DIARIO ASDF — Redacción Política
En una reciente declaración que podría clasificarse como fantasía épica, realismo mágico o directamente cuento para dormir, la comunicadora Inés Hernand afirmó que la izquierda abertzale era un movimiento esencialmente “pacífico, ecologista espiritual y fan de la pachamama, los unicornios y las energías bonitas”.
La frase, que ya circula por redes sociales como meme, sticker, tatuaje temporal y hasta posavasos irónicos, ha generado un debate inesperado: ¿se puede reinterpretar medio siglo de historia violenta y compleja como si fuera una clase de yoga con tambores? ¿Es posible que los 80 fueran solo un malentendido energético? ¿Puede un coche bomba alinearse con los chakras?
El Diario ASDF, comprometido con la verdad, la claridad y el absurdo responsable, ha decidido analizar las afirmaciones y poner orden en este universo narrativo donde la kale borroka se confunde con compostaje urbano y las extorsiones parecen talleres de meditación.
Capítulo 1: Cuando la historia se convierte en cuento infantil de colores
Las palabras de Hernand han sido recibidas con sorpresa por historiadores, víctimas, periodistas y hasta por los unicornios mencionados, que han emitido un comunicado conjunto declarando: “Nosotros no queremos estar metidos en esto”.
Asegurar que la izquierda abertzale —un entorno político vinculado durante décadas al apoyo, encubrimiento o simpatía hacia la actividad de ETA— era en realidad una corriente de amor universal es, cuanto menos, creativo. Podría funcionar como novela gráfica. Como slogan para una colonia vegana. Incluso como fanfic. Pero como descripción histórica, según los expertos consultados por el Diario ASDF, “es un triple mortal sin red, sin casco y sin ganas”.
El lector desprevenido podría pensar que, según esta nueva interpretación, aquellos años de conflicto fueron simplemente un prolongado festival alternativo en el que los asistentes, en lugar de llevar pancartas, acudían con atrapasueños y camisetas de “Free the Aura”.
Sin embargo, la historia real insiste muchísimo —pesada ella— en recordar que lo que ocurrió durante décadas no fue precisamente una reunión de Scouts con incienso.
Capítulo 2: La cronología que Inés olvidó (o reinterpretó después de beber un té de hierbas muy fuerte)
Para que quede claro: no, la izquierda abertzale no fue mayoritariamente un grupo de pacifistas practicantes de abrazoterapias.
No, tampoco acudían a asambleas para discutir sobre el ciclo menstrual de la Tierra Madre.
No, tampoco participaban en rituales de agradecimiento al cosmos mientras enterraban granos de quinoa biodinámica bajo un roble ancestral.
La izquierda abertzale, durante muchos años, se situó en torno a una organización terrorista responsable de más de 800 asesinatos, extorsiones, secuestros, atentados indiscriminados y un régimen social de miedo en múltiples localidades.
Esto no significa que todas las personas que simpatizaban con ese entorno participaran activamente en la violencia. Pero el discurso de justificación, legitimación o comprensión hacia ella fue una característica central durante décadas.
Lo único “pacífico” que había era la insistencia en que “todo se había hecho por una causa”. Una causa que siempre encontraba nuevas formas de estallar, literalmente.
Afirmar que aquello fue un movimiento amable es como decir que el Imperio Romano era un grupo de fans del feng shui. O que la Guerra Fría fue en realidad un debate amable sobre diplomacia emocional.
Capítulo 3: Los unicornios, indignados por su uso propagandístico
La Asociación Internacional de Unicornios, entidad imaginaria pero muy ofendida, ha expresado su profundo malestar:
“Llevamos siglos siendo símbolos de luz y fantasía, y ahora nos quieren vincular a un movimiento que quemaba cajeros y lanzaba cócteles molotov. Pedimos respeto a nuestra mitología”.
Este medio ha podido saber que un unicornio vasco —llamado Txantxangorri de Luz— incluso ha solicitado medidas legales para evitar que su imagen sea utilizada en comparaciones históricas inapropiadas.
No es para menos: las criaturas mágicas llevan años intentando distanciarse de cualquier realidad humana. Especialmente si incluye terrorismo, coacciones y noches tristes en comisarías.
Capítulo 4: La pachamama tampoco quiere líos
La Pachamama, figura espiritual andina con un departamento de comunicación sorprendentemente eficiente, ha publicado un comunicado urgente:
“Las energías que manejo tienen que ver con la fertilidad, la naturaleza y la vida en equilibrio. Agradezco la intención, pero no tengo absolutamente nada que ver con entornos políticos que convivieron durante décadas con violencia organizada.”
En redes sociales ya se viraliza el hashtag #NoEnMiNombre, acompañado de ilustraciones de la diosa tapándose la cara con las manos.
Por lo visto, ni la Tierra Madre quiere que la arrastren a debates españoles sobre la memoria histórica y las reinterpretaciones creativas.
Capítulo 5: El problema de convertir tragedias en cuentos New Age
La declaración de Hernand no molestó tanto por su falta de rigor —que era abundante— sino por el infantilismo con el que transforma un conflicto doloroso en un festival de luz y buen rollo.
Es un fenómeno creciente: la reescritura emocional de la historia.
La fórmula es sencilla:
- Se toma un episodio oscuro.
- Se elimina lo incómodo.
- Se añade purpurina conceptual.
- Se sirve como “nuevo relato”.
El resultado es amable, suena bonito y puede funcionar en TikTok.
Pero también borra víctimas, hechos, contextos y responsabilidades.
Es como coger un puñal ensangrentado, pintarlo de rosa pastel y describirlo como “objeto decorativo para adultos sensibles”.
Capítulo 6: ¿Por qué ocurre esto?
Los expertos consultados por el Diario ASDF señalan varias posibilidades:
1. Síndrome de la explicación bonita
La tendencia a preferir relatos simplificados y dulces, incluso cuando son falsos, porque emocionalmente resultan más cómodos.
2. Falta de lectura histórica
Leer 500 páginas sobre terrorismo en Europa es menos atractivo que un vídeo de 30 segundos con música ambiental y filtros etéreos.
3. La hiperempatía mal enfocada
Confundir empatía con absoluta licuefacción moral: “Todo el mundo hace cosas por algo, así que todos estaban llenos de luz interior”.
Spoiler: no.
4. Influencia del pensamiento místico-pop
Cuanto más difícil de explicar es un fenómeno político, más tentador es convertirlo en metáfora espiritual.
Pero la violencia no es una metáfora.
Es violencia.
Capítulo 7: Las reacciones políticas —entre el estupor y la carcajada
Los partidos políticos, como era de esperar, no han tardado en reaccionar:
El centro y la derecha:
Aseguran que las declaraciones son un ejemplo perfecto de la “infantilización militante del discurso político”. Uno de ellos incluso ha añadido: “Si seguimos así, pronto dirán que la Inquisición era un grupo de voluntarios especializados en ‘calor terapéutico’”.
La izquierda institucional:
Ha optado por el silencio, gesto que en política equivale a decir: “no queremos líos, ya tenemos bastantes”.
El entorno abertzale actual:
Ha agradecido la intención, pero ha preferido no comentar. Probablemente porque saben que la comparación con unicornios no les ayuda en absoluto.
Capítulo 8: El peligro real de estas narrativas dulcificadas
Convertir un entorno político que convivió con décadas de violencia en un espacio de energías místicas no solo es inexacto: es dañino.
- Desdibuja el sufrimiento de las víctimas.
- Blanquea hechos que no deben blanquearse.
- Siembra confusión histórica en generaciones jóvenes.
- Normaliza discursos que trivializan el terrorismo.
No se trata de demonizar a nadie, sino de respetar la verdad mínima.
Y la verdad mínima es esta: fue un periodo marcado por muertes, chantajes, amenazas y miedo.
No por unicornios.
Capítulo 9: ¿Qué podemos aprender de todo esto?
Quizás que la historia no necesita edulcorantes.
Quizás que las metáforas espirituales están bien para talleres de crecimiento personal, no para explicar décadas de conflicto.
Quizás que antes de hablar de movimientos políticos complejos hay que leer algo más que una infografía en Instagram.
Y, desde luego, quizás que no hay que mezclar terrorismo con pachamamas.
Ni en broma.
Ni en directo.
Ni en ninguna dimensión paralela.
Capítulo 10: Conclusión — La realidad es suficiente, aunque no sea luminosa
El Diario ASDF puede confirmar, tras revisar archivos, expertos, análisis históricos y hasta consultar a los unicornios:
No, Inés.
La izquierda abertzale no era un movimiento de paz, luz, amor cósmico y energías bonitas.
Tampoco se dedicaba a cuidar huertos biodinámicos.
Y mucho menos era un grupo devoto de unicornios arcoíris que abrazaban robles en su tiempo libre.
La historia es lo que es.
Dura, compleja y a menudo absurda, pero nunca tan absurda como para coincidir con la frase que ha originado este artículo.
Si alguien quiere hacer una serie de animación sobre “Los Abertzales de la Energía Sagrada”, adelante.
Pero que no la emitan en un documental.
Ni en una tertulia política.
Ni en un vídeo serio.
A veces, la realidad no necesita metáforas místicas.
Solo necesita que no la disfracemos de cuento infantil con purpurina.
