El Ejecutivo admite que no existe evidencia científica, histórica ni mística, pero reconoce que suspender la tradición “sería abrir un melón peor que el de las campanadas con retraso”

Madrid.– Moncloa ha confirmado oficialmente que la tradicional ingesta de doce uvas en Nochevieja no mejora la economía, no arregla relaciones personales y no evita que enero sea un mes horrible, pero ha dejado claro que la costumbre se mantendrá “por responsabilidad institucional y miedo a la reacción ciudadana”.

Según fuentes del Gobierno, eliminar las uvas del ritual de fin de año “generaría más inestabilidad que una investidura fallida”, por lo que se ha optado por mirar hacia otro lado y masticar rápido, como se ha hecho siempre.

“Sabemos que no sirve”, reconocen desde Presidencia.
“Pero también sabemos que sin uvas la gente se quedaría mirando el reloj sin saber qué hacer, y eso es peligroso”.


Una tradición nacida del exceso, como tantas políticas públicas

Moncloa recuerda que el origen del ritual se remonta a 1909, cuando una sobreproducción masiva de uva llevó a los productores a una conclusión que hoy el Ejecutivo califica como “visionaria”:

“Si decimos que da suerte, se lo comen todo”.

La operación funcionó. En cuestión de días, los españoles aceptaron que comer doce uvas en cuarenta segundos era una tradición ancestral, aunque nadie pudiera explicar de qué ancestros ni por qué parecían querer asfixiarnos.

“Fue el primer plan de estímulo económico basado en la superstición”, explican desde el Ministerio de Agricultura.
“Mucho antes de los bonos culturales”.


Doce uvas, doce meses y una absoluta falta de correlación

El Gobierno admite que no existe relación alguna entre las uvas ingeridas y el devenir de los meses del año, pese a que millones de españoles sigan convencidos de que:

  • Marzo fue malo porque la tercera uva estaba dura
  • Agosto fue raro porque alguien se saltó una campanada
  • Diciembre es horrible porque, bueno, diciembre siempre es horrible

“Llevo años atragantándome en abril y nunca pasa nada bueno en abril”, afirma un ciudadano.
“Esto no puede ser casualidad”.


El reloj de Sol, señalado como elemento desestabilizador

Desde Moncloa se reconoce que el reloj de la Puerta del Sol sigue siendo un factor de riesgo.

“Ese ritmo no es humano”, admite un asesor.
“No es ni lento ni rápido: es psicológico”.

Cada año, el reloj provoca:

  • Personas que mastican sin tragar
  • Otras que tragan sin masticar
  • Y algunas que directamente se rinden y brindan en la séptima

Aun así, el Ejecutivo descarta modificar el sistema.
“Cambiar el reloj sería admitir que el problema no es la gente”, explican.


Presentadores que ya han tragado mientras el país sufre

Moncloa también ha querido pronunciarse sobre la polémica de los presentadores, que año tras año aparecen sonrientes mientras el resto del país lucha por sobrevivir a la uva número diez.

“El Gobierno entiende el enfado”, señala un comunicado.
“Pero alguien tiene que llegar vivo al brindis”.


Uvas sin semillas: el debate que divide al país

El Ejecutivo observa con preocupación la creciente presencia de:

  • Uvas sin semillas
  • Peladas
  • Cortadas
  • En recipientes sospechosamente pequeños

“Respetamos la libertad individual”, aclaran desde Moncloa.
“Pero una tradición basada en el riesgo no debería convertirse en puré”.

Sectores más clásicos consideran que atragantarse forma parte de la experiencia nacional, junto a la cuesta de enero y las promesas que no se cumplen.


Las abuelas, pilar del sistema

Moncloa reconoce el papel esencial de las abuelas como autoridad moral no electa del ritual:

  • Controlan el orden
  • Amenazan con la mala suerte
  • Vigilan que nadie beba cava antes de tiempo

“Si las abuelas dicen que hay que comérselas, el Estado no tiene margen de maniobra”, admiten fuentes gubernamentales.


Los españoles seguirán fallando, año tras año

El Ejecutivo asume que millones de ciudadanos:

  • Perderán la cuenta
  • Se atragantarán
  • Se reirán
  • Brindarán tarde

Y aun así, repetirán el ritual el año siguiente, convencidos de que esta vez sí.

“Es la esencia del país”, resume un sociólogo.
“Hacer algo mal con esperanza”.


Conclusión: no sirve, pero suspenderlo sería peor

Moncloa ha sido clara: las uvas no funcionan, pero quitarlas sería “abrir un conflicto innecesario en un momento delicado”.

Porque al final, las doce uvas no garantizan suerte.
Garantizan algo mucho más español:

  • Empezar el año con estrés
  • Con prisas
  • Sin control
  • Y riéndonos de nosotros mismos

Exactamente igual que el resto del año.

Y según Moncloa, eso sí que es tradición. 🍇🥂

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