Madrid, 1 de febrero de 2026 – En un gesto que ha generado profunda preocupación en amplios sectores de la sociedad civil y política, las formaciones Más Madrid y el PSOE han decidido no participar en los actos institucionales de conmemoración del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto celebrados en la Asamblea de Madrid. La razón aducida por Más Madrid ha sido explícita: la presencia de una delegación oficial del Gobierno israelí en el evento organizado por la Comunidad Judía de Madrid y el Centro Sefarad-Israel. Fuentes del PSOE, por su parte, han evitado confirmar o desmentir oficialmente su ausencia, aunque diversas informaciones coinciden en señalar que el partido también declinó la invitación formal.
El acto, que se celebra de forma ininterrumpida en el hemiciclo madrileño desde el año 2000, reúne cada 27 de enero –y en fechas próximas cuando coincide con fines de semana– a representantes de todas las fuerzas políticas, instituciones y supervivientes o familiares de víctimas del genocidio nazi. Este año, sin embargo, la tradicional unidad institucional se ha visto fracturada por primera vez de manera tan evidente en torno a la participación de representantes de un Estado soberano cuya presencia ha sido calificada por algunos grupos como “incompatible” con el espíritu de la conmemoración.
La decisión de Más Madrid se conoció con antelación. Fuentes cercanas a la dirección de la formación explicaron que “no se puede compartir espacio con representantes de un gobierno que actualmente está llevando a cabo políticas que atentan contra los principios más elementales de los derechos humanos”. La referencia implícita al conflicto en Oriente Próximo no dejó lugar a dudas: la delegación israelí incluía a miembros del Ejecutivo de Benjamin Netanyahu, invitada en calidad de observadora por el Centro Sefarad-Israel, institución con décadas de trayectoria en la promoción de la cultura judía y las relaciones hispano-israelíes.
El PSOE, por su parte, optó por un silencio más prolongado. Aunque inicialmente figuraba en la lista de invitados, el grupo parlamentario no envió a ningún diputado al acto del viernes 30 de enero. Fuentes internas consultadas aseguran que la dirección regional consideró que la asistencia podría interpretarse como una “contradicción” con la postura oficial del partido en relación con el reconocimiento del Estado palestino y las críticas al Gobierno israelí. “No se trata de cuestionar la memoria del Holocausto, sino de coherencia política en un momento histórico delicado”, habrían señalado voces próximas a la cúpula socialista.
La ausencia de ambas formaciones de izquierda ha provocado reacciones inmediatas y contundentes. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presidió el acto y aprovechó su intervención para lanzar un mensaje de firmeza: “Madrid no va a contribuir al suicidio de la civilización ni al proyecto europeo. El pueblo judío tiene su casa en Madrid y aquí se le defenderá siempre”. La mandataria regional calificó el boicot como “un paso más en la normalización de actitudes que recuerdan a los peores momentos de la historia europea”.
Desde la Comunidad Judía de Madrid, el malestar fue aún mayor. Su presidente, David Hatchwell, declaró que “la no asistencia de fuerzas políticas relevantes constituye una señal preocupante de hostilidad hacia la comunidad judía en su conjunto, más allá de cualquier discrepancia geopolítica”. Hatchwell recordó que el Holocausto no fue un crimen contra un gobierno o un Estado, sino contra un pueblo, y que “mezclar la memoria de seis millones de víctimas con conflictos actuales supone una instrumentalización intolerable”.
Expertos en memoria histórica consultados por este diario coinciden en alertar sobre las consecuencias a medio y largo plazo. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, Javier Rodríguez, especialista en estudios del Holocausto y autor de varias obras de referencia, afirmó: “Estamos ante un precedente grave. Cuando se condiciona la participación en actos de memoria universal a la presencia o ausencia de determinados Estados, se está erosionando el carácter universal de esa memoria. Esto podría tener repercusiones en la cohesión social española durante las próximas décadas”.
Otros analistas van más allá. La politóloga Carmen López, del Instituto de Estudios Estratégicos y de Seguridad (INEEST), vinculó el gesto a “una deriva ideológica que prioriza agendas internacionales sobre los principios fundacionales de la democracia liberal”. López añadió: “Si la conmemoración del mayor genocidio industrializado de la historia se politiza de esta forma, estamos abriendo la puerta a que cualquier causa actual pueda vetar la memoria de tragedias pasadas. Es un riesgo sistémico para la convivencia”.
En el ámbito municipal, el alcalde José Luis Martínez-Almeida ya había criticado días antes ausencias similares en actos organizados por el Ayuntamiento. “Es compatible mantener una postura sobre Gaza y rendir homenaje a las víctimas del Holocausto. Quien no lo entiende está contribuyendo a un clima de división innecesario”, señaló el regidor popular.
Ciudadanos anónimos contactados a la salida del acto expresaron desconcierto y preocupación. “He venido porque mi abuela perdió a toda su familia en Auschwitz. No entiendo cómo se puede usar esa memoria para excluir a alguien hoy”, comentó una mujer de 58 años que prefirió no dar su nombre. Otro asistente, profesor jubilado, fue más tajante: “Esto no es solo política. Es una falta de respeto a millones de muertos que no pueden defenderse”.
La fractura institucional ha llegado en un momento especialmente sensible. Diversos informes de organizaciones internacionales han alertado en los últimos meses sobre un repunte de incidentes antisemitas en Europa, vinculados en parte a la polarización generada por el conflicto israelí-palestino. En España, el Observatorio contra el Antisemitismo registró en 2025 un incremento del 47% en denuncias relacionadas con discursos de odio en redes y espacios públicos. “La ausencia en actos como este no hace más que alimentar esa espiral”, advirtió un portavoz del organismo.
Desde el PP y Vox, que sí asistieron con representación completa, se interpretó el gesto como “una rendición ideológica ante presiones externas”. El presidente de la Asamblea, Enrique Ossorio, cerró el acto con una reflexión solemne: “La memoria no admite condiciones ni vetos. Quien la condiciona, la debilita para todos”.
El episodio ha reabierto el debate sobre los límites entre política exterior, memoria histórica y convivencia democrática. Analistas consultados coinciden en que este tipo de decisiones, aunque minoritarias en número de escaños, pueden tener un efecto multiplicador en la percepción pública. “Cuando partidos con responsabilidad de gobierno optan por no compartir espacio en un acto de esta naturaleza, se envía un mensaje que trasciende el gesto puntual”, explicó el sociólogo Miguel Ángel Quintana, de la Universidad Carlos III.
Mientras tanto, la Comunidad Judía de Madrid ha anunciado que mantendrá su agenda de actividades conmemorativas durante todo el año, “con o sin la presencia de todas las fuerzas políticas”. Fuentes de la entidad han subrayado que “la memoria del Holocausto no depende de mayorías parlamentarias, sino de la voluntad colectiva de no olvidar”.
Lo ocurrido en la Asamblea de Madrid este 30 de enero de 2026 quedará, previsiblemente, como un punto de inflexión. No solo por las ausencias registradas, sino por lo que revelan sobre la dificultad creciente de mantener espacios comunes en torno a las tragedias que marcaron el siglo XX. En un continente que aún lidia con las heridas de sus peores capítulos, la capacidad de recordar sin exclusiones se presenta ahora como uno de los mayores desafíos de la democracia contemporánea.
