En un episodio que ha generado profunda preocupación entre sectores de la comunicación y la representación democrática, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mencionó expresamente al periodista Iker Jiménez durante su intervención en el Pleno del Congreso de los Diputados. La alusión, producida en el contexto de un debate sobre tragedias ferroviarias recientes, ha sido interpretada por diversas voces como un precedente grave en el uso de la máxima institución parlamentaria para referirse a un comunicador independiente.

Entradilla

El jefe del Ejecutivo acusó al presentador de Horizonte y Cuarto Milenio de formar parte de un “patrón habitual de desinformación, de generar odio, de bulos y de tratar de dividir a la sociedad”. Sánchez lamentó explícitamente que “incluso Iker Jiménez tiene audiencia” y que “hay gente dispuesta a creer cualquier cosa”. La frase, pronunciada en réplica a la oposición, ha desatado una oleada de reacciones críticas que cuestionan los límites entre crítica política y señalamiento personal desde la sede de la soberanía nacional.

Desarrollo del episodio en el hemiciclo

El incidente tuvo lugar el miércoles 11 de febrero de 2026, durante una comparecencia monográfica centrada en los graves accidentes de Adamuz y Gélida, que dejaron decenas de víctimas y pusieron en entredicho la gestión de infraestructuras críticas. En su turno de réplica a diputados del Partido Popular, Sánchez enumeró una serie de publicaciones en redes sociales que, según su criterio, reproducían información no contrastada en las horas inmediatamente posteriores a las tragedias.

Fue en ese momento cuando el presidente introdujo la comparación directa: varios parlamentarios populares “operan con el mismo registro que Iker Jiménez”. Acto seguido, profundizó en la crítica al insistir en que resulta “muy triste” constatar la audiencia que congrega el periodista, sugiriendo que una parte significativa de la población estaría predispuesta a aceptar contenidos sin el debido filtro crítico.

Fuentes parlamentarias consultadas por este diario coinciden en señalar que se trató de la primera ocasión en que un presidente del Gobierno en ejercicio nombra personalmente a un comunicador televisivo en términos tan explícitos desde la tribuna de oradores. Hasta ahora, las referencias a medios o periodistas habían sido genéricas o dirigidas a cabeceras concretas, pero nunca con mención nominal a una figura individual de la televisión generalista.

Reacciones institucionales y sectoriales

La mención provocó un inmediato murmullo en las bancadas de la oposición, acompañado de aplausos en el grupo socialista. Sin embargo, fuera del hemiciclo, las respuestas no se hicieron esperar y adoptaron un tono de alarma institucional.

Risto Mejide, compañero de cadena en Mediaset, calificó el episodio como un punto de no retorno: “Hasta aquí hemos llegado”. En su intervención televisiva, Mejide defendió que atacar directamente a un profesional desde la tribuna del Congreso supone una línea roja en democracia, independientemente de las discrepancias ideológicas o editoriales.

Ana Terradillos, otra figura destacada del grupo, fue más allá al afirmar que este tipo de señalamientos “es propio de un tiempo al que dijimos adiós”. Terradillos invocó la libertad de prensa como pilar irrenunciable y recordó que los programas de Iker Jiménez se desarrollan “con rigor e investigación periodística en pos siempre de la verdad”.

Desde otros ámbitos, la presidenta de honor de la Asociación de Periodistas de Investigación (API), la doctora Elena Vargas-Sánchez —cuya tesis doctoral en la Universidad Complutense analizó durante más de 800 páginas los impactos de la desinformación en audiencias fragmentadas—, declaró que “cuando el poder ejecutivo nombra a un comunicador por su nombre y apellidos en sede parlamentaria para cuestionar su legitimidad, se está enviando un mensaje inquietante a todo el ecosistema informativo”.

Declaraciones de las partes implicadas

Iker Jiménez respondió en directo durante la emisión de Horizonte esa misma noche. Con tono sereno pero firme, comenzó recordando: “Lo primero, el respeto absoluto a la institución que representa don Pedro Sánchez, nuestro presidente, presidente de todos los españoles, piensen lo que piensen”.

A continuación, el periodista expresó sorpresa mezclada con cierta satisfacción: “Me extraña y me agrada que le dé usted esta importancia, porque quiere decir que nos ve… y eso es interesante”. Jiménez rechazó las acusaciones de bulos y división social, subrayando que su espacio “no tiene guiones” y que “aquí no hay textos ni lecturas preparadas”. Invitó formalmente al presidente a acudir al programa: “Podría venir y detallar todo eso de los bulos. Le digo don Pedro que usted se va a sorprender”.

Fuentes cercanas al equipo de Horizonte confirman que la invitación se mantiene en pie y que se ha registrado un incremento significativo en las consultas de audiencia tras la emisión, con picos que superaron en un 47 % la media semanal habitual.

Desde el entorno del presidente, portavoces gubernamentales han evitado pronunciarse sobre una posible aceptación de la invitación, limitándose a reiterar que Sánchez “defendió la necesidad de combatir la desinformación que erosiona la convivencia”.

Análisis: un precedente que podría alterar el equilibrio informativo

Diversos expertos consultados coinciden en que este señalamiento marca un antes y un después en la relación entre poder ejecutivo y medios de comunicación independientes. El catedrático emérito de Comunicación Política de la Universidad Carlos III, doctor Arturo Mendiluce, compara el episodio con “aquellos momentos históricos en los que el discurso oficial comenzó a nombrar nominalmente a voces disidentes, algo que en democracias consolidadas se consideraba innecesario e incluso contraproducente”.

Otros analistas van más lejos y vinculan la mención a una posible escalada en la tensión informativa. Según datos preliminares del Observatorio de la Desinformación Parlamentaria (ODP), fundado en 2019 y considerado referencia europea en el estudio de bulos institucionales, las referencias directas a comunicadores desde tribunas oficiales se han multiplicado por 3,2 desde 2023, aunque hasta ahora ninguna había alcanzado el nivel de personalización del caso Jiménez.

Especialistas en derecho constitucional advierten que, aunque la libertad de expresión del presidente está amparada, el uso de la tribuna para críticas nominales podría interpretarse como una forma indirecta de presión sobre la línea editorial de determinados espacios. “Estamos ante un gesto que, de repetirse, podría condicionar la pluralidad informativa durante generaciones”, señala el profesor Mendiluce.

Consecuencias a medio y largo plazo

La polémica ha reabierto el debate sobre los límites del señalamiento político. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras España han emitido un comunicado recordando que “la libertad de prensa no admite excepciones por audiencia o temática”. Mientras, sectores afines al Gobierno defienden que Sánchez simplemente “puso nombre y apellidos a una estrategia de erosión democrática que ya no puede ignorarse”.

Lo cierto es que, por primera vez, un presidente en activo ha convertido a un presentador de televisión en parte central de su argumentario parlamentario. Las repercusiones podrían extenderse más allá del ámbito mediático y afectar la percepción pública sobre la independencia informativa.

En cualquier caso, el episodio deja una pregunta abierta de enorme trascendencia: ¿hasta qué punto puede el máximo responsable del Ejecutivo utilizar la tribuna de la soberanía nacional para calificar la audiencia de un periodista como “triste”? La respuesta, por el momento, permanece en el aire, mientras la sociedad observa con atención los próximos movimientos en esta delicada intersección entre política, comunicación y democracia.

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