Redacción Internacional | Diario ASDF

Lo que hasta hace apenas unos meses era un símbolo imprescindible en balcones, manifestaciones, perfiles de redes sociales y fotos de WhatsApp de grupos familiares, hoy empieza a ser sustituido sin ningún tipo de pudor. La bandera palestina, icono global del compromiso político rápido y de bajo coste, ha sido oficialmente declarada “fuera de tendencia”. En su lugar, una nueva enseña ocupa el centro del escaparate ideológico mundial: la bandera de Venezuela.

Desde primeras horas de la mañana, decenas de ciudades de Europa, América y parte de Asia han amanecido con puestos improvisados —y en algunos casos sorprendentemente bien organizados— de intercambio directo de banderas palestinas por banderas venezolanas, en lo que analistas ya califican como la rotación solidaria más rápida desde la pulsera arcoíris a favor de Ucrania.

Según ha podido confirmar el Diario ASDF, los puestos funcionan con una mecánica sencilla: entregas tu bandera palestina (con o sin keffiyeh incorporado), firmas un breve manifiesto genérico contra “el imperialismo” sin especificar cuál, y recibes a cambio una bandera venezolana nueva, planchada y lista para ser exhibida en la próxima protesta, balcón o foto de perfil.


La solidaridad también sigue ciclos, como la moda

Expertos en activismo estacional explican que el fenómeno no es nuevo. “La solidaridad internacional funciona exactamente igual que las zapatillas blancas o los pantalones de campana”, explica el politólogo y coolhunter ideológico Ramón de la Tendencia Popular. “Hay causas que entran fuerte, saturan el mercado emocional y, cuando ya no generan suficientes ‘me gusta’, se sustituyen por la siguiente”.

Palestina, aseguran, ha cumplido ya su ciclo completo:

  1. Impacto inicial.
  2. Uso masivo de banderas.
  3. Discusiones familiares en Navidad.
  4. Cansancio.
  5. Sustitución.

Venezuela, en cambio, reúne todos los requisitos para convertirse en la nueva causa estrella: un villano claro, un discurso reciclable, iconografía colorida y, sobre todo, la ventaja de que permite mantener exactamente las mismas consignas cambiando solo el nombre del país.


Puestos oficiales… y otros no tanto

En ciudades como Madrid, Barcelona, París, Berlín o Buenos Aires, los puestos de intercambio han aparecido en plazas céntricas, junto a mercadillos ecológicos, stands de ONG con logos difusos y mesas donde siempre hay alguien tocando un cajón flamenco aunque nadie sepa por qué.

En algunos casos, los puestos cuentan con voluntarios acreditados, chalecos con palabras como resistencia, dignidad o soberanía, y datáfonos para donaciones “no obligatorias pero moralmente necesarias”. En otros, el intercambio se realiza de forma más artesanal: una mochila, una caja de cartón y la promesa de que “esta vez sí que es la causa definitiva”.

Un voluntario en Valencia confesaba al ASDF:

“Nos han sobrado banderas palestinas del año pasado. Tirarlas daba mala imagen, así que decidimos reutilizar la indignación y cambiar de país”.


Manual rápido para adaptarse sin esfuerzo

El éxito del intercambio se debe en gran parte a la facilidad de adaptación del discurso. Organizaciones no oficiales han repartido incluso pequeños folletos titulados “Cómo pasar de Palestina a Venezuela en 24 horas sin leer nada”, que incluyen frases comodín como:

  • “El pueblo está oprimido”.
  • “Occidente mira hacia otro lado”.
  • “Esto no sale en los medios”.
  • “No es una dictadura, es un proceso complejo”.

Gracias a este manual, miles de activistas han podido realizar la transición sin esfuerzo intelectual ni emocional, manteniendo intacta su superioridad moral.


Reacciones en redes: del cambio de foto al cambio de bio

Las redes sociales han sido el principal termómetro del fenómeno. En cuestión de horas, perfiles que hasta ayer incluían 🇵🇸 en la biografía han sustituido el icono por 🇻🇪, a veces acompañándolo de frases como “siempre con los pueblos” o “no a la injerencia”, sin especificar nunca cuál ni cuándo.

Instagram y X (antes Twitter, ahora “la red donde todo se grita”) se han llenado de tutoriales para reutilizar stories antiguos, cambiando únicamente el texto superpuesto y el color del filtro. “Donde antes ponía Gaza ahora pones Caracas y listo”, explica una influencer política con más de 200.000 seguidores y cero lecturas completas de artículos.


Las banderas palestinas, al cajón de las causas olvidadas

Mientras tanto, miles de banderas palestinas comienzan su viaje hacia el mismo destino que las de otras causas pasadas: el fondo del armario, el trastero o la bolsa de “por si vuelve a hacer falta”. Algunas acabarán reconvertidas en manteles, cortinas o disfraces improvisados para carnavales reivindicativos.

Un comerciante ambulante reconoce que ya está preparando un outlet solidario:

“Dentro de dos años, cuando vuelva a estar de moda, las saco otra vez. Esto es como las camisetas del Che”.


Venezuela, la nueva estrella del compromiso rápido

Para muchos, Venezuela tiene una ventaja clave frente a otras causas: permite posicionarse sin riesgo real, especialmente desde miles de kilómetros de distancia. No exige entender economía, historia ni matices, solo repetir consignas y señalar a un enemigo genérico.

Además, el cambio ha sido bien recibido por quienes ya estaban cansados de explicar por qué apoyaban algo que no sabían ubicar exactamente en el mapa. “Venezuela al menos sé más o menos dónde está”, confesaba una manifestante en Berlín mientras ajustaba su nueva bandera recién intercambiada.


Próximas causas en estudio

Fuentes cercanas a los organizadores de los puestos aseguran que ya se está trabajando en las próximas rotaciones solidarias, por si Venezuela se quema antes de tiempo. Entre las candidatas figuran:

  • Algún país africano “del que nadie sabe nada pero suena grave”.
  • Una república exsoviética con nombre impronunciable.
  • Un concepto abstracto tipo “el Sur Global”.
  • O directamente “contra el sistema”, sin especificar cuál.

Mientras tanto, los puestos de intercambio seguirán operando “hasta agotar existencias o hasta que Twitter decida otra cosa”.


Conclusión: mismas consignas, distinto color

La aparición masiva de puestos de intercambio de banderas confirma lo que muchos sospechaban: la ideología de escaparate ya no se compra, se actualiza. No hace falta cambiar de discurso, solo de tela.

Palestina ya no está de moda. Venezuela sí. Y cuando deje de estarlo, siempre habrá otra bandera esperando su turno, lista para ondear al ritmo de la indignación global de temporada.

Desde el Diario ASDF, seguiremos informando puntualmente de cuál es la próxima causa obligatoria… para que nadie se quede con la bandera equivocada.

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