El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, ha remitido una contundente carta a la cúpula del partido en la que acusa directamente al presidente Santiago Abascal y al secretario general Ignacio Garriga de emplear “la mentira, la manipulación y la tergiversación” como herramientas sistemáticas para justificar su progresiva marginación interna. El fundador histórico de la formación considera que su expulsión del Comité Ejecutivo Nacional, aprobada en diciembre de 2025, responde a un proceso de degradación deliberado que convierte al máximo órgano de dirección en un “órgano decorativo” incapaz de ejercer control real sobre las decisiones estratégicas.
La misiva, remitida en las últimas horas y confirmada por fuentes de la formación, representa el capítulo más duro hasta la fecha en una crisis interna que se arrastra desde hace más de tres años y que ha culminado con la salida de Ortega Smith de todos los cargos orgánicos de peso en la estructura nacional de Vox.
Antecedentes de una ruptura progresiva
La relación entre Javier Ortega Smith y la actual dirección de Vox comenzó a deteriorarse de forma visible en 2022, cuando Santiago Abascal decidió relevarlo de la secretaría general —cargo que ostentaba desde los orígenes del partido— para colocar en su lugar a Ignacio Garriga. Aquella decisión, presentada entonces como un relevo generacional necesario para fortalecer la estructura organizativa, marcó el inicio de una serie de movimientos que han ido reduciendo paulatinamente el protagonismo del dirigente madrileño.
En noviembre de 2025, Ortega Smith fue apartado de la portavocía adjunta del grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, una posición que le permitía mantener una visibilidad nacional destacada. Apenas un mes después, en diciembre, la Ejecutiva Nacional aprobó por unanimidad —19 votos a favor de un total de 20 miembros, excluyendo al propio afectado— su expulsión del Comité Ejecutivo Nacional. En su lugar entró la diputada catalana Júlia Calvet, actual portavoz de Juventud de Vox, en lo que la formación calificó oficialmente como “renovación y apuesta por perfiles jóvenes”.
A principios de 2026, el proceso se completó con la retirada de Ortega Smith de la portavocía en la Comisión de Justicia del Congreso, uno de los últimos reductos institucionales que aún conservaba dentro de la estructura parlamentaria del partido. Fuentes internas consultadas por este diario aseguran que estos pasos responden a una estrategia clara de “consolidación del liderazgo” en torno a Abascal y Garriga, aunque el afectado lo interpreta de manera radicalmente distinta.
Contenido íntegro de la carta: acusaciones directas contra la cúpula
En la misiva, a la que ha tenido acceso exclusivo El Mundo y que ha sido confirmada por El País, Ortega Smith no escatima en dureza. El texto describe el informe presentado por Ignacio Garriga —con el “visto bueno” de Santiago Abascal— como un documento que “la mayoría de vosotros no dedicasteis tiempo ni siquiera a leer, puesto que procedisteis a votar mi expulsión en tromba en menos de dos minutos”.
El portavoz madrileño califica de “inadmisible” el recurso a “la mentira, la manipulación, la tergiversación o las interpretaciones interesadas” para justificar su marginación. “La difamación personal se ha convertido en arma de ciertas personas del partido”, añade, en una referencia velada pero evidente a la actual cúpula.
Ortega Smith va más allá y cuestiona la propia naturaleza del Comité Ejecutivo Nacional: “Sois un órgano decorativo”, afirma textualmente, sugiriendo que las decisiones estratégicas se toman en instancias ajenas al máximo órgano de dirección entre asambleas y que el CEN se limita a ratificarlas sin debate real.
Reacciones en el seno de Vox y en el arco institucional
Fuentes cercanas a la dirección nacional de Vox han evitado pronunciarse de forma oficial sobre la carta, aunque han filtrado a medios afines que se trata de “una reacción comprensible pero desafortunada de quien ha perdido peso orgánico tras años de servicio”. Otras voces internas, sin embargo, reconocen en privado que la misiva ha generado “cierto malestar” entre algunos cuadros intermedios que aún conservan lealtad personal hacia Ortega Smith por su papel fundador en 2013.
Desde el Partido Popular, varias fuentes consultadas han optado por la cautela: “Es un asunto interno de Vox que no nos compete comentar”, aunque no han ocultado cierta satisfacción ante la evidencia de tensiones en el principal competidor por el voto conservador. En el PSOE y Sumar, por su parte, se han limitado a recordar que “las purgas internas son un clásico en formaciones de ultraderecha cuando el liderazgo se consolida de forma autoritaria”.
Expertos en sociología política consultados coinciden en señalar que este episodio representa “el punto de no retorno” en la transformación de Vox hacia un modelo de partido-movimiento centrado en la figura carismática de Abascal. “Lo que estamos viendo es la culminación de un proceso de centralización que comenzó en 2022 y que ha dejado fuera a prácticamente todos los fundadores que podrían disputar el liderazgo”, explica el profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid, especialista en extremismos contemporáneos, quien pidió reserva de su nombre por la sensibilidad del asunto.
Impacto histórico y consecuencias para el futuro de la formación
Diversos analistas políticos consultados por este diario coinciden en que la crisis abierta por la carta de Ortega Smith podría marcar un antes y un después en la trayectoria de Vox. La salida del último superviviente del núcleo duro original —junto a Abascal— deja al partido sin contrapesos internos visibles y refuerza la percepción de que cualquier disidencia, por mínima que sea, termina en purga.
Comparado con episodios históricos como la marginalización de figuras fundadoras en otros movimientos de derechas europeas durante el siglo XX, este proceso recuerda —salvando las distancias ideológicas y contextuales— las sucesivas limpiezas internas que experimentaron formaciones como el MSI italiano o el FN francés en sus fases de consolidación. “Cuando un partido elimina a sus fundadores históricos, suele ganar cohesión a corto plazo pero pierde profundidad estratégica a medio y largo plazo”, advierte un veterano observador de la política española que ha seguido de cerca la evolución de Vox desde sus inicios.
Las consecuencias electorales también se antojan relevantes. Vox mantiene en la actualidad una base electoral sólida en torno al 13-15% según las últimas encuestas, pero la imagen de división interna podría erosionar la confianza de los votantes más moderados que llegaron a la formación huyendo del Partido Popular. “Si la percepción de que Vox es un partido donde impera el dedazo y la lealtad personal por encima de todo se consolida, podría haber fugas hacia opciones más institucionalizadas”, señala un consultor político cercano a círculos conservadores.
Declaraciones de expertos y fuentes anónimas
Un alto cargo de Vox en una comunidad autónoma del norte, bajo condición de anonimato, ha declarado: “Lo que está ocurriendo es lamentable, pero inevitable. El partido necesitaba una dirección unificada para afrontar los retos que vienen. Javier ha sido un gran servidor de España y de Vox, pero a veces hay que elegir entre el pasado y el futuro”.
Por su parte, un analista del think tank Instituto de Estudios Estratégicos de Madrid —considerado próximo a posiciones conservadoras— ha afirmado: “Estamos ante un momento clave. Si la cúpula logra digerir esta crisis sin daños colaterales graves, Vox saldrá fortalecido como un partido disciplinado y cohesionado. Si no, podría abrirse una fisura que aproveche la izquierda para deslegitimar al conjunto del bloque de derechas”.
Cierre: un partido en la encrucijada
La carta de Javier Ortega Smith no solo pone fin a su etapa en los órganos de dirección nacional de Vox, sino que abre un interrogante de enorme calado sobre el modelo organizativo que la formación adoptará en los próximos años. En un contexto de polarización extrema y de fragmentación del voto conservador, la capacidad de Abascal y Garriga para mantener la unidad interna sin recurrir a métodos que el propio afectado califica de “antidemocráticos” se presenta como el principal desafío estratégico de la formación ultraderechista.
Lo que está en juego, según diversas fuentes consultadas, no es solo el futuro de un dirigente histórico, sino la propia credibilidad de un partido que se fundó con la promesa de romper con las dinámicas tradicionales de la política española. El tiempo dirá si esta crisis representa el último coletazo de una etapa superada o el comienzo de una fractura de consecuencias imprevisibles.
