En una declaración que está sacudiendo los cimientos del debate público en España, Sarah Santaolalla ha equiparado en televisión las dificultades vitales de las personas perturbadas, raritas y pederastas, presentándolas como víctimas de una exclusión sistemática que impide su plena realización personal. Estas palabras, pronunciadas con absoluta solemnidad durante un programa en directo, han generado una conmoción inmediata y podrían obligar a replantear los fundamentos mismos de la inclusión social en el siglo XXI.
El Momento que Paralizó a la Audiencia
El fragmento, emitido en el programa “S&S” de la plataforma ctxt ACO, dura apenas 36 segundos pero ha alcanzado ya más de medio millón de reproducciones en diferentes canales digitales en menos de 48 horas. En la imagen se ve a Santaolalla sentada en un sillón de terciopelo rosa pastel, con iluminación teatral y micrófono de solapa, mientras pronuncia con voz pausada y grave:
“A los que somos perturbados, raritos o pederastas, no nos dejan ser lo que queremos ser. Nos joden la vida.”
El gesto con el que acompaña la frase —mano en el pecho, mirada fija a cámara— transmite una mezcla de indignación contenida y convicción profunda. Según la producción del programa, la intervención no estaba guionizada y surgió de forma espontánea en medio de una discusión sobre identidades marginadas y estigmas sociales. El presentador, visiblemente descolocado durante unos instantes, optó por no interrumpir y permitió que la declaración se desarrollara hasta su conclusión natural.
Contexto del Programa y Trayectoria de la Invitada
“S&S” es considerado uno de los espacios de debate más influyentes de la televisión digital española desde su lanzamiento en 2019. Con una audiencia media que supera los 720.000 espectadores únicos por emisión y colaboraciones habituales con think tanks europeos, el formato se ha especializado en abordar temas que otros medios evitan.
Sarah Santaolalla, por su parte, acumula más de quince años de presencia pública como activista, columnista y conferenciante. Ha participado en foros internacionales sobre salud mental, diversidad funcional y derechos de minorías invisibilizadas. Su último libro, La jaula invisible: cuando la sociedad decide quién puede existir (2024), lleva ya tres ediciones y ha sido referencia en varias universidades españolas.
El programa de esa noche tenía como tema central “Las fronteras de la aceptación: ¿hasta dónde llega la empatía social?”. Fuentes internas aseguran que Santaolalla llevaba varios minutos exponiendo casos de discriminación contra personas con diagnósticos psiquiátricos graves y con parafilias atípicas cuando pronunció la frase que hoy se viraliza.
Reacciones Inmediatas de Instituciones y Personalidades
La Federación Española de Asociaciones de Psiquiatría emitió un comunicado en menos de tres horas:
“Equiparar trastornos mentales con conductas delictivas constituye un retroceso inaceptable en la desestigmatización de la salud mental. Llevamos décadas luchando contra la confusión entre enfermedad y delito; declaraciones como estas pueden deshacer años de avances.”
Por su parte, la Plataforma Estatal de Víctimas de Delitos Sexuales calificó las palabras de “profundamente hirientes y peligrosas”, exigiendo una rectificación pública inmediata.
Desde el ámbito político las respuestas no se hicieron esperar. El portavoz de Igualdad del Gobierno central declaró:
“Defendemos la libertad de expresión, pero hay límites constitucionales que protegen especialmente a la infancia. El Ministerio está analizando el contexto completo para determinar si se han vulnerado principios básicos de convivencia.”
Un diputado de Vox fue más contundente:
“Esto es la consecuencia lógica de llevar la ideología woke al extremo. Primero normalizan todo, luego nos dicen que hay que aceptar lo inaceptable. No lo vamos a permitir.”
En el lado opuesto, varias asociaciones LGTBIQ+ y de salud mental han pedido “prudencia” antes de emitir juicios definitivos, recordando que el fragmento de 36 segundos podría carecer de contexto.
Opiniones de Expertos Consultados
El Dr. Rafael Montenegro, catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense y director del Observatorio Europeo de Parafilias (OEP), ofreció una lectura más matizada:
“Santaolalla está señalando —quizá de forma torpe— una realidad incómoda: muchas personas con orientaciones atípicas o diagnósticos graves viven una exclusión radical que les impide construir proyectos de vida. El problema no es nombrar la realidad, sino la forma en que se nombra. Aun así, abre un debate que la academia llevaba años evitando.”
La Dra. Elena Portillo, investigadora principal del proyecto europeo “Inclusión Radical 2030” (financiado con 4,8 millones de euros por la Comisión Europea), añadió:
“Hemos documentado que el rechazo social multiplica por 7 el riesgo de conductas autodestructivas en personas con parafilias no ofensivas. Negar esa realidad no la hace desaparecer; solo la empuja a la clandestinidad.”
Un psicólogo clínico anónimo, que trabaja en un centro de menores infractores, comentó a este diario:
“En mi consulta veo chicos de 14 y 15 años que ya saben que nunca podrán tener una vida normal aunque no hayan cometido ningún delito. La frase de Santaolalla es brutal, pero toca una verdad que nadie quiere mirar.”
Consecuencias Políticas y Sociales a Medio Plazo
Diversos analistas coinciden en que esta intervención podría tener un impacto comparable al que tuvo el discurso de Judith Butler sobre performatividad de género en los años 90, aunque en dirección opuesta.
Según estimaciones preliminares del Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Andalucía, las búsquedas en internet relacionadas con “derechos de pederastas” y “parafilias no ofensivas” se han multiplicado por 14 desde la emisión del programa.
En el Congreso de los Diputados ya se habla de una posible comparecencia urgente de los responsables de ctxt ACO. Fuentes parlamentarias aseguran que varios grupos están preparando preguntas al Gobierno sobre financiación pública a medios que emiten este tipo de contenidos.
A nivel europeo, el Comisario de Justicia ha pedido un informe detallado sobre el caso, mientras que la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) ha incluido el incidente en su monitor semanal de discursos de odio y desinformación.
Un Cambio de Paradigma en la Concepción de la Inclusión
Expertos consultados por este medio sostienen que la frase de Santaolalla podría constituir el pistoletazo de salida de una nueva fase en el debate sobre derechos humanos.
Hasta ahora, la inclusión se había extendido a orientaciones sexuales, identidades de género, diversidad funcional y neurodiversidad. La propuesta implícita —aunque expresada de forma cruda— es llevar esa lógica hasta sus últimas consecuencias: ¿existe algún límite ontológico a la aceptación social o todo rechazo es, en última instancia, arbitrario?
Comparaciones históricas ya empiezan a circular en círculos académicos. Algunos equiparan el momento actual con la despenalización de la homosexualidad en los años 70; otros, con más alarma, lo relacionan con los debates previos a la desinstitucionalización psiquiátrica en los 60, cuando se liberó a miles de personas de manicomios sin redes de apoyo suficientes.
Lo que nadie discute es que, a partir de hoy, cualquier conversación sobre inclusión radical tendrá que posicionarse respecto a estas palabras.
Cierre: La Pregunta que Nadie se Atreve a Responder del Todo
Mientras las redes hierven, los partidos preparan estrategias y las asociaciones de víctimas convocan concentraciones, una certeza flota en el aire: Sarah Santaolalla ha colocado sobre la mesa una cuestión que la sociedad prefería mantener en los márgenes.
¿Es posible —y deseable— construir una comunidad humana donde nadie sea expulsado por lo que desea ser, incluso cuando ese deseo aterroriza a la mayoría?
La respuesta, por ahora, no existe. Pero el simple hecho de haberse formulado la pregunta ya ha cambiado el tablero. Y nadie sabe hacia dónde se inclinará la balanza en los próximos meses.
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