco las gafas, porque el estilo no entiende de vacaciones ni de mareas.
La Dra. Psyque ha tenido la amabilidad de recibirme aquí, con un look más relajado por el ambiente vacacional, pero con la lupa mental siempre afilada. Sin anestesia, como siempre, empezamos.
Lady Cogollos: Doctora, ¿qué caso nos trae hoy en esta tercera sesión? El diván parece que no para de recibir especímenes.
Dra. Psyque de Diván Digital: (Suelta una risita que mezcla lástima profesional y asombro genuino mientras remueve el hielo de su JB) Ay, Lady Cogollos… Hoy nos toca uno de los especímenes más resistentes y patéticos del ecosistema de Brotelandia. Un caso de manual clínico, de esos que deberían venir con una advertencia sanitaria en la portada. La diagnostico con un Síndrome de Duelo Ficticio Crónico con Proyección Compulsiva y Delirio de Identidades – Nivel KGB, Interpol y CIA en Carpeta de Capturas.
La génesis del trastorno es casi prehistórica. Allá por el Pleistoceno, Doña Despechada Eterna tuvo una brevísima aventura con un caballero. Lo que para él fue un mero trámite social, para ella fue la fantasía de un ascensor social directo al ático. Se generó una idealización primitiva tan desmedida que ya se veía viviendo otra vida, otro estatus, otro futuro. Cuando él, tras el único encuentro físico real —la fase de evaluación de la realidad, la llamamos en consulta—, pronunció el temido “no, gracias”, el yo de Doña Despechada se fracturó. Tuvo que resignarse a la vuelta a su núcleo rural, donde hay más cabras y vacas que sinapsis funcionales, junto al marido oficial… al que, por cierto, aplica la teoría del apego evitativo de una forma muy creativa: poniéndole cuernos cada vez que la ocasión le ofrece un establo ajeno. Años después, el duelo no se ha elaborado; se ha enquistado en un rencor que supura por cada tuit.
Lady Cogollos: ¿Y cómo se manifiesta ese despecho tantos años después? Porque una cosa es llorar un mes y otra montar un servicio de inteligencia de andar por casa.
Dra. Psyque de Diván Digital: (Con cara de preocupación fingida, casi teatral) De la forma más ridícula y clínicamente predecible, querida. Aquí entra en juego la proyección como mecanismo de defensa estrella. Incapaz de gestionar el dolor del rechazo, su psique lo externaliza. Se auto convence de que “ella fue quien le dejó” y que “él se quedó llorando”. Es una reconstrucción narrativa delirante para preservar un yo que no soporta la herida narcisista.
Desde la rabia de no recibir respuesta, le llama “impotente”, “calzonazos” y “cornudo” al mismo hombre que la rechazó. Es un clásico desplazamiento: la ira que debería dirigir contra sí misma por su fracaso, la redirige hacia el objeto de deseo perdido y, sobre todo, hacia el nuevo objeto de deseo de él.
Pero lo más jugoso es el sesgo de confirmación paranoide. Acusa a la otra mujer de tener la vida vacía, de ser “desgraciada”, de pasar 24 horas en X, de ir de cuenta en cuenta… mientras ella es la que realmente pasa horas en un estado de rumiación obsesiva, vigilando, viendo a la misma persona en decenas de perfiles —incluida una chica real con fotos propias y trabajo normal—, convencida de que todas esas cuentas son la misma mente maestra que la persigue. Su mundo se ha reducido a un tablero de ajedrez de píxeles donde ella es la única pieza que se mueve.
Lady Cogollos: ¿Por qué esa obsesión tan destructiva? ¿No sería más fácil pasar página y punto?
Dra. Psyque de Diván Digital: Porque Doña Despechada odia, con la furia de mil JB sin hielo, todo aquello que ella soñó y no consiguió. Es un odio envidioso. Mientras el caballero vive su vida con otra mujer —un chalet con piscina en la playa al que ella, en un patético intento de minimización cognitiva, llama “casita” como si el significante pudiera derribar los cimientos—, ella se consume en su sofá, manipulando imágenes y fantaseando que esa vida no es real, que no hay amor, solo interés. El verdadero sufrimiento no es que él no la quisiera; es la impotencia aprendida de saberse incapaz de salir del pueblucho de las cabras, siempre esperando que un príncipe azul la rescatara del tedio.
Lady Cogollos: Un momento, doctora. Porque aquí hay un matiz que me perturba especialmente. Usted dice que ella es la que vigila, pero he oído grabaciones donde ella grita a los cuatro vientos que es la otra quien la acosa, quien le roba las fotos, quien la persigue. ¿Es que estamos ante un caso de espejo deformante o directamente ante una fábrica de realidades paralelas?
Dra. Psyque de Diván Digital: (Suelta una carcajada breve y seca, como un disparo) ¡Ay, Lady Cogollos, acaba de poner el dedo en la llaga del Trastorno Delirante Crónico de Tipo Persecutorio Invertido! Es la joya de la corona de este caso. Lo que usted describe es el mecanismo de defensa más primario y desesperado: la Proyección Masiva con Inversión de Roles.
En su psique, el “yo acoso” es insoportable. Es consciente, en algún sótano muy profundo de su cerebro, de que es ella quien disecciona cada píxel de las fotos de la otra mujer a las 4 de la madrugada. Sabe que es ella quien ve la cara de su némesis en el perfil de una panadería de pueblo o en el avatar de un foro de ganchillo (delirio de referencia, lo llamamos los profesionales). Pero como admitirlo derrumbaría por completo el castillo de naipes de su autoestima, el cerebro realiza una maniobra de prestidigitación: Invierte la autoría.
Ella no acosa; es acosada. Ella no roba fotos; le roban las suyas (aunque luego las manipule con Paint de 1998 para demostrar alguna arruga o flacidez que necesita proyectar). Es un intento patético de preservar una falsa identidad de víctima. Porque si ella es la víctima, entonces su odio está justificado. Si ella es la perseguida, entonces el caballero y su acompañante son los villanos de su telenovela mental.
Lady Cogollos: Y en esa telenovela, por lo que me consta, los villanos acaban debajo de un puente o en la cárcel. Porque ella no se limita a mirar; amenaza con querellas, anuncia ruinas económicas, vaticina que venderán la “casita” para pagarle indemnizaciones millonarias por unos delitos que solo existen en su disco duro. Los llama “degenerado” y “prostituta”, y se pasa los días y las noches diseccionando fotos ajenas.
Dra. Psyque de Diván Digital: (Asintiendo con gravedad fingida mientras remueve el hielo) Exacto. Ahí entramos en el terreno pantanoso de la Querulancia Delirante mezclada con un Delirio de Grandeza Jurídica. Como su vida real carece de cualquier tipo de control o poder —recuerde, está atrapada en un entorno rural del que no puede escapar—, compensa esa impotencia construyendo un universo paralelo donde ella es la Fiscal General de Brotelandia.
Acusa a él de “degenerado” y a ella de “prostituta”. Son epítetos de devaluación clásica. Al reducir a la otra mujer a un mero cuerpo transaccional, intenta neutralizar la amenaza que representa: la de ser amada y elegida. Si ella es una “prostituta”, entonces el amor no es real, es un intercambio comercial. Y si no hay amor, entonces Doña Despechada aún puede albergar la fantasía de que, en el fondo, él sigue suspirando por ella (la del pueblo de las cabras). Es una gimnasia mental agotadora, pero para ella es un trabajo a tiempo completo.
En cuanto a las amenazas legales y económicas (“os voy a quitar la casita”, “acabaréis debajo de un puente”, “vais a pagar indemnizaciones”), son fantasías compensatorias de poder. Ella sabe, en su fuero interno, que jamás podrá tener esa vida de playa y piscina. Incapaz de construirse algo similar para sí misma, su único consuelo es fantasear con la destrucción de lo ajeno. Es el viejo dicho: “Si yo no puedo tenerlo, que no lo tenga nadie”. Y como no puede hacerlo con sus manos —que bastante tiene con sujetar el móvil—, lo hace con el arma del ratón y la carpeta de “Pruebas_Definitivas_WORD_FINAL_V3.doc”.
Lady Cogollos: ¿Hay tratamiento posible o la mandamos directamente al museo de cera de Brotelandia?
Dra. Psyque de Diván Digital: (Con una sonrisa sardónica mientras da un sorbo a su JB) El tratamiento es el de siempre, pero aplicado con la urgencia de un infarto. Fase uno: desconexión total de la pantalla —una auténtica desintoxicación dopaminérgica—. Fase dos: terapia real, para desmontar el delirio de persecución y elaborar el duelo de una vez. Fase tres: ejercicio físico de verdad (sudor auténtico, no solo de índice).
Y el ejercicio más difícil de todos: exposición al espejo. Un acto de valentía para ver cómo envejece, cómo el mundo gira sin ella y cómo lo único que le queda son carpetas de una vida ajena. Quizá entonces, cuando se vea sin filtros, dejará de buscar enemigos donde solo hay una cosa: un rechazo que su orgullo, tan grande como su pueblo es pequeño, nunca pudo digerir.
Pero me temo, Lady Cogollos, que no aplicará ninguna de estas fases. Porque Doña Despechada Eterna es adicta a su propia amargura. Y como toda adicción, solo termina cuando toca fondo. Ese fondo llegará el día que el juez —un juez de verdad, con toga y martillo de madera auténtica, no el de sus fantasías de saldo— le archive la enésima denuncia por absurda y, acto seguido, otro juez tome medidas por lo que sí está documentado con pruebas reales: los insultos, las injurias, la revelación de datos personales, la manipulación sistemática de imágenes y las acusaciones falsas de delitos graves.
Ahí, querida Lady, se producirá el colapso narcisista agudo. Porque su psique ha construido una realidad paralela tan elaborada que el choque con el mundo real no será una simple decepción; será un terremoto cognitivo. Cuando reciba la notificación de que ella es la investigada, la denunciada, la que debe rendir cuentas, su mecanismo de defensa favorito —la proyección— se quedará sin combustible. Ya no podrá gritar “¡Sois vosotros los que vais a la cárcel!” porque la celda tendrá su nombre en la puerta.
¿Y saben qué hará entonces? (La Dra. Psyque hace una pausa dramática, removiendo el hielo con una lentitud casi cruel). Gritará. Pero no gritará “injusticia” con la dignidad de quien defiende su verdad. Gritará con el pánico primario de quien ve cómo el castillo de naipes se derrumba sobre su cabeza. Gritará que ella es la verdadera víctima, que todo es un complot, que “ellos empezaron primero”, que el sistema está comprado, que los jueces son amigos de la otra, que todos están contra ella. Será el estallido final de la paranoia compensatoria: el último y patético intento de preservar una identidad de mártir cuando ya no queda ni una sola máscara que ponerse.
Porque, al final, querida Lady Cogollos, la justicia poética es la única terapia que Brotelandia administra con precisión quirúrgica. Y a Doña Despechada Eterna le queda una sola cita pendiente en su agenda: no es con el amor que nunca tuvo, ni con la vida que nunca vivió. Es con el juzgado de guardia. Y a esa cita, se lo aseguro, no llegará tarde.
Buenas noches, Brotelandia.
La Dra. Psyque ha recogido su cuaderno, se ha ajustado la bata y se ha perdido entre la bruma del Cantábrico, no sin antes recordarme que el diván digital sigue abierto las 24 horas para todo aquel que necesite un diagnóstico… o un buen revolcón de realidad. Y la próxima semana nos traerá otro de estos extraños casos de Brotelandia.
Yo me quedo mirando al Cantábrico, intentando comprender una mente como la de Doña Despechada Eterna, ¿cómo alguien puede olvidarse de vivir por estar vigilando la vida de otras personas que no pierden tiempo en responderles?.
El que se sienta aludido… que se revise.
O mejor: que vaya al psiquiatra.
Otros seguimos contando la vida real.
Lady Cogollos / Lady Querellas
Columnista en Diario ASDF
Pedagogía legal, estética y moral.
Bailarina. No bebo (salvo excepciones).
No insulto: describo.
Si te ves reflejada… escucha Así No Te Amará Jamás 😹😹😹Amanda Miguel –