Madrid, 1 de diciembre de 2025 — La tradicional Cabalgata de Reyes vuelve a estar en el centro de una tormenta política, cultural y emocional. Esta vez, el protagonista involuntario es el rey Baltasar, a quien diversos colectivos de la izquierda radical han decidido señalar como “figura problemática”, “elemento de opresión simbólica” y “manifestación folklórico-colonial de un pasado que debe ser abolido antes de que siga dañando a las infancias”.
Lo que hasta hace unos años era una noche de caramelos, paraguas rotos y padres intentando no perder a sus hijos entre multitudes, ahora se ha convertido —según fuentes del Ayuntamiento— en “una batalla ideológica más intensa que una tertulia de madrugada”.
La propuesta, presentada esta mañana frente a la Junta Municipal del Distrito Centro, afirma que Baltasar debe ser reemplazado por “una figura más representativa, más horizontal y menos impregnada de estructuras opresivas”. El documento de 46 páginas incluye gráficos, ilustraciones explicativas y una infografía titulada “Cómo descolonizar a los Reyes Magos sin que se note demasiado”.
Una reivindicación inesperada… o no tanto
El colectivo convocante, que responde al nombre de Asamblea Popular Contra la Festividad Vertical (APCFV) —formado por activistas, expertos en simbología postcolonial y tres señores que pasaban por allí— ha argumentado que la figura de Baltasar “no solo reproduce clichés raciales instaurados desde la Edad Media, sino que además lo hace sin contrato fijo, con túnica y en camello, un medio de transporte que no cumple ningún estándar de sostenibilidad”.
Según su portavoz, una joven estudiante de antropología que prefiere ser citada bajo el alias de “Bruma Desobediente”, el problema no está únicamente en el color de piel del personaje, sino en “la representación jerárquica, arcaica y heteropatriarcal que supone que tres varones monárquicos entreguen regalos a menores sin realizar previamente una consulta ciudadana”.
A preguntas de la prensa, Bruma amplió su argumentario:
“No pedimos solo la eliminación de Baltasar. Pedimos una revisión completa del imaginario. Melchor y Gaspar también reproducen estructuras de dominación, aunque en su caso es más un tema de edad, clase social y uso del oro como símbolo de acumulación. Lo que exigimos es una cabalgata más plural, más inclusiva y más consciente de la historia. Y, si puede ser, con tres figuras electas mediante sorteo ciudadano”.
Los periodistas tomaron nota. Algunos parpadearon varias veces.
¿Qué proponen exactamente?
La propuesta concreta contempla sustituir a Baltasar por una figura llamada “Agente de la Diversidad Nº 3”, que, según su diseño preliminar, vestiría un mono de trabajo color beige sostenible y repartiría bolsas biodegradables llenas de mensajes motivadores en braille, euskera, QR y lenguaje inclusivo simultáneamente.
Entre los papeles presentados se identifican otras propuestas alternativas:
- “Rey No-Binario de la Diversidad Interseccional”, acompañado por un séquito de 24 intérpretes de lengua de signos flotante.
- “Mensajero Anónimo del Futuro Descolonizado”, que no habla, no mira y no saluda “para no reproducir dinámicas visuales de poder”.
- “Gran Figura Vacía”, una carroza completamente sin personajes, diseñada para “invitar a la reflexión sobre la ausencia de narrativas no opresivas”.
Además, el documento incluye la propuesta de sustituir los caramelos tradicionales por “snacks simbólicos”, como pequeñas pastillas de tofu festivo, granos de quinoa solidaria y confeti de papel reciclado con frases como “Cuestiónate tu privilegio antes de comerte esto”.
Reacciones políticas: un espectáculo paralelo
Como no podía ser de otra manera, las reacciones políticas han sido inmediatas, amplias y, en algunos casos, extraordinariamente creativas.
Ayuntamientos conservadores
Varios ayuntamientos gobernados por la derecha han calificado la propuesta de “disparate”, “ofensa a las tradiciones” y “nuevo capítulo de un manual apócrifo de ingeniería social experimental”.
El alcalde de un municipio madrileño cuya identidad es innecesario mencionar declaró:
“Mientras yo sea alcalde, los Reyes Magos seguirán siendo Sus Majestades tradicionales, montados en sus camellos tradicionales y lanzando caramelos tradicionales capaces de fracturar cráneos si te pillan desprevenido. Esto es España”.
Partidos de izquierda institucional
Por su parte, algunos partidos de izquierda institucional se han mostrado “abiertos al diálogo” —expresión que, según expertos, puede significar cualquier cosa entre “vamos a ignorarlo” y “igual mañana cambiamos de opinión”.
Uno de sus portavoces señaló:
“Entendemos las preocupaciones y debemos reflexionar colectivamente sobre si la iconografía actual reproduce estructuras de dominación. Dicho esto, creemos que la cabalgata no debería convertirse en una asamblea a cielo abierto, porque a los niños se les hace de madrugada”.
Izquierda radical: división interna
Paradójicamente, dentro de los colectivos más radicales la propuesta ha generado tensiones. Algunos consideran que eliminar a Baltasar se queda corto, y que la cabalgata entera debería transformarse en “un acto de pedagogía política sin música, sin luces y sin entretenimiento”.
Otros creen que es demasiado, y proponen mantener a los Reyes Magos siempre que “firmen un manifiesto anticolonial antes del desfile”.
Una tercera corriente —conocida como “los pragmáticos”— acepta conservar la figura, pero solo si se cambia su biografía oficial: Baltasar pasaría a ser “un antiguo sindicalista panafricano que reparte juguetes hechos a mano en cooperativas locales”.
Los comerciantes, en estado de máxima preocupación
Mientras tanto, los comerciantes del centro de Madrid observan la polémica con un sentimiento que oscila entre el desconcierto y el terror económico.
Según la Asociación de Comerciantes del Eje Cabalgatil Unido (nombre real, lamentablemente), la cabalgata supone una parte fundamental del consumo navideño y cualquier alteración, por extravagante que sea, puede provocar “efectos imprevisibles”.
Uno de los portavoces explicó:
“Si nos quitan al rey Baltasar, ¿qué hacemos con los disfraces que tenemos almacenados? ¿Quién va a comprar 4.000 turbantes de lentejuelas ecológicas? ¿Cómo se supone que ajustamos los precios si ahora quieren repartir quinoa en lugar de caramelos? Nosotros necesitamos certezas, no una tesis doctoral en antropología poscolonial”.
Las familias opinan: cansancio, confusión y resignación
Las familias, por su parte, parecen divididas en tres grandes categorías:
- Los que están hartos:
Padres que solo quieren que sus hijos coman caramelos, vean a sus tres señores vestidos con túnicas y vuelvan a casa a una hora razonable.
“Yo lo que quiero es dormir”, dijo uno. - Los que no entienden nada:
“¿Pero no era Baltasar el que caía bien?”, preguntaba una madre con expresión de derrota filosófica. - Los que están a favor de la polémica, pero no saben muy bien por qué:
“Mira, yo apoyo todo lo que sea progresista, aunque no sé si esto lo es. Pero por si acaso, digo que sí”.
Un sociólogo consultado por ASDF describe este fenómeno como “adhesión simbólica preventiva”, cada vez más común en contextos de discusión pública compleja.
La polémica del pintado de piel
Como cada año, el asunto del blackface ha entrado en la ecuación con toda su potencia. En muchos municipios pequeños, donde el presupuesto no da para contratar a un Baltasar realmente racializado, sigue siendo habitual que un vecino voluntario se pinte la cara.
Los colectivos de la APCFV no solo rechazan esta práctica, sino que la consideran “un crimen simbólico comparable a lanzar confeti en formato imperialista”.
“Pero es que no tenemos a nadie más”, responde el concejal de fiestas de una localidad asturiana. “A ver si alguien quiere venirse aquí a pasar frío en enero para ser rey mago. Si supieran lo que pesa la capa y lo mal que huelen los camellos…”.
Expertos en historia: “calma, por favor”
Para intentar arrojar luz, varios historiadores han intervenido en el debate, recordando que la figura de Baltasar no siempre fue representada como africano, y que de hecho no existe consenso histórico sobre su origen.
Una catedrática explicó:
“La iconografía del rey negro surgió en la Edad Media para simbolizar la universalidad del mensaje cristiano, no para reproducir una estructura racista. Pero entiendo que intentar explicar esto en redes sociales es como gritar en un tornado”.
Propuestas alternativas que han surgido a raíz del debate
Como ocurre en toda polémica nacional, han empezado a aparecer propuestas alternativas elaboradas por personas que probablemente no han dormido demasiado. Entre ellas:
- “Los Reyes Veganos”, que en lugar de regalos reparten consejos nutricionales.
- “Los Reyes Anónimos”, que acuden con pasamontañas para no generar vínculos de poder a través de la mirada.
- “Las Tres Inteligencias Artificiales Magas”, que llegarían en drones y aceptarían cartas únicamente en formato PDF.
- “El Rey Baltasar 2.0”, una versión robotizada con sensores, diseñado para evitar cualquier tipo de interpretación racista accidental.
El Ayuntamiento toma una decisión tentativa
Ante la presión mediática, el Ayuntamiento ha informado que abrirá “un proceso de escucha activa” que durará aproximadamente tres semanas y costará unos 300.000 euros.
Este proceso incluirá:
- talleres participativos,
- consultas públicas,
- debates en streaming,
- un foro ciudadano moderado por un experto en festivos,
- y un chatbot experimental que explicará por qué Baltasar no puede emitir comunicados oficiales sin vulnerar sus derechos metafóricos.
Mientras tanto, la concejalía de Cultura ha pedido prudencia: “A día de hoy, no hay decisión ninguna. Baltasar sigue siendo rey. Al menos hasta nuevo aviso”.
Conclusión: España, en su mejor versión
Una vez más, España ha demostrado su capacidad de convertir cualquier festividad infantil en un conflicto político de dimensiones épicas. Lo que comenzó como una propuesta de un pequeño colectivo ha escalado en cuestión de horas hasta convertirse en trending topic, debate en prime time, confrontación territorial y conversación incómoda en sobremesas familiares.
El país entero se encuentra en estos momentos reflexionando —o fingiendo que reflexiona— sobre si mantener la figura de Baltasar es un acto de tradición entrañable, un síntoma de opresión estructural o simplemente una excusa más para discutir sin tregua hasta Reyes, Semana Santa o lo que venga después.
Lo único seguro es que, gobierne quien gobierne la cabalgata, los niños seguirán persiguiendo caramelos, los padres seguirán intentando mantener la cordura y los camellos seguirán ignorándolo todo con dignidad profesional.
Hasta que alguien proponga eliminarlos también por “especies no sindicalizadas”.
