Madrid — La tensión política volvió a estallar ayer en la madrileña calle Ferraz, donde un grupo de manifestantes, compuesto en su inmensa mayoría por octogenarios, jubilados avezados y un número sorprendentemente alto de personas que acudieron con muletas ortopédicas de fabricación nacional, fue disuelto mediante una contundente actuación policial. La intervención, descrita por las autoridades como “quirúrgica, profesional y absolutamente necesaria”, ha generado un amplio debate político… aunque solo entre quienes no estaban celebrando en redes sociales.
Según fuentes oficiales, la manifestación no estaba autorizada, no había solicitado permisos y, lo que es más preocupante, incluía a varios individuos que habían llegado caminando a un ritmo “sospechosamente lento”, lo cual fue interpretado por los mandos policiales como una posible táctica de infiltración subversiva. “No debemos confundir lentitud con inocencia”, explicó uno de los portavoces de la delegación del Gobierno. “A veces, los movimientos más peligrosos son los que avanzan despacio.”
Una amenaza geriátrica sin precedentes
Los manifestantes, muchos de ellos exfontaneros, exfogoneros, exfuncionarios, ex-todo, llegaron a Ferraz cargados con pancartas que exigían explicaciones, reformas o simplemente un sitio donde poder sentarse porque la cadera ya no da para más. Las imágenes difundidas por varios canales muestran a un nutrido grupo de ancianos ataviados con bufandas de lana, chaquetas de entretiempo y ese tipo de gorro de pana que, según un informe de un politólogo aficionado a las teorías imposibles, es “señal inequívoca de radicalización ideológica por encima de los 78 años”.
En los vídeos puede observarse a una mujer de 84 años intentando avanzar entre la multitud con ayuda de dos muletas mientras grita algo que suena vagamente a “¡Queremos saber!”, aunque un diputado del ala más entusiasta de la izquierda aseguró haber identificado claramente “¡Viva el desorden constitucional!” gracias a un software de análisis de audio que, según él, “detecta vibraciones fachas ultrafinas”.
Junto a ella, un anciano de 92 años levantaba pacíficamente un bastón telescópico articulado. La Policía, en su informe preliminar, describió el objeto como “arma contundente de madera de nogal de impacto variable”.
Una carga “moderada, proporcionada y con cariño”
La intervención policial comenzó cuando varios manifestantes intentaron desafiar el perímetro de seguridad avanzando, según el atestado, “a una velocidad de entre 0,3 y 0,5 km/h, lo que dificultó la anticipación operativa”. Al verse rodeados, algunos agentes procedieron a realizar empujones estratégicos, golpes tácticos y, en casos puntuales, maniobras de “redirección asistida hacia el suelo” que culminaron con varios octogenarios sentados de golpe.
Fuentes policiales aseguran que, pese a las apariencias, los golpes fueron “suaves, casi afectuosos”. Uno de los mandos explicó: “Cuando un anciano cae, siempre genera impacto mediático, pero es física básica. A esa edad cualquier cosa parece dramática: un resbalón, un soplo de viento, un tuit. Nosotros empujamos con mucha suavidad, pero claro, la gravedad es reaccionaria.”
La Delegación del Gobierno ha defendido la actuación alegando que la Policía empleó únicamente “la fuerza imprescindible” y que, de hecho, varios agentes sufrieron lesiones leves mientras esquivaban muletas agitadas con un ímpetu que recordaba a “los bailes de San Vito, pero con motivación ideológica”.
La izquierda, en celebración coordinada
Mientras los ancianos eran desalojados, en redes sociales se produjo un fenómeno sociológico digno de estudio: cientos de cuentas identificadas ideológicamente con la izquierda moderada, radical, posmoderna, transtemporal y autofinanciada comenzaron a felicitarse mutuamente por lo que calificaron como “una victoria de la democracia frente a la amenaza ultra”.
“Es que no se puede permitir que 50 fachas decrépitos vengan a intimidarnos con sus andadores”, escribió un conocido activista en X. “Hoy la Policía ha protegido a España del peligro geriátrico.”
Otro usuario celebró que, gracias a la intervención policial, “se ha parado un intento de insurrección muy bien disimulado bajo cataratas, audífonos y cremas para la artrosis”.
Varios diputados de partidos progresistas también se pronunciaron. Una parlamentaria declaró: “Cuando vimos las imágenes nos dio miedo. Una señora levantó la muleta y yo pensé: ya está, empieza el ataque coordinado. Esta gente lleva años entrenando en el Imserso.”
El portavoz de un grupo parlamentario incluso llegó a pedir públicamente medallas para los agentes “por enfrentarse a un grupo radicalizado expertísimo en técnicas de lentitud intimidatoria”.
Los manifestantes: “Solo queríamos protestar y que nos dejaran volver a casa antes de que empezara El Hormiguero”
Por su parte, los participantes en la protesta han ofrecido un relato muy distinto. Algunos aseguraron que no entendieron por qué la Policía se puso nerviosa, ya que la única estrategia que llevaban preparada era “quejarse alto y fuerte antes de que empezaran a doler las rodillas”.
Un hombre de 87 años, aficionado al dominó y a enviar notas de voz de seis minutos, explicó: “Yo levanté la muleta porque me picaba el gemelo, no porque fuera a pegar a nadie. Si yo ya no tengo fuerza ni pa’ abrir los botes de pepinillos, cómo voy a levantar una muleta con mala intención.”
Una mujer de 79 relató que, cuando la Policía cargó, ella solo pensaba en no perder el equilibrio: “A mí me empujaron y yo pensé: ya está, me reviento la cadera. Pero mira, he aguantado, que para eso hago pilates de bajo impacto desde 2009.”
Varios manifestantes denunciaron también que algunos agentes les hablaron con un tono innecesariamente formal. “A mí me dijeron ‘proceda a abandonar la calzada’, así, con esas palabras. Y yo contesté: ‘¿pero no ve que voy lo más rápido que puedo?’. Es que hay que tener mal perder, ¿eh?”, comentó un señor indignado.
Analistas políticos: “Lo sorprendente no es la carga, sino que estos ancianos sigan protestando con la que está cayendo”
Diversos analistas consultados por el Diario ASDF coinciden en que el episodio es una muestra más del deterioro del clima político y de la creciente tendencia a interpretar cualquier protesta como una amenaza existencial para la democracia, el gobierno, la estabilidad institucional o, en casos extremos, la seguridad de las terrazas de Madrid.
“Estamos en un momento en el que un grupo de jubilados con muletas puede ser visto como un peligro fascista, y un grupo de jóvenes con bengalas puede ser visto como un peligro antifascista. El criterio ya no es ideológico, es estético”, explicó una socióloga experta en estudios sobre la histeria colectiva contemporánea.
Según ella, la política española ha entrado en una fase en la que cualquier manifestación es automáticamente catalogada como extremista, salvo que sea organizada por la propia ideología de quien la comenta. “Si estos ancianos hubiesen llevado pancartas progresistas, ahora serían héroes intergeneracionales. Pero llevaban bufandas marrones. Y no hay nada que asuste más a la izquierda postmoderna que un abuelo con bufanda marrón.”
Los vídeos virales: muletas, bastones y un ritmo cardiaco en zona de peligro
Las imágenes difundidas por los manifestantes han generado miles de reacciones. En uno de los vídeos más compartidos se ve a un grupo de policías empujando suavemente a un anciano que tarda exactamente 27 segundos en caer. La escena ha sido interpretada por algunos como muestra de brutalidad y por otros como evidencia del “comportamiento pasivo-agresivo del fascismo senil”, según un popular influencer progresista.
Otro vídeo muestra a una abuela avanzando hacia la Policía con una muleta rosa. Vistos los comentarios, muchos usuarios parecen participar en una especie de concurso por ver quién formula la metáfora política más exagerada. “Esto es como si los nazis hubieran tenido osteoporosis”, escribió un usuario. “Se viene una noche de los bastones rotos”, añadió otro.
La Policía, por su parte, ha solicitado que se dejen de compartir los vídeos porque, según dicen, “podrían generar lecturas equívocas sobre la proporcionalidad aplicada”. En su versión oficial insisten en que, debido a la edad avanzada de los manifestantes, la caída de cualquiera de ellos “parece peor de lo que realmente es”.
Conclusión: España, país donde un anciano con muleta es un peligro… si protesta del lado equivocado
El incidente ha dejado claras varias cosas: que los octogenarios siguen teniendo fuerza suficiente para movilizarse; que cualquier protesta en Ferraz será interpretada según convenga políticamente; y que una muleta, ese objeto diseñado para ayudar a caminar, se ha convertido oficialmente en arma ideológica.
La izquierda ha celebrado la actuación policial como una victoria contra el fascismo geriátrico, la derecha ha denunciado una represión injustificada y los ancianos, en su mayoría, solo quieren que les devuelvan las muletas que quedaron tiradas en el asfalto.
Mientras tanto, Ferraz vuelve a la normalidad, la polémica continúa en redes sociales y los jubilados desalojados ya han anunciado, en un comunicado escrito con letra temblorosa pero firme, que volverán a manifestarse “cuando el reuma y la meteorología lo permitan”.
