Diario ASDF — Edición Especial de Cosas Que Solo Pasan en España
En la madrugada del martes, cuando España entera debatía si cenar tortilla con cebolla o sin cebolla, las redes sociales decidieron incendiarse con otro conflicto: Irene Montero, actualmente convertida por sus seguidores en una mezcla de deidad menor, heroína cinematográfica y gestora de realidades alternativas, publicó un mensaje que ya ha sido calificado por los expertos en postureo político como “una reliquia arqueológica del activismo contundente”.
El detonante fue un breve tuit de un usuario llamado Jaime, quien, en un gesto que ya forma parte del folclore digital, contestó a un enlace periodístico con una frase escueta pero demoledora:
“Están completamente fuera de la realidad.”
Lo que Jaime no sabía era que esa frase, aparentemente inocente, iba a desatar el equivalente a abrir una grieta entre dimensiones ideológicas. Porque al mensaje le acompañaba un enlace a un artículo de El Salto Andalucía, titulado:
“Sevilla se moviliza para impedir que Juan Soto Ivars dé una charla ‘negacionista’ sobre violencia machista por apología a la violencia machista ”.
Están completamente fuera de la realidad.
Jaime, proactivo, subrayó precisamente la parte final: “por apología a la violencia machista”. No sabemos si lo subrayó con entusiasmo, con ironía o simplemente porque no sabía cómo funciona Twitter y creyó que eso era obligatorio; pero lo subrayó.
Y ahí apareció ella.
La Diosa Irene Montero, como la llaman sus fans más entregados —con iconos de ♀️ y banderas LGTBI como si fuera un requisito burocrático— irrumpió en la conversación con un texto que ha sido descrito por lingüistas como una mezcla perfecta entre manifiesto político, profecía maya y panfleto de ciencia ficción:
“No, estamos dentro de una realidad machista reaccionaria que no sabe ya cómo presionar para quitar derechos a las mujeres y volver a esclavizarlas debido al miedo de insignificantes varones. Estos libros son las armas sucias y cobardes de un sistema de opresión agónico.”
No, estamos dentro de una realidad machista reaccionaria que no sabe ya cómo presionar para quitar derechos a las mujeres y volver a esclavizarlas debido al miedo de insignificantes varones. Estos libros son las armas sucias y cobardes de un sistema de opresión agónico.
En ese momento, según testigos presenciales, la tierra tembló ligeramente, tres community managers sufrieron ataques de estrés y un corrector ortográfico pidió la baja médica.
Un conflicto que nadie pidió, pero que España agradece por el entretenimiento
A primera hora de la mañana, los analistas del Diario ASDF se reunieron para intentar descifrar el significado completo del mensaje montereano. Las conclusiones fueron, en su mayoría, incapaces de consensuarse, pero podemos resumirlas así:
- Irene sostiene que vivimos en una realidad machista reaccionaria, lo cual sorprenderá a los españoles que viven en la otra realidad paralela —la de las facturas, la hipoteca y los atascos— donde lo más opresor suele ser el precio de la gasolina.
- Habla de “insignificantes varones”, aunque el INE todavía no ha publicado la lista oficial para que cada hombre sepa si está en la categoría de “insignificante”, “moderadamente relevante” o “nivel celebrity”.
- Define los libros como “armas sucias y cobardes”, lo que ha llevado a varias bibliotecas andaluzas a reforzar la seguridad de las estanterías por si algún libro de tapa dura decide rebelarse.
- Habla de un “sistema de opresión agónico”, que es la forma fina de decir que alguien está perdiendo un debate en redes sociales, pero lo está intentando convertir en revolución.
Mientras tanto, Jaime —autor de la frase “Están completamente fuera de la realidad”— no ha dicho nada más, posiblemente porque:
- O está durmiendo.
- O está procesando que se ha visto envuelto en una guerra dimensional por culpa de un retuit.
- O porque es una persona normal con trabajo, perro y vida, y no puede estar 24 horas gestionando discusiones con divinidades políticas.
La clave del conflicto: una charla que todavía no había empezado
Para entender el enfado generalizado, conviene recordar el origen del drama:
una charla de Juan Soto Ivars en una biblioteca pública de Sevilla, relacionada con debates sobre denuncias falsas y otras cuestiones que, en España, equivalen a colocar dinamita bajo una cafetería y luego discutir sobre si el café estaba frío.
Un sector de activistas decidió organizar una movilización para impedir el evento, al considerarlo “negacionista” y “apología de la violencia machista”.
Es decir, ni siquiera era una charla polémica… todavía.
Ni se sabía lo que iba a decir.
Ni había ocurrido.
Pero ya estaba prohibida en teoría, porque alguien dedujo que quizá, tal vez, posiblemente, podría ser polémica.
En ese contexto llegó el mensaje de Jaime, que al parecer insinuaba algo revolucionario:
“Quizá estáis exagerando.”
La reacción de Montero, sin embargo, fue equivalente a responder a un aviso de fuego en la cocina con una invasión naval.
“Insignificantes varones”: la categoría sociológica que España necesitaba
El término acuñado por Montero —insignificantes varones— se viralizó en cuestión de minutos.
Los hombres españoles, al no saber si pertenecían a esa categoría, pidieron claridad.
El Ministerio de Igualdad (edición pasada) nunca creó un test oficial, así que el Diario ASDF propone el siguiente formulario sociológico:
Test para determinar si usted es un “insignificante varón”:
- ¿Alguna vez ha opinado en Twitter?
- ¿Alguna vez ha pensado que tal vez la realidad es un poco más compleja que un tuit?
- ¿Alguna vez ha leído un libro sin lanzarlo a la cara de nadie?
- ¿Ha dudado alguna vez sobre por qué todo el mundo está enfadado en internet?
- ¿Ha dicho alguna vez “no entiendo nada, pero bueno”?
Si respondió “sí” a cualquiera, enhorabuena:
usted es absolutamente irrelevante y debe considerarse un varón insignificante según el estándar de redes.
Los libros como “armas sucias”: preocupación en el sector editorial
La industria editorial ha convocado una reunión urgente para debatir la acusación recibida.
Un portavoz de una distribuidora explicó:
“No sabíamos que publicábamos armas. A ver si ahora habrá que pedir licencia de armas para vender novelas románticas.”
Un bibliotecario sevillano declaró:
“Ayer un libro de tapa dura cayó de la estantería. No sé si fue un accidente o un atentado.”
Mientras tanto, los lectores habituales han informado de que, efectivamente, algunos libros pueden ser peligrosos para ciertas personas: sobre todo los que tienen más de 300 páginas.
La realidad paralela en la que viven las redes sociales
Lo curioso de este conflicto es que, para cualquier ciudadano medio que está ahora mismo haciendo cola en el supermercado, absolutamente nada de todo esto tiene relevancia real.
La señora Carmen, 68 años, preguntada por este periódico en el pasillo de galletas, declaró:
“¿Quién es Jaime? ¿Quién es esa Irene? ¿Y qué libro es ese que mata mujeres? Yo lo que quiero es que bajen el IVA de las magdalenas.”
Sin embargo, en Twitter la historia se vivió como un choque cósmico entre fuerzas irreconciliables:
- Los fans de Montero, que la elevaron a figura divina defensora de dimensiones alternativas.
- Los detractores, que no desaprovechan ninguna ocasión para convertir cualquier frase suya en trending topic de burla.
- Y los espectadores neutros, que solo están allí por el espectáculo y porque ya han visto todas las series de Netflix.
Conclusión provisional: nadie entiende nada, pero todos gritan
La situación puede resumirse así:
- Jaime dijo algo razonable.
- Irene Montero respondió como si estuviera narrando la caída del Imperio Romano.
- Internet hizo lo que mejor sabe: incendiarse, exagerar y crear memes en menos de tres minutos.
Lo cierto es que nadie tiene claro qué parte de la realidad es “machista”, cuál es “reaccionaria”, qué libros son armas y por qué los varones son insignificantes ahora, pero la discusión está servida, y en España eso es lo importante: que haya tema.
En las próximas horas se esperan nuevas reacciones, posiblemente algún comunicado extraño, algún meme fusionando a Montero con diosas griegas, y la inevitable pregunta:
¿Acaso España es un país normal?
La respuesta, como dicta el Diario ASDF desde 1982, es siempre la misma:
No. Por eso somos tan divertidos.
