Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y hasta Cuenca —que nunca pierde la oportunidad de subirse a nada— amanecieron este fin de semana convertidas en un insólito mapa de pancartas, megáfonos y consignas confusas. Miles de personas, según los organizadores; “varios conocidos y dos señores que pasaban por ahí”, según la Delegación del Gobierno, salieron a la calle para exigir la inmediata liberación de Donald J. Trump, presuntamente retenido por el presidente venezolano Nicolás Maduro en un lugar secreto, probablemente con aire acondicionado intermitente.
Las manifestaciones, convocadas de forma simultánea a través de cadenas de WhatsApp, foros con fondo negro y mayúsculas permanentes, y una cuenta de X llamada @LibertadParaDonald_Oficial_Definitiva, reunieron a ciudadanos de perfiles muy diversos: desde jubilados con banderas que no correspondían a ningún país conocido hasta jóvenes que aseguraban estar allí “porque había ambiente y luego cañas”.
Pancartas, consignas y una ligera confusión geopolítica
Las imágenes eran contundentes: pancartas con lemas como “FREE TRUMP”, “MADURO SUÉLTALO YA (O CUANDO PUEDAS)”, “VENEZUELA NO ES MIAMI” y “DONALD AGUANTA, ESPAÑA TE PIENSA”. En Madrid, la Puerta del Sol quedó completamente tomada por manifestantes que coreaban consignas mezclando español, inglés y frases que parecían sacadas de galletas de la fortuna.
—“What do we want?”
—“¡Que lo suelten!”
—“When do we want it?”
—“Ahora o después de comer”
La escena se repitió en Barcelona, donde algunos asistentes añadieron banderas independentistas “por si acaso”, y en Valencia, donde la protesta fue interrumpida brevemente por una charanga que creyó que aquello era una mascletà política.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Según la versión más extendida —y repetida con absoluta seguridad por personas que admitían no haber leído nada más allá del titular— Donald Trump habría sido capturado en una operación internacional “muy compleja” y trasladado a Venezuela, donde Maduro lo retendría como “carta estratégica”, “cromo raro” o “trofeo de final de temporada”, dependiendo de a quién se le pregunte.
Desde el Diario ASDF hemos intentado reconstruir los hechos con el máximo rigor posible, es decir, leyendo hilos interminables y escuchando audios reenviados veinte veces. La conclusión es clara: nadie sabe exactamente qué ha pasado, pero la indignación es totalmente real y perfectamente gritona.
—“A mí me da igual cómo haya llegado allí”, explicaba Manolo, manifestante en Zaragoza con gorra roja y camiseta del Real Madrid. “Lo importante es que no puede estar preso porque… porque no. Porque es Donald Trump.”
El perfil del manifestante: entre el activismo y el vermú
Un estudio rápido realizado por este medio —consistente en mirar alrededor y asentir— revela que el manifestante tipo de estas concentraciones responde a varios patrones:
- Personas convencidas de que España tiene un papel clave en la liberación de Trump, aunque no sepan exactamente cuál.
- Personas que creen que Trump sigue siendo presidente “en espíritu”.
- Personas que pasaban por allí y se quedaron porque había ambiente.
- Personas que confundieron la manifestación con un mercadillo temático.
En Sevilla, un grupo aseguraba que habían acudido “por la libertad en general”, mientras que en Bilbao varios asistentes admitían no tener muy claro quién era Maduro, pero sí estar totalmente en contra “de lo que haga”.
Reacciones políticas: prudencia, desconcierto y silencio estratégico
El Gobierno español, consultado por este medio, emitió un comunicado de 17 páginas que, resumido, decía: “Estamos siguiendo la situación con atención”. Fuentes de Moncloa añadieron que el Ejecutivo “no tiene constancia oficial de que Donald Trump esté detenido en Venezuela, ni de que esté en España, ni de que no esté en un campo de golf”.
Desde la oposición, las reacciones fueron inmediatas y perfectamente contradictorias. Algunos portavoces exigieron una acción diplomática urgente, otros pidieron explicaciones al Gobierno por algo que no ha ocurrido oficialmente, y un tercer grupo aprovechó para hablar de otra cosa completamente distinta.
—“Esto demuestra la debilidad internacional de España”, declaró un diputado sin especificar muy bien qué.
—“Si Trump está preso, es culpa de Sánchez”, añadió otro, mirando a cámara con mucha convicción.
Maduro, Trump y el silencio que lo envuelve todo
Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro no ha confirmado ni desmentido la detención. En su última intervención televisada, habló durante 45 minutos sobre soberanía, imperialismo, gallinas productivas y un libro que estaba leyendo, sin mencionar en ningún momento a Trump. Este silencio ha sido interpretado por los manifestantes como una prueba irrefutable de culpabilidad.
—“Si no dice nada es porque algo esconde”, explicaba una señora en Valladolid mientras repartía octavillas impresas en casa. “Cuando alguien no habla de algo durante casi una hora en televisión, es clarísimo.”
Donald Trump, por su parte, tampoco ha dado señales claras. Su última actividad conocida fue un mensaje ambiguo en una red social donde hablaba de “lugares muy exóticos” y “gente con bigote”, lo que ha sido interpretado por expertos de barra de bar como una confirmación indirecta de su cautiverio.
Manifestaciones pacíficas… más o menos
Las concentraciones transcurrieron de forma pacífica, con incidentes menores como discusiones sobre si la bandera debía ir del revés, enfrentamientos verbales sobre si Trump llevaba o no llevaba razón “en general”, y un pequeño altercado en Murcia cuando alguien gritó “¡Viva!” y nadie supo muy bien qué contestar.
La policía destacó el carácter mayoritariamente tranquilo de las protestas y agradeció que la mayoría de los asistentes se dispersaran a la hora de comer, “que es cuando se pierden las convicciones”.
España, epicentro inesperado de la geopolítica mundial
Analistas internacionales —y uno de Cuenca que escribe en un blog— coinciden en que estas manifestaciones sitúan a España como un actor clave en un conflicto que no entiende del todo. “Es fascinante”, explicaba un experto. “No sabemos qué ocurre, pero lo vivimos con una intensidad admirable.”
Desde el Diario ASDF no podemos sino reconocer el mérito de la ciudadanía española, capaz de movilizarse con pasión por causas internacionales, aunque sean difusas, improbables o directamente inventadas. Porque si algo ha quedado claro este fin de semana es que, esté donde esté Donald Trump, en España siempre habrá alguien dispuesto a pedir su liberación con una pancarta mal escrita y absoluta convicción.
Y mientras las calles recuperan la normalidad, queda en el aire una pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta: ¿y si mañana hay otra manifestación por otra cosa? Probablemente sí. Y allí estaremos para contarlo.
