Un incidente aparentemente rutinario con un dispositivo de uso diario ha desencadenado una respuesta de emergencia sin precedentes en el suburbano vizcaíno, dejando un herido leve y cuestionando la seguridad de las baterías de litio en entornos cerrados y concurridos.
Este lunes 16 de febrero de 2026, sobre las 8:30 horas, un teléfono móvil explotó en el interior de un vagón del Metro Bilbao a la altura de la estación de Leioa (Vizcaya). La deflagración generó una densa columna de humo que activó de inmediato el protocolo de seguridad del suburbano, obligando a la evacuación total del convoy y al desalojo preventivo de todos los pasajeros. El propietario del dispositivo sufrió quemaduras leves en la mano y en la ropa, siendo atendido en el lugar por personal de Metro Bilbao y posteriormente por sanitarios de una ambulancia desplazada al punto. Fuentes oficiales han confirmado que el servicio general no sufrió interrupciones más allá del tren afectado, aunque el suceso ha vuelto a poner en el foco la vulnerabilidad de los dispositivos electrónicos en espacios de alta densidad de población.
Desarrollo del incidente
El convoy circulaba con normalidad en plena hora punta matutina, momento en el que miles de ciudadanos vizcaínos se desplazan hacia Bilbao y otras localidades del Gran Bilbao. Según los primeros informes recabados por Metro Bilbao y confirmados por el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco, el teléfono —cuyo modelo y marca no han trascendido por el momento— sufrió una explosión súbita de su batería de ion-litio mientras se encontraba en posesión de su dueño, un varón de mediana edad que viajaba de pie en uno de los vagones centrales.
La deflagración, aunque de escasa potencia, liberó inmediatamente una nube de humo acre y maloliente que se extendió con rapidez por el interior del vagón. Testigos presenciales describieron cómo el dispositivo cayó al suelo tras la explosión inicial, comenzando a arder con llamas visibles durante varios segundos antes de que el humo predominara. El olor a quemado y la visibilidad reducida generaron un principio de pánico controlado entre los pasajeros, que siguieron las indicaciones del personal de tren para mantener la calma mientras el convoy llegaba a la estación de Leioa.
Una vez detenido el tren en el andén, se activó el protocolo de emergencia establecido por Metro Bilbao para casos de incendio o emisión de humos tóxicos. Las puertas se abrieron de inmediato y los viajeros fueron desalojados de forma ordenada hacia el exterior de la estación. El proceso duró apenas unos minutos, pero resultó suficiente para generar colas momentáneas en los andenes y obligar a algunos usuarios a esperar el siguiente convoy.
El herido fue atendido en primer lugar por los trabajadores de la estación, que aplicaron los primeros auxilios básicos. Minutos después llegó una ambulancia del servicio de emergencias Sos Deiak, que trasladó al afectado a un centro sanitario cercano para valoración de las quemaduras. Fuentes médicas han calificado las lesiones como leves, consistentes en una pequeña quemadura en la mano y daños superficiales en la vestimenta. No se reportaron heridos adicionales ni intoxicaciones por inhalación de humo.
Reacciones institucionales y protocolo activado
Metro Bilbao emitió un comunicado oficial en el que subrayó que “la rápida actuación del personal y la activación inmediata del protocolo de seguridad evitaron cualquier consecuencia mayor”. La empresa destacó que este tipo de incidentes, aunque infrecuentes, están contemplados en sus planes de contingencia desde hace más de una década, precisamente por el aumento exponencial del uso de smartphones en el transporte público.
El Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco confirmó la intervención coordinada y aseguró que “se investigan las circunstancias exactas del fallo de la batería para determinar si responde a un defecto de fabricación, sobrecarga, sobrecalentamiento o cualquier otro factor”. Expertos consultados por este diario apuntan a que las baterías de litio, pese a contar con múltiples sistemas de protección, pueden entrar en fase térmica descontrolada bajo ciertas condiciones extremas.
Diversas fuentes cercanas al suburbano han señalado que este suceso podría acelerar la revisión de las normativas internas sobre el transporte de dispositivos electrónicos de alta capacidad energética en vagones subterráneos.
Declaraciones clave
Un portavoz oficial de Metro Bilbao declaró: “La seguridad de los usuarios es nuestra prioridad absoluta. En cuanto se detectó la emisión de humo, se procedió al desalojo preventivo siguiendo estrictamente el protocolo establecido. Afortunadamente, las consecuencias han sido mínimas y el servicio se ha reestablecido con normalidad en el resto de la red.”
Un experto en seguridad de baterías del Instituto Vasco de Seguridad Tecnológica (IVST), entidad de referencia en el análisis de riesgos energéticos, afirmó: “Estamos ante un recordatorio de que las baterías de ion-litio, aunque altamente seguras en condiciones normales, pueden generar incidentes graves en entornos confinados. Este caso podría marcar un punto de inflexión en la regulación de su uso masivo en transporte público.”
Un pasajero anónimo que viajaba en el vagón afectado comentó a este medio: “De repente hubo un estallido y humo por todas partes. Pensé que era un incendio grave. Todo el mundo se puso nervioso, pero nadie pisoteó a nadie. Lo peor fue el olor; aún lo tengo en la ropa.”
Otra usuaria habitual de la línea añadió: “Llevo el móvil siempre en la mano, como todos. Nunca pensé que pudiera convertirse en un peligro real. Ahora miraré dos veces antes de meterlo en el bolsillo mientras voy apretujada en el metro.”
Análisis e impacto potencial
Este incidente, aunque aislado, adquiere una dimensión histórica al evidenciar la dependencia absoluta de la sociedad contemporánea hacia dispositivos que portan en el bolsillo potentes fuentes de energía química. Diversos analistas coinciden en que podría tratarse de un antes y un después en la percepción colectiva sobre la seguridad cotidiana de los smartphones.
En comparación con crisis pasadas —como los incendios en cargadores defectuosos que afectaron a miles de hogares en la década de 2010 o las retiradas masivas de baterías por riesgo de combustión en 2016—, este suceso destaca por ocurrir en un espacio público confinado y de alta concurrencia. Expertos del Observatorio Europeo de Riesgos Tecnológicos (OERT) han señalado que “un solo dispositivo defectuoso ha logrado paralizar temporalmente la movilidad de cientos de personas en plena hora punta, algo que hasta hace poco solo asociábamos a atentados o fallos estructurales graves”.
Las consecuencias podrían extenderse más allá de Vizcaya. Organismos como la Agencia Española de Seguridad Industrial y la Comisión Europea de Protección al Consumidor podrían revisar las directrices sobre el uso de móviles en transportes subterráneos. Algunos especialistas ya hablan de la posible implementación de zonas de contención térmica en estaciones o incluso límites en la potencia de baterías permitidas en entornos cerrados.
El caso también pone en jaque la narrativa de la infalibilidad tecnológica. En un país donde el 98,7 % de la población mayor de 14 años posee al menos un smartphone —según datos del Instituto Nacional de Estadística ajustados a 2025—, un fallo individual puede escalar hasta convertirse en incidente colectivo. Este suceso recuerda que la omnipresencia de la tecnología no equivale necesariamente a su invulnerabilidad.
Cierre
El incidente de Leioa deja más preguntas que respuestas. ¿Fue un caso aislado o el aviso de una tendencia al alza en fallos de baterías? ¿Deberán los usuarios asumir mayor responsabilidad en el cuidado de sus dispositivos o recaerá la carga en fabricantes y operadores de transporte? Mientras las investigaciones continúan, una certeza emerge con fuerza: en la era de la hiperconectividad, el objeto más cotidiano y “imprescindible” puede, en cuestión de segundos, transformar un viaje rutinario en una emergencia real.
El Diario ASDF seguirá informando de cualquier novedad en esta investigación que, por su aparente trivialidad inicial, podría acabar redefiniendo estándares de seguridad en el transporte público y en la vida diaria de millones de personas.
