En un vecindario donde las disputas entre vecinos solían resolverse con cartas al portero o miradas de reojo, un hombre ha decidido que la paciencia tiene límites y ha llevado la venganza al siguiente nivel. Según fuentes completamente inventadas pero absolutamente confiables, el afectado —un residente de mediana edad conocido entre sus amigos como “El Paciente”— decidió hacerle pagar al vecino molesto con un plan que haría temblar a cualquier amante del silencio.
Todo comenzó hace aproximadamente tres meses, cuando el vecino del piso superior, apodado “El DJ Nocturno” por su afición a poner música a toda hora, empezó a convertir su apartamento en lo que él consideraba una “discoteca privada”. Desde los primeros compases de reguetón hasta los finales de set de techno experimental, los golpes de bajo y los solos de sintetizador resonaban por todo el edificio. “Era imposible dormir, incluso usando tapones de oídos de doble densidad”, recuerda El Paciente con una expresión que mezcla frustración y orgullo por lo que estaba por venir.
La gota que colmó el vaso, según fuentes cercanas a la víctima de esta sonora tortura, fue una noche particularmente intensa en la que El DJ Nocturno decidió hacer un “maratón de karaokes” en medio de la madrugada. El Paciente, que había tenido un día largo en el trabajo, decidió que era hora de actuar. Pero no de cualquier forma: su plan fue tan meticuloso como la construcción de un rascacielos en miniatura con palillos de dientes y chicle.
El plan maestro
El primer paso fue la investigación. Durante semanas, El Paciente estudió los hábitos de su vecino, aprendió sus horarios y hasta detectó sus canciones favoritas. “No es que fuera un stalker, simplemente quería conocer su rutina para maximizar el impacto de mi venganza”, aseguró mientras mostraba un tablero de corcho con post-its, flechas y gráficos que cualquier general en plena campaña militar envidiaría.
Con esta información, El Paciente se lanzó a crear lo que él denomina “el arma definitiva contra el ruido”. Consistía en un dispositivo que combinaba altavoces de alta potencia, generadores de sonidos molestos y un sistema de luces estroboscópicas sincronizado con los ruidos de la calle. La idea era simple: convertir el apartamento del DJ Nocturno en una experiencia sensorial tan perturbadora que incluso el más avezado clubber consideraría mudarse a otro país.
Pero no todo era tecnología. El Paciente incorporó tácticas psicológicas. Cada hora, el altavoz reproducía grabaciones de su propia voz cantando con desafinado entusiasmo, intercaladas con sonidos de animales imposibles de identificar y efectos de eco que hacían que cualquier persona que entrara en el apartamento sintiera que estaba dentro de un túnel de espejos infinitos.
La ejecución
El día de la venganza llegó un viernes, a las 18:43, una hora que el Paciente había determinado como “óptima” según sus cálculos de máxima irritación. Mientras El DJ Nocturno se encontraba fuera, presumiblemente comprando vinilos de edición limitada o practicando pasos de baile en el salón, el Paciente instaló su “sistema de castigo” con precisión quirúrgica. Incluso colocó sensores que activaban sonidos extraños cuando el vecino intentaba usar cualquier aparato electrónico, de manera que hasta encender la cafetera se convirtiera en una experiencia terrorífica.
Al volver, el DJ Nocturno se encontró con su apartamento transformado en lo que algunos expertos describen como un “infierno doméstico de sonido y luz”. Los vecinos, desde sus propios pisos, comenzaron a llamar a la policía creyendo que se trataba de un terremoto o, en algunos casos, un experimento militar secreto. “Nunca había escuchado algo así en mi vida”, declaró un residente que prefirió mantener el anonimato pero que asegura haber considerado mudarse a otro continente temporalmente.
Reacciones del vecindario
La noticia se difundió rápidamente, y los residentes del edificio comenzaron a manifestar opiniones encontradas. Algunos aplaudían la creatividad del Paciente, señalando que el vecino ruidoso “se lo merecía” y que, de paso, todos habían aprendido una valiosa lección sobre la convivencia. Otros, más prudentes, expresaban su preocupación por los niveles de ruido y el riesgo de que los sistemas eléctricos del edificio sufrieran algún daño.
Curiosamente, las redes sociales también jugaron un papel fundamental. Vecinos de otras ciudades comenzaron a enviarle memes, videos y sugerencias de cómo perfeccionar su “venganza sonora”. Desde tutoriales de cómo integrar máquinas de humo con sirenas de barco hasta ideas para usar altavoces flotantes conectados a drones, la creatividad colectiva no tenía límites. El Paciente, por su parte, aseguró que ya estaba trabajando en una versión 2.0, aunque no reveló detalles, dejando a todos en un estado de anticipación constante.
Aspectos legales y éticos
Expertos en derecho vecinal consultados para este reportaje inventado señalaron que, aunque la venganza del Paciente fue “imaginativa y entretenida”, podría tener consecuencias legales. “Interferir con la tranquilidad de otro residente puede ser considerado acoso o alteración del orden público”, explicaron. Sin embargo, agregaron con un guiño: “también es cierto que nunca habíamos visto un caso donde la creatividad y la paciencia se combinaran de manera tan espectacular”.
El Paciente, consciente de estas advertencias, afirmó que su intención nunca fue causar daño físico, sino simplemente hacer reflexionar al vecino sobre sus hábitos nocturnos. “Si después de esto decide poner música a volumen moderado, habré cumplido mi objetivo”, declaró mientras ajustaba un temporizador para que los sonidos se reprodujeran cada media hora.
Lecciones para la convivencia
Aunque la historia podría parecer absurda, muchos vecinos aseguran que dejó lecciones sobre la importancia del respeto y la comunicación. Algunos propusieron crear un manual de convivencia sonora, donde se incluyan estrategias de prevención de conflictos y formas creativas (pero legales) de resolver disputas. Entre las sugerencias más curiosas se encuentran:
- Competencias de ruidos: Cada vecino podría tener una franja horaria para reproducir sonidos estrafalarios sin molestar al resto.
- Intercambio de melodías desagradables: Similar al sistema de Paciente, pero con supervisión comunitaria.
- Días temáticos: Una vez al mes, los vecinos podrían organizar un “festival de ruidos” para liberar tensiones colectivas.
Aunque estas ideas no se han implementado aún, muestran cómo un conflicto individual puede inspirar soluciones imaginativas a nivel comunitario.
La perspectiva del vecino molesto
Por su parte, El DJ Nocturno, entrevistado desde un anonimato cuidadosamente preservado, declaró que la experiencia fue un shock total, aunque admitió que “quizás había ido demasiado lejos con la música”. Según él, los primeros cinco minutos pensó que su apartamento había sido invadido por extraterrestres, y los siguientes cuarenta minutos consideró mudarse a una cueva en los Pirineos.
No obstante, en un giro inesperado, afirmó que ahora tiene un nuevo respeto por la paciencia humana y que ha empezado a tomar clases de mindfulness para evitar molestar a otros vecinos en el futuro. “Si hubiera sabido que alguien podía inventar algo así, habría sido mucho más considerado”, concluyó.
Conclusión
La historia del Paciente y El DJ Nocturno se ha convertido en un fenómeno viral completamente inesperado. No solo ha dado lugar a memes, videos y debates sobre la convivencia, sino que también ha generado una discusión sobre los límites de la creatividad aplicada a la venganza. Mientras algunos celebran la audacia y el ingenio, otros advierten sobre los riesgos de pasar del ingenio al acoso.
Lo cierto es que este caso, totalmente inventado pero plausible en el mundo absurdo del Diario ASDF, demuestra que la paciencia tiene límites y que, a veces, la venganza puede ser tan meticulosa, elaborada y espectacular que trasciende el conflicto original y se convierte en una obra maestra de la creatividad vecinal.
📌 Nota del diario:
El Paciente y su vecino han decidido no poner denuncias formales y han llegado a un acuerdo para respetar los horarios de descanso. Se especula que podrían organizar un taller de “venganza creativa vecinal” abierto al público, aunque esto aún no ha sido confirmado.
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