Redacción ASDF — En una comparecencia conjunta celebrada simultáneamente en una sede social, un centro cultural autogestionado y una cafetería con Wi‑Fi irregular, los principales referentes de la izquierda española han anunciado que aquello que durante décadas fue presentado como “la izquierda” no era, en realidad, la izquierda auténtica. La auténtica izquierda —explicaron— estaba en otro sitio, probablemente detrás de un concepto, un matiz, o un hilo de X de 17 mensajes que se perdió en 2018.

El comunicado, leído con solemnidad y pausas estratégicas para subrayar la complejidad del asunto, aclara que la confusión ha sido generalizada, persistente y, en algunos casos, intencionada. “Entendemos el desconcierto ciudadano”, dijo una portavoz rotatoria, “pero no es culpa de la gente. Es culpa de la izquierda que parecía izquierda, actuaba como izquierda y se presentaba a las elecciones como izquierda, cuando en realidad no lo era”.

Un error histórico asumido con normalidad

Según la nota oficial, el malentendido se remonta al menos a los últimos cuarenta años, aunque no se descarta que tenga raíces más profundas, quizá en la Transición, o incluso antes, cuando alguien utilizó mal una palabra y nadie quiso corregirla por educación. “Durante todo este tiempo”, prosigue el texto, “hemos llamado izquierda a algo que solo era un borrador, una versión beta, una izquierda de prueba gratuita”.

Lejos de pedir disculpas, los dirigentes explicaron que el error debe interpretarse como un proceso pedagógico. “Ha sido una experiencia de aprendizaje colectivo”, señalaron, “una especie de simulacro democrático para que la ciudadanía se fuera acostumbrando a conceptos como justicia social, igualdad y siglas cambiantes”.

Varios asistentes preguntaron si, entonces, habían estado votando algo que no existía. La respuesta fue tranquilizadora: “Han estado votando, sí. Lo que pasa es que no era eso”.

La verdadera izquierda, ahora sí

La comparecencia sirvió también para presentar, de manera preliminar, la “verdadera izquierda”, que esta vez sí lo será de forma definitiva, salvo nuevas aclaraciones futuras. Se trata, según explicaron, de una izquierda “más izquierda”, “auténticamente auténtica” y “libre de las impurezas que caracterizan a las izquierdas anteriores, incluidas las de ayer por la mañana”.

Entre sus principales rasgos se encuentran:

  • Un compromiso inequívoco con valores progresistas, siempre que se definan correctamente.
  • Una distancia crítica respecto a cualquier gestión pasada, incluso si fue realizada por las mismas personas que ahora toman la palabra.
  • Una capacidad constante de redefinición, por si la realidad vuelve a malinterpretar el concepto.

Un experto invitado al acto resumió la propuesta con una metáfora: “La izquierda hasta ahora era un yogur caducado que seguíamos llamando yogur. La nueva izquierda es un fermento vivo, que puede cambiar de sabor según la temperatura social”.

Reacciones internas: sorpresa contenida

Dentro del propio espacio progresista, el anuncio fue recibido con una mezcla de alivio y desconcierto. Militantes veteranos reconocieron sentirse “ligeramente confundidos, pero en línea con lo habitual”. “Llevo treinta años defendiendo la izquierda”, dijo uno de ellos, “y me tranquiliza saber que nunca fue la izquierda, porque eso explica muchas cosas”.

Las juventudes de varias formaciones celebraron la noticia en redes sociales con mensajes del tipo “por fin” y “ya era hora”, aunque sin concretar exactamente a qué se referían. Un portavoz juvenil explicó que “la izquierda verdadera siempre ha sido una idea, no una estructura, y ahora esa idea por fin se va a explicar en un documento de 200 páginas que saldrá cuando esté listo”.

La oposición toma nota

Desde otros sectores políticos, la reacción fue de cautela. Un representante conservador afirmó que “respetan profundamente la decisión de la izquierda de no ser lo que era”, aunque admitió que “para el votante medio puede resultar un poco mareante”. Otro portavoz se mostró más directo: “Si lo de antes no era izquierda, exigimos saber qué era, porque llevamos años discutiendo contra eso”.

En círculos parlamentarios se comenta que este anuncio podría obligar a rehacer debates completos de legislaturas pasadas. “Si nadie era realmente izquierda”, señaló un diputado, “igual tampoco hubo derecha, y hemos estado todos discutiendo con hologramas ideológicos”.

Los politólogos, encantados

El colectivo más beneficiado por la noticia parece ser el de los analistas políticos, que ya preparan libros, columnas y seminarios para explicar el fenómeno. “Es un momento histórico”, afirmó una catedrática, “porque confirma algo que sospechábamos: los conceptos políticos no mueren, se rebrandizan”.

Según estos expertos, el anuncio abre la puerta a una nueva etapa discursiva en la que cualquier error pasado podrá atribuirse a una izquierda incorrecta. “Es una solución elegante”, apuntan, “porque permite empezar de cero sin mover a nadie de sitio”.

El ciudadano medio, expectante

En la calle, las reacciones han sido más prácticas. Muchos ciudadanos reconocen que no saben exactamente qué cambia, pero se muestran dispuestos a escuchar. “Si ahora sí es la buena”, comentaba una vecina, “pues vale. Pero que avisen cuando deje de serlo”.

Otros se preguntan si la nueva izquierda implicará cambios concretos en su día a día. Al respecto, los portavoces fueron claros: “Habrá cambios, pero sobre todo habrá explicaciones sobre por qué los cambios tardan”.

Un joven entrevistado resumió el sentir general: “Yo pensaba que la izquierda era lo que decía ser izquierda. Resulta que no. Bueno. Tampoco pasa nada. Total, mañana igual hay otra”.

Un proceso abierto (y revisable)

La noticia concluye con una advertencia importante: la definición de la verdadera izquierda queda abierta a revisión permanente. “No queremos caer en dogmatismos”, aclararon. “Si dentro de unos años descubrimos que esta izquierda tampoco era la buena, lo diremos con total transparencia”.

Mientras tanto, se ha creado una comisión para vigilar que la izquierda sea efectivamente izquierda, compuesta por representantes, observadores externos y una subcomisión encargada de redefinir términos cuando sea necesario.

Desde el Diario ASDF seguiremos informando de este apasionante proceso en el que la izquierda, una vez más, avanza con paso firme hacia la clarificación definitiva de sí misma, sin descartar que, en el camino, vuelva a descubrir que no era exactamente lo que creía ser.

Porque si algo ha quedado claro hoy es que, en política, la realidad puede cambiar, pero la explicación siempre llega después.

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