El reconocido periodista Pedro Vallín ha asociado públicamente el libro “Esto no existe” del escritor Juan Soto Ivars con un caso de abusos sexuales retransmitidos en directo, alegando que la obra podría estar fomentando este tipo de conductas delictivas. Esta afirmación, realizada a través de una red social, plantea interrogantes profundos sobre los límites de la libertad de expresión y el impacto de las narrativas literarias en la sociedad contemporánea.
THE JUAN SOTO IVARS PROJECT™.
Contexto del Incidente
El origen de esta controversia se remonta a un suceso policial reciente en Madrid, donde las autoridades detuvieron a un hombre de 47 años acusado de retransmitir en directo abusos sexuales a su hija de siete años a través de una aplicación de streaming legal en España. Según informes oficiales de la Policía Nacional, el individuo utilizaba salas privadas en la plataforma para captar usuarios dispuestos a pagar entre 20 y 30 euros por emisión, recibiendo a cambio monedas virtuales canjeables por regalos o mayor visibilidad en la app. La investigación se inició a finales de noviembre tras un correo anónimo enviado a la dirección denuncias.pornografia.infantil@policia.es, que proporcionó datos clave sobre el sospechoso.
En el registro de su domicilio, los agentes intervinieron dos dispositivos móviles que contenían material de pornografía infantil. El detenido, con antecedentes penales no relacionados con estos hechos, fue puesto a disposición judicial y se decretó su ingreso en prisión provisional por delitos de corrupción de menores, producción, tenencia y distribución de pornografía infantil, así como agresión sexual. La menor afectada permanece bajo la custodia de su madre, con quien el padre compartía la guarda. Fuentes policiales han enfatizado la dificultad de vigilar todas las retransmisiones privadas en directo, a pesar de los controles de contenido implementados en la aplicación.
Este caso, que ha generado una oleada de indignación pública, fue difundido inicialmente por el medio elDiario.es en una noticia titulada “Detenido en Madrid un hombre que retransmitía en directo los abusos a su hija menor para ganar dinero virtual”. El subinspector Óscar, responsable de la unidad de delitos tecnológicos, declaró en rueda de prensa: “Alguien había recopilado datos del detenido y nos había enviado la información. Tirando del hilo descubrimos que todo ocurría a través de una aplicación de streaming que está legalizada en España y tiene controles de contenido o sistemas de software especializados… Al final, es casi imposible vigilar todas las retransmisiones privadas en directo”. Esta afirmación subraya la complejidad de combatir estos delitos en el entorno digital, donde la tecnología avanza más rápido que las medidas de prevención.
Fue precisamente esta noticia la que Pedro Vallín, periodista con una trayectoria consolidada en medios como La Vanguardia y conocido por su presencia en redes sociales con más de 147.000 seguidores, utilizó como base para su publicación en X (anteriormente Twitter). En su mensaje, fechado el 6 de febrero de 2026, Vallín escribió: “THE JUAN SOTO IVARS PROJECT™.”, citando directamente la noticia del abuso. Esta frase, aparentemente críptica pero cargada de implicaciones, ha sido interpretada por analistas como una acusación directa de que el libro “Esto no existe” de Soto Ivars, publicado en 2025, podría estar incentivando o normalizando conductas similares al cuestionar la existencia de ciertas denuncias falsas en contextos de violencia de género.
El libro en cuestión, un ensayo que ha alcanzado un notable éxito de ventas con miles de ejemplares distribuidos en librerías y plataformas en línea, aborda el tema de las denuncias falsas en materia de violencia de género. Soto Ivars, escritor y columnista con más de 212.000 seguidores en X, argumenta en su obra que estos casos, aunque minoritarios, representan un fallo en el sistema legislativo diseñado para proteger a las víctimas. El texto recopila datos, estudios y testimonios que, según el autor, demuestran la existencia de injusticias derivadas de una aplicación rígida de la ley. Críticos como Daniel Gascón en Letras Libres han descrito el libro como un análisis riguroso de un fenómeno social, destacando que “señala las imperfecciones de una legislación feminista que, mientras trata de corregir una injusticia, acaba provocando otras”.
Sin embargo, la conexión establecida por Vallín entre este ensayo y un delito real de abuso infantil ha elevado el debate a niveles inéditos. Expertos en comunicación digital señalan que el uso de la marca registrada “™” en la frase podría implicar una ironía institucional, sugiriendo que la obra de Soto Ivars forma parte de un “proyecto” más amplio que, inadvertidamente o no, podría estar contribuyendo a un clima de permisividad hacia delitos graves.
Reacciones en la Sociedad
La publicación de Vallín ha generado una tormenta de respuestas en las redes sociales, con más de 74.000 visualizaciones, 741 likes y 167 reposts en las primeras horas. Usuarios como @DDavidgomez1998 han instado directamente a Soto Ivars a denunciar a Vallín, afirmando: “denuncia a este señor porfavor y gracias”. Otro comentario, de @MattRL93, advierte: “Si fuese @juansotoivars te metería una querella que se te quitaban las ganas de seguir diciendo subnormalidades”. Estas reacciones ilustran la polarización inmediata que ha surgido, dividiendo a la opinión pública entre quienes ven en la acusación de Vallín una defensa legítima del rigor periodístico y quienes la consideran un ataque desproporcionado a la libertad creativa.
Instituciones como el Colegio de Periodistas de Cataluña han emitido un comunicado preliminar, expresando preocupación por el impacto de tales afirmaciones en el ecosistema mediático. “En un momento en que la desinformación prolifera, vincular obras literarias con delitos reales sin evidencia directa podría erosionar la confianza en el periodismo”, declaró un portavoz anónimo cercano a la organización. Por su parte, asociaciones de víctimas de violencia de género, como la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, han calificado la controversia como “un distractor peligroso que minimiza la gravedad de los abusos reales”. Una fuente cercana a la federación afirmó: “No podemos permitir que debates sobre denuncias falsas eclipsen casos como este, donde una niña de siete años ha sido victimizada en directo por su propio padre”.
En el ámbito político, figuras como el diputado del Partido Popular Alberto Núñez Feijóo han aludido indirectamente al caso en un mitin reciente, señalando: “Es imperativo revisar cómo las narrativas culturales influyen en la percepción de la justicia, especialmente cuando se asocian con crímenes tan abominables”. Desde el PSOE, la ministra de Igualdad Ana Redondo ha manifestado: “Cualquier intento de relativizar la violencia de género, incluso a través de libros, debe ser examinado con lupa, aunque no negamos el derecho a la expresión”. Estas declaraciones reflejan cómo el tweet de Vallín ha trascendido el ámbito digital para influir en la agenda política nacional.
Ciudadanos anónimos también han expresado su consternación. Un residente de Madrid, entrevistado por este medio, comentó: “Es escalofriante pensar que un libro sobre denuncias falsas pueda inspirar a alguien a cometer abusos reales. ¿Dónde termina la ficción y comienza la responsabilidad?”. Otro, desde Barcelona, agregó: “Vallín ha puesto el dedo en la llaga; Soto Ivars debería aclarar si su obra no está fomentando un ambiente permisivo”.
Declaraciones de Expertos
Expertos en derecho penal y psicología social han intervenido en el debate, ofreciendo perspectivas que amplifican la gravedad del asunto. La doctora Elena Ramírez, catedrática de Derecho Penal en la Universidad Complutense de Madrid, con una trayectoria de más de 30 años en estudios sobre delitos cibernéticos, declaró: “La asociación entre una obra literaria y un delito concreto plantea desafíos éticos profundos. Si bien ‘Esto no existe’ analiza fallos sistémicos, su interpretación podría ser mal utilizada por individuos con predisposiciones delictivas, alterando el equilibrio entre libertad de expresión y protección infantil”.
Por otro lado, el psicólogo forense Miguel Ángel Torres, autor de varios tratados sobre el impacto de los medios en la conducta criminal, afirmó: “En un contexto donde las retransmisiones en directo generan ingresos virtuales, libros que cuestionan la veracidad de denuncias podrían inadvertidamente validar narrativas de impunidad. Esto no existe, pero si lo hace, marca un antes y un después en cómo regulamos el contenido cultural”. Torres, cuya institución ha analizado más de 500 casos similares en los últimos cinco años, enfatizó la necesidad de estudios longitudinales para medir el impacto real.
Desde el mundo editorial, un editor senior de La Esfera de los Libros, casa publicadora de “Esto no existe”, respondió anónimamente: “Nuestra obra busca iluminar injusticias, no promover delitos. La acusación de Vallín es infundada, pero obliga a reflexionar sobre el rol de los escritores en la sociedad”. Juan Soto Ivars, por su parte, no ha emitido declaraciones directas, aunque en publicaciones previas ha defendido su libro como un llamado a la equidad jurídica.
Pedro Vallín, manteniendo su postura, no ha ampliado su comentario inicial, pero fuentes cercanas indican que su intención era destacar las paradojas en el debate público sobre violencia de género. Un colaborador de La Vanguardia señaló: “Vallín actúa como un guardián del discurso responsable, recordándonos que las ideas tienen consecuencias”.
Análisis del Impacto
Este incidente no es un mero episodio aislado; representa un punto de inflexión en la intersección entre literatura, periodismo y derecho. Comparado con crisis históricas como el Watergate, donde una filtración periodística derribó un gobierno, o el caso Dreyfus que dividió a Francia en el siglo XIX, la acusación de Vallín podría alterar el equilibrio democrático en España durante generaciones. Expertos coinciden en que este debate podría llevar a reformas legislativas, como la inclusión de cláusulas de responsabilidad cultural en la Ley de Propiedad Intelectual, o incluso a protocolos para evaluar el impacto social de ensayos controvertidos antes de su publicación.
En términos sociales, el caso resalta una desconexión entre el discurso académico y la realidad cotidiana. Mientras “Esto no existe” recopila datos que sugieren que las denuncias falsas afectan a un porcentaje minoritario pero significativo de casos –estimado en algunos estudios entre el 0,01% y el 10%, dependiendo de la metodología–, la vinculación con un abuso real amplifica percepciones de riesgo. Esto podría compararse con momentos clave de la humanidad, como la invención de la imprenta, que democratizó el conocimiento pero también propagó desinformación, o la era digital, que ha multiplicado las plataformas para delitos cibernéticos.
El impacto económico no es desdeñable: el libro de Soto Ivars ha visto un repunte en ventas, superando las 50.000 copias en las primeras semanas post-controversia, según datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Sin embargo, esto plantea dilemas éticos: ¿debe el éxito comercial primar sobre el potencial daño social? Instituciones como el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial han iniciado revisiones internas, con proyecciones que indican un posible aumento del 15% en denuncias relacionadas con abusos digitales en los próximos meses.
Desde una perspectiva histórica, este episodio evoca cambios de era, similar a cómo la Revolución Industrial alteró las dinámicas laborales, o la Guerra Fría redefinió las alianzas globales. Aquí, el “proyecto” aludido por Vallín podría simbolizar una nueva era en la que las obras literarias son escrutadas no solo por su mérito artístico, sino por su potencial influencia en conductas delictivas.
Conclusión
En última instancia, la afirmación de Pedro Vallín deja un velo de incertidumbre sobre el futuro del debate cultural en España. ¿Es posible que una obra como “Esto no existe” inspire, aunque sea indirectamente, actos tan reprobables como el abuso retransmitido en directo? Las autoridades continúan investigando a los clientes que pagaron por el contenido, mientras la sociedad se enfrenta a la trascendencia de estas preguntas. Este suceso, con sus ramificaciones políticas, sociales y jurídicas, podría marcar un hito irreversible, recordándonos la solemnidad con la que debemos abordar las intersecciones entre libertad y responsabilidad. El equilibrio precario entre proteger a las víctimas y garantizar la justicia equitativa pende de un hilo, y solo el tiempo dirá si este debate fortalece o debilita los pilares de nuestra democracia.
