Madrid. Pablo Iglesias compareció ayer ante una nube de micrófonos, móviles, cámaras grandes, cámaras pequeñas, cámaras que no graban y cámaras que solo sirven para intimidar, para defender con firmeza la libertad de prensa. Lo hizo, como no podía ser de otra manera, pidiendo que varios periodistas concretos fueran directamente a prisión por ejercerla mal.

Según explicó, la libertad de prensa es un pilar básico de la democracia siempre que la prensa sea exactamente la que a él le gusta, pregunte lo que él considera oportuno y escriba lo que él ya tenía pensado decir antes de que se lo preguntaran.

—La libertad de prensa es sagrada —dijo—, pero algunos la usan como arma fascista de destrucción masiva. Y a las armas se les pone seguro, o se las guarda en la cárcel.

La frase fue aplaudida por sus seguidores, abucheada por sus detractores y malinterpretada por todo el mundo, como manda la tradición democrática.

Una defensa apasionada… con condiciones

Iglesias explicó que su idea de libertad de prensa es muy sencilla: cualquiera puede publicar lo que quiera, siempre que no sea mentira, ni verdad incómoda, ni opinión contraria, ni pregunta molesta, ni chiste fuera de contexto.

—Libertad de prensa no es libertad para mentir, manipular o molestarme —aclaró—. Libertad de prensa es libertad para informar bien. Y bien es como yo digo que está bien.

A continuación enumeró a varios comunicadores a los que acusó de ser “agresores fascistas con micrófono”, entre ellos Vito Quiles, Ndongo, Eduardo Inda y Federico Jiménez Losantos. Según Iglesias, no son periodistas, sino “NPCs de derechas con acreditación”.

—No informan —afirmó—. Atacan. Y cuando alguien ataca con preguntas, eso ya no es periodismo, es terrorismo interrogativo.

La expresión “terrorismo interrogativo” fue inmediatamente registrada por varios tertulianos para usarla sin entenderla durante los próximos diez años.

Periodistas que preguntan cosas raras

Iglesias explicó que el problema principal de estos comunicadores es que hacen preguntas que él no había autorizado previamente.

—Uno viene aquí a hablar de cosas importantes, como el fascismo, la extrema derecha, el fascismo de la extrema derecha y la extrema fascistidad derechista —dijo—, y de repente te preguntan por tu sueldo, por tu casa, por tus contradicciones. Eso no es periodismo, eso es cotilleo reaccionario.

Según su análisis, el verdadero periodismo consiste en hacer preguntas abiertas como:

—¿Qué opina usted de lo malo que es el fascismo? —¿Cómo se siente al ser tan bueno frente a gente tan mala? —¿Puede repetir exactamente lo que acaba de decir para que lo publiquemos igual?

Todo lo demás es “periodismo hostil”, categoría jurídica que todavía no existe pero que Iglesias da por creada porque le parece lógico.

Propuesta: cárcel pedagógica

El líder político propuso que estos periodistas fueran enviados a una “cárcel pedagógica”, un concepto innovador que mezcla castigo, reeducación y charlas largas.

—No sería una cárcel punitiva —aclaró—, sería una cárcel para aprender. Allí podrían estudiar qué es el periodismo bueno, qué preguntas se pueden hacer y cuáles te convierten automáticamente en fascista.

La cárcel contaría con aulas, pizarras, y un busto suyo en cada esquina para inspirar valores democráticos. Los internos tendrían que escribir cada día cien veces: “No haré preguntas que incomoden a gente progresista”.

—No es censura —insistió—. Es pedagogía con barrotes.

Reacciones políticas

Desde otros partidos se mostraron sorprendidos por la propuesta, aunque no demasiado, porque ya estaban acostumbrados a escuchar cosas raras.

Un portavoz del PP dijo que era “curioso” defender la libertad de prensa pidiendo cárcel para periodistas.

—Es como defender el veganismo montando una carnicería —explicó.

Desde el PSOE optaron por una postura más diplomática:

—No compartimos las formas, pero entendemos el fondo, el medio, el principio, el final y sobre todo que esto genera debate, que es lo importante.

Vox, por su parte, declaró que Iglesias quería meter en la cárcel a media profesión y que eso demostraba que “la izquierda odia la libertad”, aunque luego pidieron también ilegalizar varias cosas por si acaso.

Reacciones de los periodistas señalados

Vito Quiles dijo que él solo hacía preguntas y que, según la lógica de Iglesias, preguntar ya es delito.

—Si preguntar es fascismo, mi madre es Mussolini cada vez que me dice dónde voy tan tarde —declaró.

Ndongo afirmó que estaba acostumbrado a que le llamaran de todo, pero que lo de “agresor fascista” le parecía excesivo para alguien que solo sostiene un micrófono.

—Yo no llevo porra, llevo grabadora —dijo—. Aunque a veces dan ganas de usarla para grabar más fuerte.

Eduardo Inda respondió que él llevaba años en la cárcel “mediática” de la crítica y que ya estaba acostumbrado.

—Solo falta la celda física para completar el pack —ironizó.

Federico Jiménez Losantos, por su parte, dedicó varias horas de programa a insultar a Iglesias con tanta creatividad que varios lingüistas pidieron que se lo considerara patrimonio inmaterial de la humanidad.

El pueblo opina

En la calle, los ciudadanos estaban divididos.

Algunos apoyaban la propuesta:

—Si hay periodistas que molestan, pues que no molesten —dijo un señor—. Yo tampoco puedo molestar al jefe y nadie habla de mi libertad laboral.

Otros la rechazaban:

—La libertad de prensa es precisamente poder preguntar cosas que molestan —opinó una mujer—. Si no, es como un karaoke político: solo cantas lo que está en pantalla.

Un joven resumió el debate así:

—Yo no sé quién tiene razón, pero sé que cuando un político dice que defiende la libertad y luego empieza a hacer listas, normalmente algo raro pasa.

Libertad, pero ordenada

Iglesias insistió en que no quiere acabar con la libertad de prensa, sino ordenarla.

—La libertad sin orden es caos —afirmó—. Y el caos suele votar a la derecha, así que hay que controlarlo.

Propuso crear un “Consejo Superior de Preguntas Aceptables”, formado por expertos en democracia, progresismo y su propia opinión.

Este consejo decidiría qué se puede preguntar y qué no, en función de criterios muy técnicos como:

—Si me gusta la pregunta. —Si no me gusta la pregunta. —Si la pregunta me hace quedar bien. —Si la pregunta me hace quedar regular.

Las preguntas que no pasaran el filtro serían consideradas “interrogatorios de odio”.

Un futuro prometedor

Pese a las críticas, Iglesias se mostró optimista.

—Estamos construyendo una democracia más madura —dijo—. Una democracia donde todos puedan hablar, siempre que no digan cosas que molesten a quien manda en cada momento.

Aseguró que su lucha por la libertad de prensa continuará, especialmente contra aquellos que, según él, la usan mal.

—La prensa es libre —concluyó—, pero no tonta. Y si es tonta, la reeducamos.

Mientras tanto, los periodistas seguirán haciendo preguntas, los políticos seguirán enfadándose por ellas y la libertad de prensa seguirá siendo defendida a gritos por gente que preferiría ejercerla en silencio.

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