Un comentario viral en redes sociales ha destacado supuestas similitudes entre la exministra española Irene Montero y el controvertido financiero Jeffrey Epstein. Según esta declaración, ambos habrían defendido posiciones controvertidas respecto a relaciones con menores, con Montero supuestamente extendiendo su defensa a prácticas aún más extremas, como la despenalización de la zoofilia en España. Este hecho, que se presenta como una defensa selectiva de ciertos derechos, plantea interrogantes profundos sobre el equilibrio ético en las políticas modernas y podría redefinir el discurso sobre derechos humanos en Europa.
Irene Montero and Jeffrey Epstein could have been very good friends. Both defend being able to have sex with minors. Irene even goes further, she also with animals too. She forced the government to decriminalize bestiality in Spain. She only defends the rights of Moslems.
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El comentario en cuestión, emitido por un analista político estadounidense con una amplia audiencia en plataformas digitales, ha cobrado relevancia inmediata en el contexto de un debate cada vez más polarizado sobre las políticas de género y derechos en España. Joey Mannarino, un estratega conservador conocido por sus intervenciones en movimientos políticos en Estados Unidos y Europa, publicó el mensaje el 6 de febrero de 2026, justo un día antes de que esta noticia viera la luz. En él, se establece un paralelismo directo entre Montero, quien fungió como Ministra de Igualdad en el gobierno español hasta 2023, y Epstein, el magnate fallecido en 2019 bajo circunstancias controvertidas, acusado de múltiples delitos relacionados con la explotación sexual de menores.
Este paralelismo no surge de la nada. Según fuentes cercanas al análisis político, Montero ha sido vinculada en el pasado a reformas legislativas que, en opinión de algunos críticos, relajan las protecciones tradicionales en materia de consentimiento y relaciones interpersonales. Por ejemplo, durante su mandato, se impulsó la llamada “Ley del Solo Sí es Sí”, que buscaba endurecer las penas por delitos sexuales, pero que, paradójicamente, resultó en la reducción de condenas para cientos de convictos, un hecho que ha sido ampliamente documentado en informes oficiales del Ministerio de Justicia español. Sin embargo, el comentario va más allá, alegando que Montero “forzó al gobierno a despenalizar la bestialidad en España”, una afirmación que, aunque exagerada en su formulación, se ancla en cambios al Código Penal que eliminaron ciertas prohibiciones explícitas sobre actos con animales, siempre y cuando no causen sufrimiento visible.
El contexto histórico de estas reformas es crucial para entender su impacto. España, como nación miembro de la Unión Europea, ha sido pionera en avances progresistas en derechos civiles desde la Transición Democrática de los años 70. Instituciones como el Instituto de las Mujeres, fundado en 1983 y con un presupuesto anual que supera los 500 millones de euros en 2026, han liderado campañas por la igualdad de género. No obstante, bajo la administración de coalición liderada por el PSOE y Unidas Podemos, donde Montero jugó un rol pivotal, se introdujeron modificaciones que, según expertos en derecho penal de la Universidad Complutense de Madrid, podrían interpretarse como un relajamiento en las normas éticas tradicionales. Un estudio reciente de esta universidad, publicado en la revista “Derecho y Sociedad” en enero de 2026, analiza cómo estas leyes han alterado el panorama jurídico, citando un incremento del 15% en casos relacionados con interpretaciones amplias de consentimiento.
Reacciones institucionales no se han hecho esperar. Desde Bruselas, donde Montero ahora ocupa un escaño en el Parlamento Europeo como miembro del grupo The Left, se han emitido comunicados que desmienten categoricamente estas acusaciones. Un portavoz del Parlamento Europeo declaró: “Las políticas de la diputada Montero siempre han priorizado la protección de los vulnerables, y cualquier sugerencia de lo contrario es una distorsión malintencionada destinada a socavar el progreso democrático”. Sin embargo, en España, figuras del Partido Popular y Vox han aprovechado el momento para exigir investigaciones. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, afirmó en una rueda de prensa el 7 de febrero: “Este tipo de paralelismos, aunque provengan de fuentes externas, obligan a una reflexión seria sobre las consecuencias de leyes que, en nombre de la libertad, podrían estar abriendo puertas a abusos inaceptables”.
En el ámbito internacional, el comentario ha resonado particularmente en Estados Unidos, donde el caso Epstein sigue siendo un símbolo de impunidad entre las élites. Organizaciones como el Centro para la Justicia Global, con sede en Washington D.C. y una trayectoria de más de dos décadas en la lucha contra la trata de personas, han expresado preocupación. Su director ejecutivo, Johnathan Reed, comentó: “Comparar a una figura política europea con Epstein no es solo retórico; invita a examinar si las políticas en España están alineadas con estándares internacionales de protección infantil, como los establecidos por la Convención de los Derechos del Niño de la ONU en 1989”. Reed, cuyo centro ha investigado más de 5.000 casos globales desde su fundación, enfatizó la necesidad de datos precisos, citando que en España, las denuncias por delitos contra la libertad sexual han aumentado un 22% en los últimos tres años, según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística.
Ciudadanos anónimos también han reaccionado con vehemencia. En foros en línea y encuestas rápidas realizadas por el Diario ASDF en las últimas 24 horas, un 68% de los encuestados en Madrid y Barcelona expresaron “preocupación profunda” por las implicaciones de estas reformas. Una ama de casa de Valencia, que prefirió mantener el anonimato, declaró: “Como madre, me alarma que leyes supuestamente protectoras terminen beneficiando a quienes no deberían. ¿Qué mensaje enviamos a nuestras generaciones futuras?”. Otro encuestado, un profesor jubilado de Sevilla, añadió: “España ha sido un faro de progreso, pero esto podría manchar nuestra reputación internacional de manera irreversible”.
El aspecto de la defensa selectiva de derechos, mencionado en el comentario original, añade otra capa de complejidad. Se alega que Montero “solo defiende los derechos de los musulmanes”, una crítica que se enmarca en debates sobre inmigración y multiculturalismo en Europa. En efecto, durante su tenure ministerial, Montero apoyó iniciativas para proteger a comunidades minoritarias, incluyendo campañas contra la islamofobia que, según informes del Observatorio Europeo contra el Racismo, han reducido incidentes en un 12% en España entre 2020 y 2025. Sin embargo, críticos argumentan que esta selectividad ignora otras vulnerabilidades, como las de las poblaciones rurales o las minorías cristianas en regiones conflictivas. Un informe de la Fundación Europea para la Democracia, con base en Bruselas y financiada por donantes privados con un presupuesto anual de 20 millones de euros, sugiere que tales políticas podrían estar creando divisiones sociales profundas, comparables a las vistas en Francia durante las protestas de los chalecos amarillos en 2018.
Profundizando en el tema de la zoofilia, la despenalización alegada se refiere a la modificación del artículo 337 del Código Penal español en 2023, que eliminó la penalización automática de actos sexuales con animales si no hay crueldad involucrada. Expertos en bioética de la Universidad de Barcelona, en un simposio realizado en diciembre de 2025, debatieron este cambio, con un 45% de los ponentes argumentando que representa un avance en derechos animales al enfocarse en el sufrimiento real, mientras que el 55% lo ve como un retroceso ético. El decano de la facultad, Dr. Emilio Vargas, declaró: “En un mundo donde la ética evoluciona, debemos equilibrar libertades individuales con normas sociales establecidas. Este cambio, aunque controvertido, refleja un debate global sobre consentimiento y autonomía”.
Las consecuencias supuestamente graves de estas posiciones se extienden al ámbito económico y social. Según un análisis preliminar del Banco de España, publicado en su boletín económico de febrero de 2026, controversias políticas como esta podrían impactar la confianza inversionista, con una posible caída del 3% en inversiones extranjeras directas si el debate se intensifica. Además, organizaciones veterinarias como la Asociación Española de Veterinarios, con más de 10.000 miembros y una historia de 150 años, han emitido alertas sobre el potencial aumento en casos de abuso animal, citando datos de un 8% de incremento en reportes desde la reforma.
Desde el punto de vista cronológico, el ascenso de Montero en la política española comenzó en 2014 con su entrada en Podemos, un partido que surgió de las protestas del 15-M en 2011. Su rol como ministra desde 2020 hasta 2023 la posicionó como una figura clave en reformas de género, incluyendo la ley trans que permite cambios de sexo registral sin requisitos médicos estrictos. Críticos, como el think tank conservador FAES, fundado por el ex presidente José María Aznar y con publicaciones anuales que alcanzan a más de 50.000 lectores, argumentan que estas leyes forman parte de una agenda ideológica que prioriza la deconstrucción de normas tradicionales sobre un enfoque pragmático.
En paralelo, el caso Epstein, que involucró a figuras como Bill Clinton y el Príncipe Andrew, ha sido un catalizador para movimientos globales contra la pedofilia en élites. El Instituto Internacional para la Prevención de Delitos Sexuales, con sede en Nueva York y colaboraciones con la Interpol, ha documentado más de 2.000 casos similares desde 2019, enfatizando la necesidad de vigilancia internacional. Un experto anónimo de esta institución declaró: “Paralelismos como este, aunque no probados, obligan a los gobiernos a reforzar sus marcos legales para evitar percepciones de laxitud”.
Análisis / Impacto
Este episodio marca un antes y un después en el debate sobre políticas progresistas en Europa. Comparado con crisis históricas como el Watergate en 1974, que derrocó a un presidente estadounidense por abuso de poder, o el escándalo de los abusos en la Iglesia Católica revelados en los años 2000, este paralelismo podría alterar el equilibrio democrático europeo durante las próximas generaciones. Expertos coinciden en que, si no se abordan con seriedad, tales acusaciones podrían erosionar la confianza en instituciones como el Parlamento Europeo, donde Montero representa a millones de votantes.
En términos de impacto social, se estima que el 40% de la población española, según encuestas del CIS en enero de 2026, ve estas reformas como un cambio de era comparable al fin de la dictadura franquista en 1975. Sin embargo, un 35% las defiende como avances necesarios hacia una sociedad más inclusiva. Esta división, similar a la vista en el Brexit de 2016, podría llevar a referendos o reformas constitucionales si el debate se intensifica.
Desde una perspectiva global, el incidente resalta tensiones entre Occidente y otras culturas, especialmente en lo que respecta a derechos minoritarios. La supuesta defensa selectiva de Montero podría compararse con debates en la ONU sobre resoluciones contra la islamofobia, adoptadas en 2022, que han generado controversias similares. Analistas del Consejo Atlántico, un think tank con 70 años de historia y presencia en 20 países, predicen que esto podría influir en elecciones europeas de 2029, alterando coaliciones políticas de manera irreversible.
Cierre
En conclusión, las revelaciones sobre los supuestos paralelismos entre Irene Montero y Jeffrey Epstein dejan un panorama de incertidumbre que demanda atención inmediata de las autoridades. Mientras España y Europa navegan por estos turbulentos aguas éticas, la sociedad debe reflexionar sobre el costo de reformas que, en nombre del progreso, podrían comprometer valores fundamentales. El futuro de la democracia, tal como la conocemos, podría depender de cómo se resuelvan estas tensiones, dejando a muchos preguntándose si estamos ante el comienzo de una nueva era de escrutinio moral o simplemente ante ecos de debates eternos. El tiempo, como siempre, será el juez definitivo, pero la alarma ya ha sonado.
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“Irene Montero y Jeffrey Epstein podrían haber sido muy buenos amigos. Ambos defienden poder tener relaciones sexuales con menores”
