En un movimiento que ha sacudido los pasillos de la industria automovilística, Jaguar Land Rover (JLR) ha despedido de manera abrupta a Gerry McGovern, el veterano jefe creativo responsable del controvertido rebranding “woke” de la marca del felino.
El anuncio, que se filtró el 2 de diciembre de 2025, no solo marca el fin de una era de 21 años para McGovern en la compañía, sino que también simboliza un giro drástico en la estrategia de Jaguar, una firma icónica que vio sus ventas desplomarse un alarmante 97,5% tras la campaña de renovación. Fuentes internas revelan que McGovern fue escoltado fuera de las oficinas centrales en Gaydon, Warwickshire, el lunes 1 de diciembre, apenas dos semanas después de que el nuevo CEO, P.B. Balaji, asumiera el mando. Este despido no es solo un ajuste corporativo; es la respuesta desesperada de una marca que, en su afán por modernizarse, alienó a su base de clientes tradicional y se vio envuelta en una tormenta de críticas por su giro hacia lo que muchos llaman “políticamente correcto forzado”.
Gerry McGovern, de 69 años, no era un novato en el mundo del diseño automovilístico. Nacido en Liverpool en 1955, su carrera comenzó en los años 70 con Ford, donde contribuyó a modelos como el Sierra y el Escort. En 1999, se unió a Land Rover como director de diseño, y en 2004 ascendió a jefe de diseño de Jaguar bajo la era Ford. Cuando Tata Motors adquirió JLR en 2008 por apenas 2.300 millones de dólares –una ganga considerando los problemas financieros de la compañía–, McGovern se convirtió en el guardián de la herencia británica. Sus logros son innegables: rediseñó el Range Rover en 2012, convirtiéndolo en un ícono de lujo todoterreno que impulsó las ventas globales; revitalizó el Defender en 2020, fusionando nostalgia con tecnología moderna; y supervisó la evolución de la familia Discovery, que ayudó a JLR a pasar de pérdidas millonarias a ganancias consistentes entre 2011 y 2018.
Bajo su liderazgo como Chief Creative Officer desde 2020, McGovern acumuló premios como la Orden del Imperio Británico (OBE) en 2012 por sus contribuciones al diseño industrial. Era visto como un visionario que equilibraba elegancia británica con innovación. “Gerry salvó a JLR”, escribió un columnista de Automotive News, recordando cómo sus diseños transformaron una empresa al borde de la quiebra en un jugador global. Sin embargo, su legado se empañó con el ambicioso relanzamiento de Jaguar en 2024, un proyecto que él capitaneó y que pretendía reposicionar la marca en la era eléctrica y diversa.
El rebranding de Jaguar, anunciado en diciembre de 2024, fue presentado como una “reinvensión audaz” para atraer a una nueva generación de compradores millennials y Gen Z, más conscientes del cambio climático y la inclusión social. McGovern lo describió como “un lienzo en blanco” para un futuro sostenible: Jaguar abandonaría los motores de combustión interna para 2025, enfocándose en vehículos eléctricos de lujo de producción limitada, inspirados en rivales como Bentley y Rolls-Royce. El corazón del cambio fue el concepto Type 00, un prototipo eléctrico de dos asientos con líneas minimalistas, colores vibrantes –rosados y amarillos eléctricos– y un interior que priorizaba la sostenibilidad sobre el rugido del motor V8 tradicional.
Pero lo que realmente encendió las redes fue la campaña publicitaria. Un video promocional de 90 segundos mostraba a modelos andróginos y diversos –hombres con maquillaje, mujeres trans y personas de color en atuendos extravagantes– posando en escenarios abstractos, sin un solo automóvil a la vista. El eslogan “Copy Nothing” (No copies nada) pretendía enfatizar la originalidad, pero para muchos, evocaba más una pasarela de moda queer que un anuncio de autos deportivos. El logo icónico del jaguar saltando fue reemplazado por un monograma estilizado, y la paleta de colores pasó del verde británico clásico a tonos neón. “Era como si Jaguar hubiera contratado a un equipo de consultores de Accenture para diseñar un auto para TikTok”, ironizó un informe de The Drive, citando filtraciones internas que revelaban la externalización del proyecto.
La reacción fue inmediata y feroz. Políticos conservadores como Nigel Farage lo tildaron de “woke corporativo” que destruía la identidad británica, mientras que Donald Trump, en un tuit viral, lo llamó “el peor rebranding de la historia, un desastre woke que matará a Jaguar”. En X (antes Twitter), el hashtag #GoWokeGoBroke se volvió tendencia, con memes comparando el Type 00 con un “unicornio rosa para hipsters”. Clientes tradicionales –hombres de mediana edad adinerados que valoraban el poder y la herencia– se sintieron traicionados. “Jaguar era sinónimo de velocidad y masculinidad; ahora parece un anuncio de Benetton de los 90”, comentó un usuario en el post viral de UHN Plus que desató esta cobertura.
El impacto comercial fue devastador. Las ventas de Jaguar cayeron un 97,5% en el trimestre posterior al lanzamiento, de 19.000 unidades a apenas 475, según datos internos filtrados. Mientras Land Rover mantenía su dominio en SUVs de lujo, Jaguar luchaba por relevancia en un mercado EV saturado, donde Tesla y rivales chinos como BYD ofrecían innovación sin el bagaje cultural. Un ciberataque masivo en junio de 2025 paralizó la producción, agravando el caos, y el retraso del gran turismo eléctrico de 130.000 dólares –el buque insignia del relanzamiento– selló el destino de McGovern.
El despido llegó como un rayo. P.B. Balaji, ex-CFO de Tata Motors, asumió como CEO el 17 de noviembre de 2025, reemplazando a Adrian Mardell tras una transición planificada. Fuentes de Autocar India, que rompió la noticia, afirman que Balaji, enfocado en la rentabilidad, vio en McGovern el chivo expiatorio perfecto. “Fue terminado con efecto inmediato y escoltado”, reportaron, un detalle que evoca escenas de thriller corporativo. JLR no ha emitido un comunicado oficial, pero insiders sugieren que la compañía ya está “eliminando rastros” de la campaña: el sitio web de Jaguar ha retirado imágenes del Type 00, y anuncios en redes sociales han sido pausados. “Es un borrón y cuenta nueva”, dijo un ejecutivo anónimo a The Guardian.
¿Cuáles son las implicaciones para Jaguar? El despido de McGovern podría ser un catalizador para un retorno a las raíces. Analistas predicen un híbrido de tradición y modernidad: quizás un revival del logo del jaguar y modelos que equilibren lo eléctrico con el alma deportiva. “JLR acaba de despedir al hombre que salvó la compañía, pero su salida podría prevenir un desastre mayor”, opina un experto en Brown Car Guy. Con rivales como Porsche sufriendo caídas en ventas de EVs de lujo, Balaji podría pivotar hacia ediciones limitadas de combustión para coleccionistas, mientras acelera la electrificación de Land Rover.
Este episodio resuena en un debate más amplio: ¿es el “woke” un veneno para las marcas de lujo? Casos como Bud Light (caída del 26% en ventas por una campaña trans) o Disney (pérdidas de miles de millones por contenido progresista) sugieren que sí, al menos cuando se percibe como inauténtico. Jaguar, con su herencia de James Bond y Le Mans, no era el candidato ideal para un giro radical. McGovern, defensor de la diversidad en el diseño, argumentaba que “el futuro es inclusivo”, pero el mercado votó con su cartera.
En las redes, la noticia ha generado un festín de schadenfreude. El post de UHN Plus acumula más de 500.000 vistas, con comentarios como “Go woke, go broke” multiplicándose en miles. Usuarios latinos, desde México hasta Argentina, comparten memes del Type 00 como un “carro para influencers”, reflejando un escepticismo global hacia el activismo corporativo.
Al final, el despido de McGovern no borra sus triunfos –el Range Rover moderno sigue siendo un best-seller–, pero expone las trampas de la reinvención apresurada. Jaguar debe ahora reconstruir su identidad: ¿volverá el rugido del felino, o se convertirá en un susurro eléctrico? Solo el tiempo, y las ventas, lo dirán. Por ahora, este fiasco “woke” sirve de lección: en el lujo, la autenticidad pesa más que las tendencias virales.
