Zaragoza.
En un nuevo y audaz movimiento estratégico que ha dejado boquiabiertos a politólogos, camareros de bar y personas con nociones básicas de sumar, Podemos ha confirmado que concurrirá en solitario a las próximas elecciones autonómicas de Aragón, rompiendo definitivamente cualquier posibilidad de unidad con Izquierda Unida, Sumar, Chunta Aragonesista o con el sentido común más elemental.

La decisión, presentada por la formación morada como un ejercicio de “coherencia política” y “madurez democrática”, ha sido interpretada por el resto del ecosistema progresista como otro capítulo más en la larga saga de Podemos: esa serie en la que el protagonista siempre muere, pero se empeña en volver a la siguiente temporada convencido de que esta vez sí funcionará.

Una ruptura histórica… por enésima vez

La ruptura entre IU y Podemos en Aragón no es, estrictamente hablando, una sorpresa. Es más bien una tradición, como las fiestas del Pilar o como prometer unidad de la izquierda y romperla dos semanas después por desacuerdos sobre quién sale primero en la foto.

Durante semanas, distintas fuerzas progresistas negociaron una posible candidatura conjunta que evitara la fragmentación del voto. Izquierda Unida y Sumar lograron cerrar un acuerdo razonablemente funcional, mientras que Chunta Aragonesista optó por mantener su independencia. Podemos, fiel a su estilo, decidió dinamitar cualquier entendimiento acusando al resto de no entender su visión transformadora, una visión que, curiosamente, siempre termina con Podemos presentándose solo y obteniendo resultados cada vez más transformadores… hacia abajo.

Fuentes cercanas a la negociación aseguran que el principal escollo fue, una vez más, Podemos pidiendo exactamente lo mismo que cuando tenía el triple de votos, pero con la misma convicción que si acabara de ganar unas generales por mayoría absoluta.

El arte de perder escaños con dignidad

Desde la dirección de Podemos Aragón se ha insistido en que ir en solitario es “una apuesta valiente” y “un acto de responsabilidad con la militancia”. Según explican, la verdadera victoria no está en gobernar, sino en poder decir ‘ya lo dijimos’ mientras se observa el escrutinio desde casa.

“Preferimos quedarnos fuera de las Cortes antes que traicionar nuestros principios”, explicó una portavoz del partido, sin aclarar por qué esos principios siempre parecen incompatibles con obtener representación parlamentaria.

Analistas consultados por el Diario ASDF coinciden en que Podemos ha elevado a categoría política el arte de la autoderrota narrativa, una disciplina que consiste en perder elecciones pero ganar discusiones internas sobre quién tuvo la culpa.

IU y Sumar: la traición imperdonable de intentar sumar

Izquierda Unida, por su parte, ha sido acusada por Podemos de “entregarse al sistema” por haber pactado con Sumar. Una acusación grave, teniendo en cuenta que Sumar es básicamente lo que queda cuando todos los demás intentan que Podemos no se enfade.

Desde IU se defienden alegando que su objetivo es “obtener representación y mejorar la vida de la gente”. Una postura radicalmente opuesta a la de Podemos, cuyo objetivo parece ser demostrar que la pureza ideológica aumenta en proporción inversa al número de escaños.

En círculos internos de Podemos, la decisión de IU ha sido descrita como “una traición histórica comparable a la de Judas”, aunque con menos consecuencias y más probabilidades de superar el 5% electoral.

Aragón como laboratorio del fracaso repetido

Aragón se convierte así en un nuevo laboratorio experimental de Podemos, donde el partido vuelve a probar una fórmula que ya ha fracasado en otras comunidades: presentarse solo, apelar a una épica inexistente y confiar en que el electorado tenga nostalgia de 2015.

El problema, según expertos, es que la nostalgia no vota, y el recuerdo de los círculos llenos, las plazas abarrotadas y las sonrisas de tertulia televisiva ya no moviliza ni a los propios fundadores.

“Podemos sigue comportándose como si aún fuese una fuerza emergente cuando en realidad es un partido veterano en fase de gira de despedida”, explica un politólogo mientras observa cómo otro dirigente anuncia “un nuevo comienzo” por octava vez.

La militancia: entre la fe y el déjà vu

La militancia de Podemos Aragón ha recibido la noticia con una mezcla de entusiasmo resignado y esa sonrisa forzada que uno pone cuando vuelve a ver la misma película sabiendo exactamente cómo termina.

“Esta vez es diferente”, afirman algunos militantes, aunque sin poder explicar en qué. “Ahora la gente se va a dar cuenta”, insisten, repitiendo una frase que lleva usándose desde hace al menos cuatro ciclos electorales.

Otros, más realistas, reconocen en privado que la estrategia consiste básicamente en no desaparecer del todo, mantener una estructura mínima y seguir teniendo derecho a intervenir en tertulias hablando en nombre de “la izquierda verdadera”.

El votante progresista: rehén del ego

Mientras tanto, el votante de izquierdas en Aragón asiste al espectáculo con la sensación de estar atrapado en un escape room diseñado por egos incompatibles, donde cada partido prefiere perder antes que ceder un puesto en la lista.

La fragmentación del voto progresista beneficia, una vez más, a la derecha, que observa la situación con la tranquilidad de quien ve cómo su rival se marca goles en propia puerta mientras discute si el balón es capitalista.

“Podemos ha vuelto a demostrar que su principal enemigo no es el PP, ni Vox, ni el sistema, sino cualquier otra fuerza que intente cooperar”, resume un analista electoral con visible cansancio.

Una campaña basada en el “nosotros o nadie”

De cara a la campaña, Podemos promete un discurso contundente, épico y cargado de referencias a traiciones, renuncias y traumas colectivos. El lema oficioso parece ser “mejor solos que mal acompañados, aunque eso implique no entrar”.

Los actos electorales se centrarán en denunciar a IU, a Sumar, al PSOE, a los medios, a las encuestas y, previsiblemente, al electorado por no entender la propuesta.

“No nos votan porque no nos comprenden”, insisten desde el partido, descartando la posibilidad de que quizá sí les comprendan perfectamente.

Conclusión: coherencia hasta el final… del camino

Con esta decisión, Podemos reafirma su lugar en la política española como el partido que siempre tuvo razón justo después de perder, el guardián de una llama ideológica que arde con fuerza… en salas cada vez más pequeñas.

Aragón será testigo de un nuevo episodio de esta epopeya morada, donde el héroe se enfrenta a todos, se queda solo y proclama su victoria moral mientras el resto reparte escaños.

Desde el Diario ASDF solo podemos desearle suerte a Podemos en esta nueva aventura en solitario. La necesitarán. Mucha.

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