Davos amaneció cubierto de nieve, ejecutivos, bufandas caras y promesas que nadie piensa cumplir. En ese contexto tan serio, Donald Trump decidió volver a ser Donald Trump. Desde un hotel con más banderas estadounidenses que enchufes, el expresidente y actual aspirante a todo anunció que busca “negociaciones inmediatas” para comprar Groenlandia.

“Solo Estados Unidos puede garantizar la seguridad de Groenlandia”, declaró con gesto grave, como si Groenlandia estuviera a punto de ser atacada por pingüinos armados. Acto seguido, en un gesto de coherencia estratégica impecable, añadió que su verdadero plan es construir un campo de golf gigante sobre el hielo.

Porque si algo garantiza la seguridad mundial, eso es un hoyo 18 bien peinado.


Davos, escenario perfecto para ideas imposibles

Trump llegó a Davos en avión privado, como todos, pero mirando mal a los demás aviones privados. Desde el primer momento dejó claro que no había ido a hablar de cambio climático, ni de cooperación internacional, ni de economía sostenible. Había ido a comprar cosas.

Primero tanteó si alguien le vendía Suiza entera, pero al ver el precio desistió. Luego preguntó si Finlandia estaba de oferta por liquidación de invierno. Finalmente recordó su vieja obsesión: Groenlandia.

“Groenlandia es grande, blanca y casi nadie la usa”, explicó ante un grupo de empresarios que asentían sin entender nada. “Eso en América se llama oportunidad”.

Según fuentes cercanas, Trump lleva años mirando mapas como quien hojea un catálogo de muebles. Groenlandia le gusta porque es enorme, sale mucho en color blanco y permite decir frases como “la isla más grande del mundo es ahora mía”, que siempre suenan bien en mítines.


“Solo EEUU puede garantizar la seguridad”

La frase clave del discurso fue clara:

“Solo Estados Unidos puede garantizar la seguridad de Groenlandia”.

Nadie sabía exactamente de qué hay que proteger a Groenlandia. Algunos mencionaron el cambio climático. Otros hablaron de tensiones geopolíticas en el Ártico. Trump, sin embargo, fue más concreto:

“¿Y si alguien pone un Starbucks allí sin permiso? ¿Y si vienen los chinos y hacen iglús falsos? ¿Y si los osos polares se sindicalizan?”.

Para Trump, Groenlandia necesita protección… sobre todo de no ser Groenlandia durante demasiado tiempo.

Prometió radares, bases militares, banderas gigantes, y un sistema de defensa basado en golfistas profesionales vigilando el horizonte con prismáticos.

“Si algo se mueve raro, lo sabremos. Los golfistas lo ven todo”, aseguró.


La compra: “Dinero, mucho dinero y tal vez un sombrero”

Trump explicó que la negociación sería sencilla:

“Les damos dinero. Mucho dinero. Tal vez un sombrero firmado. Y ellos nos dan Groenlandia. Es un trato justo”.

Cuando le recordaron que Groenlandia pertenece a Dinamarca, respondió:

“Dinamarca suena pequeño. Nosotros somos grandes. Así funcionan las cosas”.

Un asesor intentó explicarle conceptos como soberanía, derecho internacional y autodeterminación de los pueblos. Trump escuchó durante unos segundos y luego preguntó:

“¿Eso se paga con tarjeta o en efectivo?”.

La delegación danesa, presente en Davos, reaccionó con diplomacia extrema. Dijeron que Groenlandia “no está en venta”, que es un territorio con identidad propia y que no se puede comprar como si fuera un hotel.

Trump sonrió.

“Eso mismo dijeron del hotel de al lado y ahora es mío”.


El verdadero plan: golf sobre hielo

Cuando parecía que todo era geopolítica, Trump reveló su idea estrella:

“Groenlandia es perfecta para el mejor campo de golf del mundo. Hielo, nieve, viento fuerte… dificultad máxima. Nadie puede quejarse de que es fácil”.

El proyecto se llamaría “Trump Ice Golf Resort & Freedom Glacier”.

Tendría:

  • 18 hoyos tallados directamente en glaciares.
  • Pelotas fluorescentes para no perderlas en la nieve.
  • Carritos de golf con cadenas, como los de la nieve.
  • Osos polares como atracción turística (si aceptan).

Trump explicó que el hielo es ideal porque “cuando la pelota se cae por un agujero, sigue rodando, y eso es emocionante”.

Los arquitectos presentes preguntaron por el impacto ambiental. Trump respondió:

“El hielo ya se está derritiendo solo. Yo solo acelero el proceso con estilo”.


Reacciones en Groenlandia: sorpresa, frío y memes

En Groenlandia, la noticia fue recibida con mezcla de sorpresa, frío y memes.

Un pescador local declaró:

“Yo pensaba que el mayor problema era el clima. Ahora resulta que también es el golf”.

Una profesora explicó:

“No sabemos si reír, llorar o aprender las reglas del golf por si acaso”.

En redes sociales, los groenlandeses empezaron a bromear con posibles nombres de hoyos:

  • El Hoyo del Frío Mortal
  • El Hoyo del Viento que te Tira
  • El Hoyo Donde Se Perdió la Pelota y la Dignidad

Muchos ciudadanos dijeron que no se oponen al turismo, pero que preferirían turistas que no intenten comprar el país entero.


Dinamarca: “No vendemos islas, gracias”

Desde Copenhague, el gobierno danés fue claro:

“Groenlandia no está en venta”.

Lo dijeron varias veces, por si Trump no lo había entendido a la primera. Añadieron que Groenlandia tiene su propio gobierno, su propia gente y su propio derecho a decidir.

Trump respondió en redes:

“Dinamarca es muy simpática. Pero Groenlandia estaría mucho mejor con más banderas americanas y menos bicicletas”.

La embajadora danesa en Davos declaró:

“No sabemos si esto es diplomacia, marketing o una broma muy larga”.


Seguridad, golf y marketing personal

Los analistas intentaron entender la lógica de Trump. Algunos dijeron que busca controlar rutas árticas. Otros que quiere recursos naturales. Otros que simplemente quiere decir que compró algo enorme.

Pero todos coincidieron en una cosa: el campo de golf es clave.

Para Trump, el mundo es una mezcla entre tablero geopolítico y catálogo de resorts. Donde otros ven pueblos, culturas y ecosistemas, él ve:

  • Un buen sitio para poner su nombre en letras doradas.
  • Un lugar con potencial para camisetas, gorras y souvenirs.
  • Un escenario perfecto para fotos con viento y bandera.

“Imagina jugar al golf con auroras boreales de fondo”, dijo emocionado.
“Eso no lo tiene ni Escocia”.


Davos, entre la risa y el miedo

En Davos, los líderes mundiales reaccionaron de formas distintas:

  • Algunos se rieron.
  • Otros fingieron que no habían oído nada.
  • Unos pocos empezaron a revisar si sus países también podían ser comprados.

Un empresario preguntó en voz baja:

“¿Y si ahora quiere comprar Islandia, por error?”.

Otro respondió:

“Mientras no intente comprar mi empresa con un sombrero, todo bien”.

El ambiente era surrealista: mientras unos hablaban de crisis climática, Trump hablaba de palos de golf especiales para hielo.


El argumento final: “Es por la paz”

Para justificarlo todo, Trump volvió a su frase favorita:

“Esto es por la paz”.

Según él, si Groenlandia es de Estados Unidos, habrá:

  • Más seguridad.
  • Más estabilidad.
  • Más hamburguesas.

“Donde hay hamburguesas, hay paz”, afirmó con convicción histórica.

También dijo que su presencia evitaría conflictos porque nadie quiere pelear en un campo de golf donde él esté jugando.

“Si estoy en el hoyo 7, nadie dispara nada. Es mala educación”.


Opinión de expertos: “No sabemos por dónde empezar”

Los expertos en relaciones internacionales estaban agotados.

Un profesor declaró:

“Esto no está en los libros. No tenemos un capítulo llamado ‘cuando alguien quiere comprar una isla para jugar al golf’”.

Otro añadió:

“La mezcla de seguridad nacional y green fee es nueva para nosotros”.

Los climatólogos, por su parte, dijeron que construir sobre hielo no es buena idea porque el hielo se mueve, se derrite y se enfada.

Trump respondió:

“Todo se enfada, pero luego se calma. Como yo”.


¿Qué pasará ahora?

Por ahora:

  • Dinamarca dice no.
  • Groenlandia dice “¿qué?”.
  • Trump dice “sí, pero con más letras mayúsculas”.

Se esperan reuniones, comunicados, desmentidos y probablemente más frases imposibles.

Trump prometió volver a hablar del tema:

“Esto no termina aquí. Groenlandia es como un buffet: yo ya he mirado, ahora quiero servirme”.


Conclusión: geopolítica con palo de golf

La propuesta de Trump resume perfectamente su estilo:

  • Un problema complejo → una solución simple y absurda.
  • Diplomacia → negociación tipo inmobiliaria.
  • Seguridad nacional → campo de golf.

Mientras el mundo discute guerras, clima y desigualdad, Trump discute hoyos, banderas y nombres en letras doradas.

Tal vez Groenlandia no se venda. Tal vez el campo de golf nunca exista. Pero una cosa es segura:

Durante unos días, el planeta entero ha tenido que pensar en una frase que nadie esperaba leer jamás:

“Trump quiere comprar Groenlandia para hacer un campo de golf sobre el hielo”.

Y eso, en sí mismo, ya es historia.

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