Un fenómeno que pone en jaque la competitividad del ferrocarril español: un ciudadano con movilidad reducida logra lo que ni los vehículos de alta gama consiguen en las vías convencionales.

En los últimos siete días, las plataformas digitales han sido testigo de un auténtico tsunami viral originado por la drástica reducción de velocidades en las líneas ferroviarias de pasajeros. Lo que comenzó como una comparativa irónica entre medios de transporte ha derivado en un reto colectivo: demostrar qué elementos cotidianos o improbables pueden superar en velocidad a un tren convencional. Entre imitaciones fallidas de moonwalk, caracoles exhaustos y bicicletas estáticas, el vídeo que acumula ya más de 47 millones de visualizaciones muestra a un hombre en silla de ruedas manual adelantando con solvencia a un convoy de media distancia. El protagonista, identificado como Juan Manuel Pérez García, de 58 años, residente en una localidad del corredor mediterráneo, ha explicado que su hazaña respondió a una necesidad fisiológica urgente.

El vídeo que ha roto todos los récords de interacción digital

El metraje, grabado con un teléfono móvil desde un paso a nivel cercano a una estación secundaria, dura exactamente 3 minutos y 17 segundos. En él se observa cómo el tren de pasajeros, compuesto por ocho vagones y una locomotora diésel-eléctrica de la serie 599, avanza a una velocidad media estimada de 38 km/h debido a las restricciones impuestas por obras de mantenimiento y limitaciones de señalización. Paralelamente, Juan Manuel impulsa su silla de ruedas estándar —modelo básico sin asistencia eléctrica— y logra situarse por delante del convoy durante más de 400 metros.

“A ver, normalmente no voy tan rápido, pero es que tenía prisa en llegar a casa porque me estaba meando”, declaró el protagonista en una entrevista concedida minutos después de la grabación. Acto seguido, y sin solución de continuidad, inició un alegato de 43 minutos y 12 segundos grabado en directo sobre la urgente necesidad de baños adaptados en estaciones y domicilios privados. “Como en casa no se caga en ningún sitio”, sentenció antes de despedirse con un gesto de victoria con el puño cerrado.

Contexto: la crisis de velocidad en el ferrocarril convencional

Desde finales de 2025, Renfe y Adif han aplicado reducciones progresivas de velocidad en más de 3.200 kilómetros de vías convencionales. Las causas oficiales incluyen el envejecimiento de la infraestructura, la priorización de mercancías y la ejecución de obras en el Corredor Mediterráneo que, paradójicamente, han ralentizado aún más el tráfico de pasajeros. Fuentes del Ministerio de Transportes consultadas por este diario aseguran que la velocidad media comercial en líneas no AVE ha caído hasta los 41,7 km/h en el último trimestre, un registro inferior al de muchas carreteras secundarias y comparable al de algunos servicios de tranvía urbano.

Este contexto ha propiciado el surgimiento del denominado Reto Anti-Tren, una tendencia que busca visibilizar la obsolescencia relativa del ferrocarril convencional frente a otros modos de desplazamiento. Se han documentado intentos con patinetes eléctricos a media batería, personas disfrazadas de tortuga ninja y hasta un grupo de jubilados jugando al dominó mientras avanzaban en fila india. Ninguno había logrado superar al tren de forma sostenida hasta la aparición del vídeo de Juan Manuel.

Reacciones institucionales y expertas

El presidente de la Asociación Española de Víctimas de la Lentitud Ferroviaria (AEVLF), entidad con más de 180.000 afiliados según sus propios registros, calificó el suceso como “un punto de inflexión histórico”. “Cuando una persona con discapacidad motriz severa supera a un tren de Renfe, estamos hablando de un cambio de paradigma comparable a la invención de la rueda o la caída del Muro de Berlín”, afirmó en rueda de prensa.

Por su parte, el catedrático emérito de Ingeniería Ferroviaria de la Universidad Politécnica de Madrid, doctor Arturo Velázquez de la Serna, analizó el vídeo fotograma a fotograma: “El ángulo de inclinación del torso del señor Pérez García genera una fuerza propulsora media de 1,8 newtons por impulso. Multiplicado por su frecuencia cardiaca elevada por la urgencia miccional, se alcanza una potencia pico de 0,47 caballos de vapor. Eso es suficiente para batir a un tren de la serie 599 en rampa del 0,8%”.

Desde el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana se limitaron a emitir un comunicado breve: “Estamos estudiando las implicaciones de este incidente en el Plan Estratégico de Movilidad Sostenible 2026-2032. La accesibilidad y la urgencia fisiológica son prioridades absolutas”.

Declaraciones de testigos y expertos en accesibilidad

María José López, vecina que grabó el vídeo original, declaró: “Yo solo quería grabar el tren porque iba tan despacio que pensé que se había averiado. De repente veo a este señor adelantándolo como si nada. Fue impactante. Luego se paró y habló 43 minutos de los baños. Nadie se movió del sitio”.

El presidente de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE), Ángel García Casado, subrayó la dimensión social del fenómeno: “Este vídeo no solo demuestra la lentitud intolerable del ferrocarril. También pone de manifiesto que, cuando una persona tiene una necesidad real, la silla de ruedas puede convertirse en el medio de transporte más eficiente del país. Pedimos urgentemente 14.000 baños adaptados nuevos antes de 2028”.

Un usuario anónimo en redes sociales, bajo el pseudónimo @MeandoEnLaEstacion, resumió el sentir general: “Si mi vejiga puede ir más rápido que un Intercity, entonces algo está fallando muy gravemente en el sistema ferroviario nacional”.

Análisis: un antes y un después en la percepción de la movilidad

Diversos analistas coinciden en que el episodio marca un antes y un después en la historia contemporánea de la movilidad en España. Comparado con hitos como la revolución industrial, la llegada del AVE en 1992 o la implantación del kilómetro lanzado en pruebas de alta velocidad, este suceso representa la primera vez que la discapacidad motriz y la urgencia urinaria se convierten en variables competitivas frente a la ingeniería ferroviaria.

Expertos del Instituto Nacional de Estadística (INE) ya trabajan en incorporar una nueva categoría en la Encuesta de Movilidad: “desplazamientos motivados por necesidades fisiológicas impostergables”. Las proyecciones preliminares indican que este tipo de trayectos podría superar en volumen a los desplazamientos por motivos laborales en el horizonte 2035 si las velocidades ferroviarias no se recuperan.

El impacto económico también preocupa. Fuentes del sector aseguran que cada kilómetro en el que una silla de ruedas supere a un tren genera una pérdida de confianza estimada en 1,2 millones de euros en potenciales viajeros disuadidos. Si se generalizara el fenómeno, el déficit de Renfe podría incrementarse en hasta un 340% en los próximos ejercicios.

Cierre: incertidumbre sobre el futuro de la velocidad y la dignidad

El vídeo de Juan Manuel Pérez García no es solo un divertimento viral. Es un espejo incómodo que refleja las carencias estructurales de un sistema ferroviario que, en muchas regiones, ha dejado de ser competitivo incluso frente a la propulsión humana más básica. Mientras las autoridades evalúan medidas urgentes —entre ellas la posible instalación de urinarios portátiles en pasos a nivel—, la pregunta que flota en el ambiente es clara: ¿cuánto más lento puede llegar a ir un tren antes de que deje de ser considerado un medio de transporte?

La respuesta, por el momento, permanece abierta. Lo único cierto es que, en algún punto entre Valencia y Castellón, un hombre necesitado demostró que la urgencia humana puede ser más veloz que la ingeniería pública. Y eso, en sí mismo, ya es una noticia de dimensiones históricas.

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