Redacción ASDF | Política, Sociedad, Meteorología Emocional
Televisión Española abrió su informativo con una imagen solemne: seis personas, presentadas como “víctimas de la DANA”, avanzaban con paso grave hacia la sede institucional para entregar carbón al nuevo president. El gesto, cargado de simbolismo navideño y de pedagogía moral, pretendía resumir el sentir de una ciudadanía dolida por las lluvias, los barrancos y las decisiones administrativas. El carbón, explicó la narración, no era para la estufa sino para la conciencia.
Sin embargo, lo que comenzó como una escena de dolor colectivo cuidadosamente iluminada por focos de servicio público terminó derivando, con el paso de las horas, en una investigación improvisada de barra de bar, redes sociales y hemeroteca básica. De las seis “víctimas”, cuatro no solo no lo eran en el sentido estricto del término, sino que figuraban en listas de activismo político, estructuras sindicales y, en un caso especialmente poético, en la nómina de Compromís como asesora.
El carbón como herramienta pedagógica
Según explicó TVE, la entrega de carbón simbolizaba “el mal comportamiento institucional” ante la DANA. Un concepto novedoso que combina meteorología, ética infantil y tradición navideña. La escena estaba diseñada para tocar fibras sensibles: lágrimas discretas, silencio respetuoso, una música de fondo que parecía salida de un documental sobre focas huérfanas y un plano corto del carbón, negro y rotundo, como la verdad.
La presentadora habló de “ciudadanos anónimos”, un término que en los últimos años ha pasado a significar “personas cuyo currículum no hemos mirado todavía”. Durante varios minutos, el relato avanzó sin obstáculos, hasta que alguien en internet —ese organismo no regulado— decidió escribir el nombre de uno de los protagonistas en un buscador.
La investigación espontánea
En menos de una hora, las redes sociales ya habían elaborado un dosier que ni la CIA en sus mejores tiempos. De los seis comparecientes, cuatro aparecían fotografiados en manifestaciones, asambleas, concentraciones sindicales y actos de partido. No como figurantes, sino como protagonistas recurrentes, megáfono en mano, pancarta en alto o micrófono delante.
Uno de ellos era conocido activista local, con un historial de protestas que abarcaba desde la vivienda hasta la pesca sostenible del calamar. Otro figuraba como delegado sindical, habitual en comunicados con membrete y tono épico. El tercero había sido candidato en listas municipales, aunque sin éxito, lo que no le impidió perseverar. Y el cuarto, el más delicado para el relato televisivo, constaba como asesora a sueldo de Compromís, con funciones relacionadas, según fuentes consultadas, con “la comunicación estratégica de causas justas”.
Víctimas, pero ¿de qué exactamente?
Ante la avalancha de datos, TVE no rectificó de inmediato. Optó por una estrategia más elegante: el silencio reflexivo. Durante horas, el informativo permaneció intacto, como si la realidad externa fuese una molestia pasajera. Desde la cadena se insistió en que “nadie ha dicho que no sean víctimas”, ampliando el concepto hasta incluir a cualquier persona que alguna vez haya mirado una nube con desconfianza.
Expertos en semántica aplicada explicaron que el término “víctima” ha evolucionado. Ya no se refiere únicamente a quien sufre un daño directo, sino también a quien siente una incomodidad ideológica ante la gestión del daño ajeno. Una evolución natural del lenguaje, según estos especialistas, impulsada por la necesidad de rellenar escaletas.
El nuevo president y el carbón institucional
El nuevo president, receptor del carbón, mantuvo un gesto serio durante el acto. Fuentes cercanas aseguran que no preguntó por la procedencia exacta de los donantes, concentrado como estaba en no parecer sorprendido. Aceptó el carbón con la dignidad de quien entiende que, en política moderna, el simbolismo pesa más que el combustible.
Posteriormente, su equipo reconoció que “el gesto es respetable”, aunque evitó pronunciarse sobre la afiliación de los participantes. “El carbón no entiende de carnés”, señaló un asesor, en una frase que ya se estudia para ser bordada en cojines institucionales.
Activismo de proximidad televisiva
El caso ha reabierto el debate sobre la frontera entre información y performance. ¿Puede un activista ser presentado como ciudadano anónimo? ¿Puede una asesora a sueldo convertirse en víctima espontánea cuando hay cámaras delante? Para TVE, la respuesta parece clara: sí, siempre que el plano sea correcto y el mensaje encaje.
Analistas de medios apuntan a una tendencia creciente: la del “activismo de proximidad televisiva”, una modalidad en la que las causas se presentan a través de personas cuidadosamente seleccionadas, con experiencia previa en pancartas y una notable comodidad frente a la cámara. “No improvisan”, explica un profesor de comunicación. “Saben cuándo mirar al suelo y cuándo al horizonte”.
El sindicalista que llovía por dentro
Especial atención ha recibido el caso del sindicalista incluido en el grupo. Según su propio relato, la DANA le afectó “emocionalmente”, una categoría que aún no aparece en los partes meteorológicos pero que gana peso en informativos. Aseguró sentirse víctima “de la gestión”, una expresión que permite sobrevivir a cualquier contraste de datos.
Consultado por su afiliación, respondió que “una cosa no quita la otra”, frase comodín que sirve tanto para justificar una protesta como para pedir un café con leche y sacarina.
La asesora invisible
El descubrimiento de que una de las supuestas víctimas era asesora a sueldo de Compromís fue recibido con especial entusiasmo por el público. No tanto por el hecho en sí, sino por la naturalidad con la que había sido presentada como ciudadana espontánea, sorprendida por la lluvia y el destino.
Desde el partido se defendió su presencia alegando que “antes que asesora es persona”, una verdad difícil de rebatir. También se subrayó que su sueldo no la protege del agua, argumento que ha sido celebrado por meteorólogos y contables por igual.
Reacciones y no-reacciones
La oposición pidió explicaciones, solicitó comparecencias y exigió saber quién había decidido el casting. TVE respondió con un comunicado breve, en el que reiteró su compromiso con la información rigurosa y recordó que “los perfiles personales no invalidan las vivencias”.
Mientras tanto, la audiencia asistía al espectáculo con una mezcla de sorpresa y resignación. No era la primera vez que un reportaje mutaba con el paso de las horas, ni sería la última. La diferencia, según algunos, es que esta vez el carbón manchaba.
El carbón como residuo informativo
Al final del día, el carbón quedó depositado en algún despacho, convertido en residuo simbólico de una jornada intensa. Nadie supo muy bien qué hacer con él. No se podía devolver, porque el gesto ya había sido emitido. No se podía ignorar, porque pesaba. Y no se podía encender, porque no estaba pensado para dar calor, sino para producir titulares.
El episodio deja una enseñanza clara: en la televisión pública moderna, la realidad es flexible, la víctima es un concepto ampliable y el activismo puede ponerse y quitarse como un chaleco reflectante. Basta con que llueva, haya cámaras y alguien tenga carbón a mano.
Y así, entre nubes, focos y biografías revisadas a posteriori, el informativo cerró con la tranquilidad de haber cumplido su misión: contar una historia emotiva. Que luego resultara ser otra cosa es, como siempre, un detalle menor.
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🔴EL CIRCO NO PARA: ➡️TelePedro te cuenta que 6 “víctimas” de la DANA le han llevado carbón al nuevo president. ➡️Pero en realidad, 4 de ellos son activistas, sindicalistas y hasta una asesora A SUELDO de Compromís. Las víctimas no son atrezzo @compromis @SocialistesVal
