Diario ASDF — Edición Especial de Datos Retroactivos
En una sorprendente revelación que ha dejado perplejos a historiadores, sociólogos y a prácticamente cualquier persona con nociones básicas de cómo funciona el tiempo, el periodista Javier Ruiz ha afirmado este martes en su espacio de análisis económico que “en 1975, solo el 1,5% de los españoles tenían Netflix”. La frase, pronunciada con absoluta naturalidad y respaldada —según él— por “datos muy serios”, ha abierto un nuevo debate sobre el consumo audiovisual durante la Transición, la veracidad de las estadísticas televisivas y, sobre todo, la posibilidad de que algunos tertulianos hayan alcanzado ya la fase final de la fusión fría conceptual.
La declaración no tardó en viralizarse, no tanto por su profundidad, sino porque, según diversos expertos consultados, Netflix no existía hasta 1997. Y aun así, añadirían otros, España en 1975 apenas tenía color en la televisión, como para tener suscripciones de streaming. Pero Javier Ruiz, imperturbable, mantuvo su afirmación durante toda la emisión, incluso acompañando la frase con gráficos en 3D, barras ascendentes y una fotografía en blanco y negro de la Puerta del Sol con un logo de Netflix claramente añadido con Paint.
A continuación, este diario analiza la trascendencia histórica, técnica y filosófica de semejante dato, así como la épica capacidad del comentarista para vincular plataformas digitales con un año en el que la mitad de España aún estaba discutiendo si los frigoríficos podían tener congelador.
Un gráfico que lo cambió todo
La revelación se produjo durante una de esas secciones televisivas en las que Javier Ruiz presenta gráficos que parecen diseñados para emocionar a economistas y a profesores de Excel avanzado. Según el periodista, el gráfico procedía de “una fuente muy sólida”, que posteriormente identificó como el Instituto Nacional de Datos que Me Invento Mientras Hablo (INDIMH).
En la pantalla pudo verse una diapositiva titulada “Penetración de Netflix en España (1970-1980)”, con una línea roja que ascendía desde el 0,2% en 1972 hasta un 1,5% en 1975, y caía dramáticamente a un 0% en 1976 “por la crisis del petróleo y el aumento del precio de la cuota Premium Familiar Sin Anuncios”.
Según explicó Ruiz con total aplomo:
“En aquella época era habitual que las familias se reunieran los domingos para ver la serie ‘La Casa de Franco’, una producción local disponible en exclusiva en la plataforma. El 1,5% de penetración era un número bajo, pero significativo.”
Preguntado más tarde por esta redacción sobre cómo funcionaba exactamente el streaming en un país donde muchas casas no tenían ni teléfono fijo, Ruiz respondió:
“La gente se apañaba. Había descodificadores analógicos, carretes Betamax conectados por antena parabólica rural y, sobre todo, mucha ilusión.”
Testimonios de españoles que presuntamente tenían Netflix antes de nacer
El Diario ASDF ha recopilado testimonios de ciudadanos que, de manera no del todo voluntaria, fueron entrevistados para comprobar la posible presencia de Netflix durante la Transición.
Mariano, 68 años, explica que recuerda vagamente “algo rojo con una N” pero no está seguro de si era una plataforma audiovisual o la inicial de su vecina Natividad, que tenía la costumbre de marcar los Tupper con su letra.
Carmen, 74 años, dice que en 1975 ella lo que tenía era un televisor con una percha como antena. “Si acaso veía dos canales, uno de ellos borroso. ¿Netflix? Como mucho NetFritos, que es lo que comíamos viendo Estudio Abierto”.
Por su parte, un hombre de 45 años, nacido en 1980, aseguró convencido que él sí recordaba que su padre le ponía Peppa Pig en el 75. Cuando se le indicó que eso era temporalmente imposible, respondió: “Ya, pero es que mi padre era muy de adelantarse a las cosas”.
La reacción de la comunidad histórica y científica
La comunidad académica, como era de esperar, recibió la afirmación con una mezcla de indignación, resignación y ganas de tomarse un Valium colectivo.
El Catedrático de Historia Contemporánea, Luis Barrantes, declaró:
“No sé si estoy más preocupado por la frase o porque la gente la ha debatido seriamente durante horas. A este ritmo, el mes que viene alguien dirá que en 1812 ya había Amazon Prime en Cádiz.”
Mientras tanto, la Asociación Española de Físicos del Tiempo publicó un comunicado urgente:
“Recordamos que el tiempo es lineal, salvo en los casos en que intervendría un agujero de gusano. No tenemos constancia de que Netflix enviara comerciales a España a través de un agujero de gusano.”
La comunidad científica internacional también ha pedido calma. El astrofísico alemán Hans Klemberger afirmó que no descartan la posibilidad de viajes temporales en el futuro, pero que “si alguien viajase al pasado no sería para instalar Netflix en plena dictadura, sino para impedir que se inventara el reguetón”.
Reacción política: todo el mundo culpa a todo el mundo
Como no podía ser de otro modo, la afirmación ha generado reacciones políticas de todos los colores. De hecho, en menos de 48 horas se ha convertido en el nuevo eje del debate nacional, desplazando temporalmente temas de menor importancia como la inflación, la corrupción o los pactos parlamentarios.
Desde la izquierda
Un portavoz de un partido progresista declaró que:
“Es evidente que el acceso desigual a las plataformas digitales durante el franquismo es otra muestra de la desigualdad estructural. Si el dictador hubiera permitido tarifas sociales de Netflix, España habría avanzado mucho antes.”
Otra diputada añadió que el problema no era la cifra en sí, sino que “probablemente el 1,5% correspondía solo a familias adineradas que podían permitirse el plan Ultra HD con cuatro pantallas simultáneas”.
Desde la derecha
En el lado opuesto, una voz conservadora criticó duramente las palabras de Ruiz:
“Esto es revisionismo posmoderno. En España en los 70 se veía ‘Un, dos, tres’ y se daba gracias. Si alguien tenía Netflix sería por enchufe del régimen, probablemente.”
Otro diputado apuntó que si España hubiese tenido Netflix en 1975 “seguro que lo habrían usado para hacer propaganda marxista”.
Los nacionalistas
Un partido independentista aseguró que en Cataluña “la penetración era del 12%”, aunque no aportaron datos, gráficos, testimonios ni lógica alguna.
El impacto cultural: series que no existieron pero ahora sí
Tras la frase de Javier Ruiz, numerosos usuarios de redes sociales comenzaron a construir una memoria colectiva alternativa de series presuntamente emitidas por Netflix durante el franquismo.
Entre las más mencionadas se encuentran:
- “Narcos: Cuenca”, historia ficticia de contrabandistas de ajos en la Serranía durante los 60.
- “Las Chicas del Cable… del 600”, sobre cuatro jóvenes que instalan radios pirenaicas mientras conducen un SEAT 600 que arranca a empujones.
- “Paquita Salas: Orígenes”, ambientada en el 74, con Paquita intentando representar a cantantes de verbena que aún no existían.
- “Stranger Cosas”, versión castiza donde los niños descubren un portal interdimensional en una panadería.
- “La Casa de Papel (Peseta Edition)”, donde un grupo de atracadores decide robar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre para imprimir billetes nuevos que lleven a Lola Flores de protagonista.
Científicos intentan explicar el fenómeno: teoría de la ‘realidad flexible’
Un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Navarra ha acuñado un nuevo término para describir este fenómeno: Realidad Flexible Retroactiva.
Según ellos, se trata de la capacidad de algunas personas, generalmente tertulianos muy expuestos a platós con luces fuertes, para mezclar pasado y presente con absoluta soltura. El cerebro, saturado de información, tiende a reorganizar los recuerdos “como si fueran cubos de un Tetris mal colocado”.
Afirman incluso que no sería descartable que en futuras declaraciones veamos afirmaciones del tipo:
- “En 1492, los Reyes Católicos ya estaban probando el WiFi 5G.”
- “Cleopatra tenía Amazon Prime y por eso le llegaba el maquillaje en dos horas.”
- “En la Edad Media el 80% de los españoles ya tenía coche híbrido, aunque era tirado por mulas.”
La respuesta de Netflix: “No podemos confirmar ni desmentir operaciones en 1975”
Netflix España, consciente de que toda publicidad es buena publicidad, emitió un comunicado extraordinariamente ambiguo:
“No podemos confirmar ni desmentir operaciones comerciales en 1975. Nuestro departamento de arqueología audiovisual está trabajando para esclarecer estos datos.”
El mensaje incluía un emoji de palomitas y una fotografía de una sala de cine antigua con una pantalla en la que aparecían los créditos de Bridgerton.
El comunicado no aclaró nada, pero aumentó espectacularmente el tráfico en redes sociales y, según fuentes internas, provocó una oleada de nuevas suscripciones de usuarios que querían “ver si había alguna serie franquista oculta”.
Conclusión: la posverdad llega a la prehistoria del streaming
Lo ocurrido esta semana demuestra que España ha alcanzado un nuevo nivel en el arte de mezclar datos reales, datos inventados y datos que desafían la física cuántica. Si hasta ahora la posverdad consistía en reinterpretar el presente, Javier Ruiz ha abierto la puerta a reinterpretar el pasado entero con plataformas digitales que no existían, tecnologías que no habían sido inventadas y hábitos de consumo que habrían dejado atónito a cualquier español de la época.
Quizás, en un futuro no muy lejano, se estudie en los colegios la llamada Corriente Posposmodernista Transdigital, definida como “la tendencia de ciertos comunicadores a introducir conceptos futuristas en épocas pasadas sin el más mínimo pudor”.
Hasta entonces, España seguirá reflexionando —o intentando no hacerlo— sobre si en 1975 alguien realmente dijo: “¿Has visto lo último de Netflix?” mientras ajustaba la antena de su televisor de válvulas.
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