En una decisión que podría redefinir el mercado del libro en la era de la conectividad remota y las apariciones televisivas, ha abierto sus puertas en Madrid Librería Desgastada, un establecimiento especializado exclusivamente en volúmenes que presentan un aspecto de haber sido intensamente leídos, con cubiertas arrugadas, lomos partidos, páginas amarillentas y marcadas huellas de uso repetido.

El local, ubicado en un discreto bajo comercial del barrio de Chamberí, reporta ya ventas récord en su primera semana de actividad. Su propietario, el librero independiente Gonzalo Hervás, ha confirmado que el éxito rotundo proviene principalmente de profesionales que realizan conexiones desde su domicilio para programas matinales, magazines de tarde y tertulias nocturnas de televisión. “No vendemos literatura; vendemos credibilidad visual instantánea”, ha declarado Hervás en una entrevista exclusiva concedida a este diario.

El origen del concepto: una observación prolongada del panorama mediático

La idea surgió tras años de observación minuciosa de platós y fondos domésticos en emisiones informativas. Hervás detectó un patrón claro: numerosos colaboradores, tertulianos y analistas optan por situar detrás de ellos estanterías repletas de volúmenes que transmiten autoridad acumulada. Sin embargo, muchos de estos libros lucen impecables, lo cual genera en el espectador medio una sutil sensación de artificio.

Un libro nuevo en un fondo televisivo es como un traje sin una sola arruga: nadie cree que se haya usado en la vida real”, explica el librero. Por el contrario, un ejemplar con esquinas dobladas, manchas de café y lomo despegado proyecta de inmediato una imagen de persona que lee de verdad, aunque el contenido sea irrelevante.

La librería ofrece exclusivamente títulos en ese estado preciso. No se admiten libros nuevos ni restaurados. Cada volumen debe presentar al menos tres de los siguientes indicadores de uso intenso:

  • Cubierta con dobleces profundos
  • Lomo agrietado o desprendido en más de un centímetro
  • Páginas con ondulaciones por humedad o exposición prolongada
  • Manchas visibles en los bordes
  • Subrayados a bolígrafo de al menos tres colores distintos
  • Notas marginales ilegibles

El caso concreto que aceleró el boca a oreja

El punto de inflexión se produjo hace apenas unos días. Durante una conexión en directo para un magazine de sobremesa, el conocido periodista y tertuliano Antonio Maestre apareció con una estantería en la que destacaba un título sueco de escaso renombre literario. Se trataba de una novela de 1987 titulada El silencio de los abetos, de un autor originario de un pueblo cercano a Malmö.

Expertos consultados por este diario coinciden en que la obra posee un valor literario equiparable al de una guía telefónica de esa misma localidad costera en los años 90. A pesar de ello, el ejemplar lucía un desgaste extraordinario: cubierta completamente mate por el roce, lomo partido en dos mitades casi independientes y páginas con huellas dactilares marcadas en cada esquina.

Hervás identificó inmediatamente el volumen. “Lo habíamos vendido la semana anterior por 8 euros. El cliente lo adquirió precisamente por su estado deplorable. Verlo en el fondo de Maestre nos confirmó que la demanda existe y que es mucho más amplia de lo que imaginábamos”.

Reacciones institucionales y del sector editorial

La Federación de Libreros Independientes de España (FELIE), con más de 47 años de historia defendiendo el tejido librero tradicional, ha emitido un comunicado prudente pero firme. “Reconocemos la innovación comercial, aunque nos preocupa que se priorice la estética del uso sobre el contenido del uso”, señala el texto.

Por su parte, la Asociación de Editores de Novela Experimental Nórdica (AENEN), con sede en Estocolmo y fundada en 1992 tras la crisis del ladrillo sueco, ha mostrado su satisfacción. “Nunca habíamos visto una revalorización tan rápida de nuestro catálogo de los 80 y 90. Obras que languidecían en almacenes ahora alcanzan precios de hasta 22 euros en estado ‘muy leído’”, ha declarado su presidenta, Ingrid Löfgren.

Desde el Instituto Cervantes se ha recibido con cautela la noticia. Fuentes cercanas al organismo han señalado que “la proyección internacional de la lengua española podría beneficiarse indirectamente, ya que muchos de estos volúmenes desgastados incluyen traducciones al sueco, finés o islandés que nadie más demanda”.

Declaraciones de clientes y expertos

Varios compradores habituales han accedido a hablar bajo condición de anonimato, dada la sensibilidad del asunto.

Un colaborador habitual de programas de debate político afirma: “Antes perdía media hora arrugando libros nuevos con secador y café frío. Ahora llego, elijo un par de tomos con pinta de haber sobrevivido a tres mudanzas y salgo listo para conectar”.

Otro cliente, que trabaja como analista económico en magazines de fin de semana, añade: “Prefiero un ensayo de 400 páginas con lomo destrozado que uno nuevo. Transmite que he dedicado tiempo a formarme, aunque en realidad solo necesite que se vea bien en cámara durante 47 segundos”.

El catedrático emérito de Semiología Mediática de la Universidad Complutense de Madrid, el doctor Rafael Umbral, ha analizado el fenómeno con detenimiento: “Estamos ante un cambio de paradigma en la construcción de la autoridad intelectual contemporánea. El libro ya no es un objeto de conocimiento, sino un accesorio escenográfico de credibilidad. Este giro podría compararse, en términos históricos, con la invención de la corbata en el siglo XVII o la popularización de las gafas sin graduar en los años 90”.

Impacto y consecuencias a medio y largo plazo

Diversos analistas coinciden en que Librería Desgastada marca un antes y un después en el sector. Por primera vez, el valor de mercado de un libro depende más de su grado de deterioro físico que de su contenido, edición o autor.

Se estima que en los próximos 18 meses podrían abrirse al menos 14 sucursales en ciudades con alta concentración de platós y estudios de grabación remota: Barcelona, Sevilla, Valencia, Bilbao y Zaragoza figuran en la lista prioritaria.

Las consecuencias sociales son igualmente profundas. Expertos del Observatorio Europeo de Credibilidad Visual (OECV), con sede en Bruselas y financiado desde 2004 por fondos estructurales, advierten que “el umbral de desgaste necesario para generar confianza ha aumentado un 37% en solo siete días. Lo que ayer era suficiente —un lomo ligeramente doblado— hoy exige desprendimientos visibles y manchas de humedad simulada”.

Comparado con hitos históricos, el surgimiento de este modelo comercial guarda paralelismos con la transición del papiro al pergamino en la Antigüedad tardía, la invención de la imprenta de Gutenberg o el paso del fax al correo electrónico. En todos los casos, una herramienta inicialmente funcional se transformó en símbolo de estatus.

Cierre: un futuro incierto pero prometedor

En un mundo donde la autenticidad se construye en segundos ante una webcam, Librería Desgastada representa una respuesta pragmática y comercialmente viable a las exigencias del ecosistema mediático actual.

Queda por ver si este modelo se extenderá a otros ámbitos —conferencias por videoconferencia, podcasts con fondo fijo, entrevistas en directo desde casa— o si permanecerá como un nicho exclusivo del periodismo televisivo español.

Lo que resulta incuestionable es que, por primera vez en décadas, un librero ha logrado convertir la apariencia de haber leído mucho en un negocio próspero y en expansión.

El equilibrio entre contenido real y apariencia convincente acaba de inclinarse de forma irreversible. Y todo comenzó con un libro sueco casi ilegible que, sin embargo, parecía haber sido devorado por varias generaciones.

¿Tienes un rumor?

Mándalo directo a nuestra Papelera.
📩 ¡Envíalo aquí!
papelera@diario-asdf.com

La cosa esta de la semana

«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

Entradas Destacadas