O cómo los cacareos diarios tapan el canto que ya se soltó en pasillos, mientras el traidor pía con ellos.
– por Redacción ASDF.

Un mes después del 13-E, X parece haber olvidado esa fecha fatídica… al igual que olvidaron el 10 de octubre, cuando un juzgado aceptó que la denunciante no tuviera que ir a conciliación porque ya había suficiente circo. Parece que todo está olvidado. Que nada ha ocurrido.

Todo sigue su ritmo. Los pajaritos rojos continúan cada día con sus vídeos, historias e inventos, trinadores incansables, piando consignas como si el 13-E fuera solo otra fecha en el almanaque de “cosas que no pasaron, o que mejor no pasaron”. Scroll infinito, like mecánico, repost automático, siguiente bronca. Normalidad absoluta en el nido. Nada que ver aquí, señores. Circulen.

Desde Diario ASDF, que observamos sin pestañear, somos como el ojo de Sauron posado en la rama más alta: vemos los silencios, las bajadas de tono en los trinos, los muteos estratégicos, los “solo era un descanso” disfrazados de drama existencial. Y registramos cada detalle.

Vimos cómo dos pajaritos cerraron sus cuentas de golpe, como quien tira la toalla en un ring donde ya no hay público que aplauda. Ante las burlas y acusaciones de “acosados” —qué ironía, viniendo de profesionales del doxxing— volvieron a abrirlas como si nada. “Solo queríamos descansar”.

Desde el ojo que todo lo observa sabemos que no fue solo descanso. Fue una desaparición demasiado sincronizada con ciertos movimientos judiciales como para ser casualidad. Querían evaporarse del nido, borrar su rastro digital y empezar de cero en algún rincón oscuro donde nadie los reconociera.

Pero desaparecer habría sido dar demasiadas pistas. En el nido la pregunta habría sido inevitable: ¿quién estuvo en pasillos y no dijo nada? ¿quién escuchó más de lo que contó? ¿quién sabe cosas que el resto prefiere no saber?

Demasiadas personas sabían cosas. Conversaciones guardadas, capturas eternas, trinos archivados que no se borran con un clic.

Por eso volvieron. No por nostalgia. Volvieron porque quedarse fuera era más sospechoso que trinar dentro. Y desde entonces trinan, sí… pero no suenan igual. El volumen está, la intención también, pero el tono tiene algo distinto. Más medido. Más prudente.

Mientras tanto, en los juzgados, se presentaban conversaciones al fiscal y se cerraban puertas sin titulares. El reloj judicial avanza a velocidad de cerveza caliente olvidada en la mesa de espera: tibia, asquerosa y sin prisa por enfriarse.

Seguimos atentos a los trinos, vigilando a la denunciante que sigue cabreada porque quería juicio pleno, con estrado, testigos temblorosos y justicia en directo. Decía que no necesitaba cantos… porque los cacareos continúan a diario. Y ahí está la clave.

El pajarito cantor ya no trina con la misma gallardía. Hay arias que solo se interpretan una vez, y no siempre es sobre el escenario. Desde entonces, cada vídeo, cada historia, cada invento suena a intento de cubrir algo que ya se dijo en voz baja.

Desde ASDF vemos cómo la bandada se aprieta para fingir que no hay grietas. Pero cuando un nido se aprieta demasiado, no es por unión: es por miedo a que alguien haya hablado más de la cuenta.

El 13-E no dejó un juicio público. Dejó un acuerdo cerrado a las 14:30 y un silencio que pesa más que cualquier sentencia. La denunciante, tras negar con la cabeza como un metrónomo enfurecido, aceptó el trato. No porque creyera en la buena voluntad de quien la acosó durante años, sino porque le dijeron: “Van a ser muchos juicios…”.

Y eso cambia las estrategias.

Un mes después, balance de ASDF: cero estrados con pajaritos temblando bajo las luces. Pero demasiados trinos afinados a la baja. Demasiadas cuentas que desaparecen y reaparecen cuando alguien pregunta por ellas. Demasiadas coincidencias.

Ahora todos trinan como siempre. O casi. Pero en el fondo del nido hay una pregunta que nadie formula en voz alta: si alguien cantó en pasillos… ¿cuánto cantó?

Porque cuando los trinos y cacareos llegan hasta Tarragona por la Sexta Avenida, no es por casualidad. Es porque alguien decidió que era mejor cantar para salvarse que callar para proteger al resto.

Y lo inquietante no es que haya cantado.

Lo inquietante es que el resto aún no sabe cuánto soltó.

Próxima entrega: ¿cerveza caliente o delaciones frías en los próximos telemáticos? ¿Habrá ópera completa o seguirá el bis eterno de los mismos trinos afinados?

Seguiremos escuchando.

Porque en este nido, cuando un pajarito canta en pasillos, el eco tarda… pero siempre vuelve.

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«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

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