Madrid, 26 de enero de 2026 — En un giro sociológico que varios analistas ya califican de punto de inflexión generacional comparable a la invención de la imprenta o la caída del Muro de Berlín, los jóvenes nacidos después de 1997 han decidido, de forma colectiva y aparentemente irreversible, que el consumo de alcohol pertenece al pasado. Según un reciente estudio difundido por Onda Cero y corroborado por múltiples fuentes académicas y de mercado, uno de cada cuatro jóvenes españoles de entre 18 y 29 años ha abandonado por completo las bebidas alcohólicas en 2025, mientras que el resto ha reducido su ingesta a niveles que los expertos definen como “prácticamente testimoniales”.

El fenómeno no se limita a una moda pasajera. Fuentes cercanas al Instituto Nacional de Estadística y al Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías confirman que el consumo habitual de alcohol entre la franja de edad 18-24 ha caído un 35 % en los últimos cinco años, con una aceleración particularmente pronunciada desde 2023. Los motivos aducidos por los propios afectados son múltiples, pero convergen en dos ejes principales: el rechazo al gasto desproporcionado —con copas que en muchas ciudades superan los 12-14 euros— y una priorización absoluta del bienestar físico y mental que convierte al gimnasio, las proteínas en polvo y las bebidas energéticas en los nuevos pilares de la socialización nocturna.

Eva Leal López, profesora ayudante doctora en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y autora principal del informe citado por Onda Cero, explicó en declaraciones exclusivas a este diario: «Estamos asistiendo a un cambio de paradigma cultural de enorme calado. Para la Generación Z, emborracharse ya no representa liberación ni rebeldía; representa, por el contrario, una forma de autodestrucción innecesaria y, sobre todo, cara. Prefieren invertir esas horas y ese dinero en rutinas de entrenamiento que les proporcionen dopamina endógena, claridad mental y estética corporal. El alcohol, en su percepción, es un producto vintage, asociado a los boomers de los años 2000 que ligaban en discotecas de pueblo con camisas de cuadros».

El impacto económico ya se deja sentir en el sector de la hostelería. Asociaciones de bares y discotecas consultadas admiten una caída media del 18 % en ventas de bebidas alcohólicas entre el público joven durante los fines de semana de 2025, compensada parcialmente por un aumento del 240 % en la demanda de bebidas energéticas premium, batidos proteicos y mocktails funcionales enriquecidos con cafeína, taurina, vitaminas del grupo B y, en algunos casos, extractos de hongos adaptógenos. En locales de moda de Madrid, Barcelona y Valencia, las neveras destinadas tradicionalmente a cervezas y combinados han sido reconvertidas en expositores refrigerados de latas de Monster, Red Bull Editions especiales y pre-entrenos con sabores fluorescentes.

Ciudadanos anónimos consultados en las inmediaciones de varios gimnasios 24 horas coinciden en la nueva normalidad. «Antes salíamos con una botella de litro envuelta en bolsa de supermercado. Ahora salimos con cuatro latas de energéticas en la mochila del gym. Es más barato, dura más y al día siguiente no tienes resaca: solo tienes alas», explica un joven de 22 años que prefiere mantenerse en el anonimato. Otro, de 25, añade con solemnidad: «El alcohol era para cuando no sabías qué hacer con tu vida. Ahora sabemos exactamente qué hacer: pecho, hombros, espalda y luego stories con el batido glow-in-the-dark. Control total».

Las reacciones institucionales no se han hecho esperar. El Ministerio de Sanidad ha convocado para las próximas semanas una mesa de diálogo con representantes de la industria de bebidas energéticas, asociaciones de hostelería y expertos en salud pública para evaluar si este viraje hacia la cafeína masiva representa «una oportunidad de salud pública o un riesgo emergente de nuevo tipo». Fuentes del departamento consultadas por el Diario ASDF señalan que, aunque el abandono del alcohol reduce significativamente los ingresos hospitalarios por intoxicaciones etílicas agudas —con una bajada del 42 % en urgencias nocturnas desde 2022—, el incremento en consultas por taquicardias, insomnio crónico y dependencia a estimulantes ha crecido un 67 % en el mismo periodo.

Desde el sector académico, el catedrático de Antropología Cultural de la Universidad de Barcelona, doctor Miguel Ángel Torres, advierte: «Este fenómeno trasciende lo meramente generacional. Estamos ante el fin de una era en la que el alcohol funcionaba como lubricante social universal. La nueva juventud ha sustituido el descontrol etílico por un control hiperracionalizado del cuerpo y la mente. Es comparable, en términos históricos, al paso de las sociedades agrarias a las industriales: un cambio en los rituales de agregación que redefine la identidad colectiva durante décadas».

En las redes sociales, el debate se ha polarizado. Mientras algunos usuarios veteranos lamentan la desaparición del botellón como institución cultural —«Sigo oliendo a vómito y colonia barata cada sábado a las cuatro de la mañana y no pienso renunciar a ello», escribe un perfil verificado de 38 años—, otros celebran el cambio con entusiasmo casi mesiánico: «14 euros por un cubata es un atraco a mano armada. Prefiero gastarme 4,50 en un Monster Ultra y sentirme Thor después de hombros. Mucho más sostenible emocionalmente».

Expertos en marketing consultados coinciden en que las marcas de bebidas alcohólicas enfrentan su mayor desafío desde la Ley Seca estadounidense. Las grandes cerveceras y destilerías han lanzado en los últimos meses líneas de productos 0,0 % con perfiles organolépticos agresivos —cervezas con sabor a “fiesta tropical” o ginebras sin alcohol con notas de “after gym”—, pero los datos preliminares indican que apenas logran captar al 12 % de los jóvenes que han abandonado el alcohol por completo.

El cierre de esta transformación cultural parece inevitable. Diversos observatorios internacionales, entre ellos el Instituto IWSR y Gallup, proyectan que para 2030 menos del 40 % de los jóvenes europeos de entre 18 y 29 años consumirá alcohol de forma regular, frente al 78 % registrado en la generación millennial a la misma edad. España, tradicionalmente uno de los países con mayor consumo per cápita, podría convertirse en el laboratorio mundial de esta nueva sobriedad estimulada.

En palabras de una fuente cercana al Gobierno consultada bajo condición de anonimato: «Hemos pasado de temer el botellón a temer el sobreentrenamiento con cafeína. No sabemos si es mejor o peor, pero sin duda es diferente. Y esa diferencia podría marcar el comienzo de una nueva civilización».

El Diario ASDF seguirá informando sobre las consecuencias de este viraje histórico, que algunos ya denominan, sin ironía alguna, “la gran sobriedad energética”.

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