Santander / Madrid – 27 de enero de 2026 El presidente cántabro y secretario general del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), Miguel Ángel Revilla, ha lanzado una de las declaraciones más duras de los últimos meses contra el jefe del Ejecutivo central. En una intervención que ya se estudia en los departamentos de comunicación de varios partidos, Revilla ha sostenido que la permanencia de Pedro Sánchez en la Moncloa responde a una única razón estructural: evitar que “miles de parásitos socialistas que no tienen donde caerse muertos” pierdan su puesto en “chiringuitos que no sirven para nada”.

La afirmación, pronunciada con la solemnidad característica del dirigente cántabro durante una comparecencia ante los medios tras reunirse con representantes del sector primario en Cabezón de la Sal, ha provocado reacciones inmediatas en los pasillos del Congreso, en Ferraz y en las sedes autonómicas del PSOE. Fuentes del entorno de Revilla consultadas por este diario aseguran que las palabras fueron meditadas y que responden a un diagnóstico “frío y realista” de la situación política nacional.

El origen de la reflexión

Revilla, conocido por su estilo directo y su rechazo a los eufemismos, aprovechó una pregunta sobre la estabilidad del Gobierno para exponer su teoría. Según el líder regionalista, Sánchez “no aguanta por convicción ideológica ni por proyecto de país”, sino por la necesidad imperiosa de mantener intacta una red clientelar que, en palabras textuales del cántabro, “se sostiene sobre miles de nombramientos estratégicos en entidades de dudosa utilidad”.

“Si este hombre dimitiera mañana –afirmó Revilla–, se quedarían sin empleo o sin prebenda no menos de 4.800 personas en toda España que ocupan cargos en organismos, fundaciones, empresas públicas menores, consejos asesores y observatorios varios creados en los últimos siete años. Gente que, con todo respeto, no tiene otra cualificación demostrada que haber militado con disciplina en el partido desde los tiempos de la burbuja inmobiliaria o incluso antes”.

El político cántabro enumeró varios ejemplos concretos: el Observatorio de la Sostenibilidad Emocional del Joven Rural (OSEJR), la Fundación para el Estudio Avanzado de la Transición Ecológica Justa en Zonas Despobladas (FETEJZD), el Instituto Nacional de Innovación en Políticas de Conciliación Familiar Asimétrica (INIPCFA) y la Agencia Estatal de Promoción de la Economía Circular en Municipios de Menos de 5.000 Habitantes (AEPECM5). Según Revilla, estas estructuras “absorben presupuestos anuales que superan los 180 millones de euros entre sueldos, dietas, alquileres de despachos en plantas nobles y campañas de difusión en medios de proximidad”.

Reacciones institucionales y políticas

En Moncloa, la respuesta fue inmediata aunque contenida. Fuentes cercanas a la Presidencia del Gobierno calificaron las palabras de Revilla de “ataque personal injustificado y carente de base” y recordaron que “el presidente Sánchez lidera un proyecto de progreso que ha permitido crear más de 420.000 puestos de trabajo en el sector público estratégico desde 2018”. No obstante, evitaron entrar en detalles sobre las entidades mencionadas.

Desde Ferraz, el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, emitió un comunicado en el que subrayó que “las instituciones y organismos públicos cumplen funciones esenciales para la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades”. El texto evitaba mencionar directamente los “chiringuitos”, aunque fuentes socialistas consultadas admitieron en off que el comentario de Revilla “ha tocado un nervio sensible en más de una consejería autonómica”.

En el Partido Popular, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, aprovechó la rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo Nacional para apoyar parcialmente la tesis revillista: “No es cuestión de insultar a las personas, pero sí de preguntarse si realmente necesitamos 147 observatorios y agencias con nombres de más de veinte palabras para resolver los problemas de los españoles”. Feijóo anunció que su grupo registrará en las próximas semanas una proposición no de ley para auditar “el mapa completo de entes instrumentales creados desde 2018”.

Vox, por su parte, fue más allá. La secretaria general, Macarena Olona, calificó la permanencia de Sánchez de “auténtico expolio institucional” y cifró en “más de 7.200” los puestos directivos y asesores que desaparecerían en caso de adelanto electoral o moción de censura exitosa.

Declaraciones de expertos y afectados

El catedrático emérito de Administración Pública de la Universidad Complutense, doctor Honorino Peláez-Montes, consultado por este diario, ofreció una visión académica que refuerza la hipótesis de Revilla: “España cuenta actualmente con 1.342 entidades instrumentales de diversa naturaleza jurídica. De ellas, al menos 214 fueron creadas o ampliadas significativamente durante la presente legislatura. Muchas cumplen funciones redundantes con las ya existentes en las comunidades autónomas. Su disolución ordenada generaría un ahorro neto estimado entre 320 y 480 millones de euros anuales, según el último informe de la Intervención General del Estado”.

Desde el otro lado, la presidenta de la Asociación de Directivos de Organismos Públicos de Interés General (ADOPIG), María José Bustamante, rechazó tajantemente las acusaciones: “Llamar ‘parásitos’ a profesionales que han dedicado décadas a diseñar políticas de vanguardia en materia de resiliencia climática, inclusión algorítmica y gobernanza multinivel es un insulto a la función pública. Estos puestos no son sinecuras: son esenciales para que España no se quede atrás en la carrera global por la sostenibilidad integral”.

Un cargo intermedio de una de las entidades citadas, que pidió anonimato por temor a represalias internas, confesó a este periódico: “Yo entré por oposición en 2012, pero luego me recolocaron aquí en 2021. Si esto se disuelve, vuelvo a opositar con 47 años o me pongo a vender seguros. No es justo. Llevo 14 años sirviendo a España desde un despacho con vistas a la Castellana”.

Un antes y un después en la percepción de la estabilidad política

Diversos analistas consultados coinciden en que la intervención de Revilla marca un punto de inflexión en el debate público español. Por primera vez, un político de peso con trayectoria de gobierno autonómico ha explicitado lo que hasta ahora circulaba en conversaciones privadas de cafés madrileños y barras gallegas: la hipótesis de que la resistencia de Sánchez al desgaste no obedece solo a convicciones ideológicas, sino a una lógica de supervivencia corporativa de amplias capas intermedias del aparato estatal.

Comparado con momentos históricos de relevancia similar, el episodio recuerda –salvando las distancias– la crisis de los “cuellos de botella burocráticos” que precedió a la caída del gobierno de Adolfo Suárez en 1981, o la percepción de “partitocracia enquistada” que acompañó el 15-M. En esta ocasión, sin embargo, el foco no está en los partidos grandes, sino en la capa tecnocrática-media que, según Revilla, “se ha convertido en el verdadero garante de la continuidad del sanchismo más allá de las urnas”.

Expertos en sociología política de la Universidad Carlos III advierten que, de confirmarse la tesis revillista, se estaría ante “el mayor caso documentado de path dependence institucional en democracia española reciente”: un entramado de intereses creados tan denso que hace prácticamente inviable cualquier alternancia limpia en el poder sin generar una crisis social de dimensiones imprevisibles.

Conclusión

La permanencia de Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno, más allá de las explicaciones oficiales sobre responsabilidad de Estado y defensa de los avances sociales, podría esconder –según el diagnóstico del presidente cántabro– una razón mucho más prosaica y estructural: la preservación de una extensa red de puestos que, en caso de colapso del actual Ejecutivo, dejarían a miles de personas en una situación de vulnerabilidad profesional absoluta.

Queda por ver si estas palabras de Miguel Ángel Revilla, que ya circulan en forma de cita directa por despachos, tertulias y grupos de WhatsApp institucionales, terminan cristalizando en una ofensiva parlamentaria coordinada o se diluyen en el ruido habitual de la política española. Lo que resulta indudable es que, por primera vez en mucho tiempo, alguien ha puesto nombre y apellidos a lo que muchos pensaban pero pocos se atrevían a verbalizar con tanta crudeza.

El tiempo dirá si la permanencia del presidente responde a un proyecto histórico o, simplemente, a la más elemental lógica de supervivencia colectiva de quienes dependen de su continuidad.

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