Extra de Navidad por – Lady Cogollos.
La Navidad no es una cena. La Navidad es una exhibición. Y no todo el mundo está preparado para ser mirado durante tres horas seguidas. Yo sí.🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Empiezo por el vestuario. Todas las mujeres deciden ir de negro “por elegancia”. Eso ya dice mucho. El negro en Navidad es esconderse. Es pedir perdón por existir. Yo no me escondo nunca. Yo elijo colores que hagan que sonrían nada más verme: amarillo alegre, naranja llamativo, fucsia que reluce, verde pistacho que deja a las demás pensando si eso es apropiado. Claro que lo es. Lo inapropiado es pasar desapercibida.
Entro riéndome antes de cruzar la puerta 🤣🤣🤣🤣🤣🤣. No saludo bajito, no me disculpo por llegar. Me quito el abrigo despacio, dejo que el conjunto se vea bien y alguien dice “qué atrevida”.🤣🤣🤣
Siempre hay alguien que me mira raro. Yo ya sé lo que es: celos y envidia. No pueden ser como yo y lo saben.
Yo miro. Siempre observo. La comida navideña es un escaparate lento y agradecido si una sabe mirar. No empiezo señalando a cualquiera, eso sería vulgar. Empiezo por la más joven, la prima de veintidós años, la que cree que todavía no tiene nada que corregir. Me inclino un poco hacia ella, lo justo para que note la atención, y con el dedo enguatado —porque los guantes son imprescindibles, incluso cenando— marco el aire a dos centímetros de su cara.
“Mira”, le digo sonriendo, “aquí”.
No la toco. Nunca hace falta tocar. Señalo esa arruguita mínima, recién estrenada, justo en la comisura de la boca. No la ve nadie más. Nadie. Pero mi ojo está entrenado. Le explico que no es grave, que es del gesto, de reírse mal, de apretar demasiado al sonreír. Ella se queda quieta, intentando sonreír mejor.
Me da las gracias. Buena chica.
Paso a la siguiente. Esta ya tiene más edad y menos humildad. Le digo que el vestido es bonito, pero que así sentada se le marca la flacidez del abdomen. Se lo explico despacio, con cariño, moviendo el dedo enguatado en círculos suaves, como quien da una clase privada. Se ofende. Hay mujeres que no saben recibir ayuda.
A una le digo que cruza las piernas como un hombre. A otra que levanta demasiado el brazo y se le descoloca todo, se ven pellejos. A la que ha adelgazado le advierto que no confunda delgadez con elegancia, que son cosas distintas y con mi dedo señalo su cadera, no ha adelgazado tanto, le queda celulitis ahí. Algunas asienten con gratitud, otras se remueven en la silla. Yo no me altero. Estoy ayudando. 🤣🤣🤣🤣🤣.
Los guantes nunca me los quito. El guante pone distancia, autoridad y método. El dedo desnudo es impulsivo; el dedo enguatado es profesional. Señalar así no es agresivo, es pedagógico. Yo no critico, perfecciono.
Me siento donde quiero, no donde me indican. Siempre hay alguien que dice “siéntate aquí”, como si yo no supiera dónde se ve mejor el conjunto. Me acomodo despacio, cruzo las piernas con cuidado —no como otras— y apoyo el brazo en la mesa para que el brazalete haga su trabajo. La conversación sigue unos segundos y luego vuelve a mí. Siempre vuelve.
Yo no bebo. Soy bailarina y el cuerpo no se descuida. Pero esta noche hago una excepción medida. Empiezo con una copa de vino —un blanco que entra fácil con los entrantes— mientras ellos hablan del año, de lo duro que ha sido todo, de la política y del país. Asiento poco. En la segunda copa ya escucho demasiadas tonterías sobre parejas y feminismo. En la tercera, confirmo mis sospechas. Es entonces cuando siento la obligación moral de intervenir. No por ganas, por pedagogía. Porque alguien tiene que corregir lo que se está diciendo.
Empiezo diciendo que el problema no es político, es de colocación. Que los gobiernos fracasan porque confunden hacer ruido con mandar. Mandar es saber imponerse, no más. Lo digo riéndome 🤣. Alguien asiente sin saber muy bien por qué. Me miran. Me encanta. Sigo.
Paso al feminismo, porque siempre aparece y nunca bien. Digo que el feminismo actual está completamente desorientado, que ha confundido fuerza con rigidez y libertad con vulgaridad. Que una mujer feminista no necesita adoptar posturas masculinas ni hacer actividades de hombres para demostrar nada. Motociclismo, artes marciales… todo eso endurece el gesto y quita feminidad. Una mujer poderosa es exagerada, ocupa espacio sin pedir perdón y no se rebaja para tranquilizar a nadie. Me río 🤣🤣. Se hace silencio. Alguna se remueve en la silla. Otra me mira con cara larga. Celos y envidia, claramente. Yo sigo tan tranquila.
Entro en las relaciones. Digo que hoy nadie soporta la pureza, aunque la palabra incomode. Que un hombre con pasado arrastra restos, que eso se queda en el sable y no desaparece por mucho que lo quieran normalizar. No es moral, es físico. Aquí ya me río más fuerte 🤣🤣🤣, porque siempre funciona. Algunas se ríen nerviosas. Otras bajan la mirada como si de repente el mantel fuera interesantísimo. Yo doy un sorbo de vino y continúo, aunque yo no bebo nunca, pero hoy hago una excepción. Enciendo un cigarrillo, aunque no esté permitido. Da igual. No voy a fumar, solo a quemar tabaco.
No hablo de aguantar ni de resistir. Les enumero mis batallas en redes sociales, las 1.268 denuncias que he puesto a 725 usuarios que me acosan simplemente por llevarles la contraria. Les digo que hay cosas que, cuando son de verdad, no se negocian ni se explican. Se imponen solas. Mientras hablo, miro a alguien concreto, luego a nadie, luego sonrío como si supiera algo que los demás no 🤣.
Me río a destiempo. Mucho 🤣🤣🤣. No porque haga gracia, sino porque puedo. Eso es lo que más molesta. Alguien deja de comer. Otra mira el móvil como si tuviera una urgencia. Yo disfruto cada segundo.
No ayudo a recoger. No por mala educación, por coherencia. Me quedo sentada, moviendo el brazalete, viendo cómo se levantan, cómo evitan mirarme y cómo alguna vuelve la cabeza para mirarme otra vez. Siempre pasa. Siempre.
Y cuando alguien insiste en poner villancicos, ahí ya no puedo más. Apago el equipo sin pedir permiso. Los villancicos están muy bien para quien no tiene criterio, pero la Navidad también admite carácter. Saco el móvil, subo el volumen y pongo mi música con mensaje😉😉
Empiezo a bailar y espero el corrillo. La gente se queda callada. Alguna no entiende nada. Normal. No todo el mundo tiene cultura musical. Yo me río 🤣🤣🤣 porque sé que van aprendiendo por el camino.
Lady Cogollos os desea una Feliz Navidad desde el diario ASDF.
