Madrid. El presidente del Gobierno compareció este lunes en una rueda de prensa convocada con el entusiasmo habitual de los anuncios que no anuncian nada para descartar, una vez más y con la serenidad de quien apaga una alarma que no deja de sonar, cualquier posibilidad de adelanto electoral. Lo hizo en un contexto que el propio Ejecutivo definió como “complejo pero perfectamente gestionable con una sonrisa institucional”, marcado por la aparición de nuevas denuncias por presunto acoso sexual que salpican a distintas figuras del entorno socialista.

Sánchez, con gesto grave pero cejas confiadas, fue claro desde el primer minuto: “No voy a convocar elecciones. Gobernar merece la pena”. La frase, pronunciada con el mismo tono que se utiliza para justificar una suscripción anual que no se puede cancelar, quedó suspendida en la sala como un lema corporativo. A continuación, el presidente agradeció a los periodistas su presencia, a los focos su paciencia y al micrófono su fidelidad, antes de entrar en una intervención que duró exactamente lo que dura una playlist de concentración.

Una decisión meditada durante varios cafés

Fuentes de Moncloa aseguraron que la decisión de no adelantar elecciones fue tomada tras un profundo proceso de reflexión que incluyó “varios cafés, un paseo corto por el pasillo y una conversación consigo mismo frente al espejo del ascensor”. Según estas mismas fuentes, el presidente valoró distintos escenarios: adelantar elecciones, no adelantarlas, o anunciar que se está pensando en pensar sobre si adelantar elecciones. Finalmente, se impuso la opción que ya estaba tomada.

“España necesita estabilidad”, insistió Sánchez, pronunciando la palabra estabilidad con una firmeza tal que algunos asistentes creyeron ver cómo se estabilizaban las botellas de agua sobre la mesa. “Y estabilidad significa seguir gobernando, aunque el ruido sea intenso, las preguntas incómodas y los titulares se escriban solos”.

Denuncias, contexto y el comodín del presunto

Preguntado por las denuncias de presunto acoso sexual que afectan a varias figuras socialistas, el presidente optó por una estrategia comunicativa conocida como la manta institucional: taparlo todo sin mover nada. “Somos un partido que cree en la justicia, en la presunción de inocencia y en los protocolos”, afirmó, sin especificar cuáles, pero subrayando que existen y que están impresos en algún lugar.

Desde el Gobierno se insistió en que cada caso será analizado “con rigor, serenidad y una carpeta azul”, y que no se permitirá que “acusaciones no probadas” desvíen la acción del Ejecutivo. “Este Gobierno no se distrae”, dijo Sánchez, logrando distraer a varios periodistas que revisaron si habían entendido bien la frase.

Gobernar como acto de fe

El momento más citado de la comparecencia llegó cuando el presidente, tras una pausa dramática calibrada al milímetro, afirmó: “A pesar de todo, me merece la pena gobernar”. La frase fue interpretada por analistas políticos como una declaración de intenciones, por filósofos como un dilema moral y por los ciudadanos como una afirmación que no admite preguntas de seguimiento.

“Gobernar nunca es fácil”, añadió Sánchez. “Pero alguien tiene que hacerlo, y ese alguien, hoy por hoy, soy yo”. En ese instante, un asesor asentía con tanta convicción que estuvo a punto de desajustar el equilibrio democrático de la sala.

El partido cierra filas… con velcro

Desde la dirección socialista se activó de inmediato el modo cierre de filas, una coreografía perfectamente ensayada que consiste en mensajes de apoyo, comunicados casi idénticos y una defensa férrea de la gestión presidencial. “Pedro está centrado”, dijo un portavoz. “Pedro está fuerte”, añadió otro. “Pedro duerme”, confirmó un tercero, sin que nadie hubiera preguntado.

Varios cargos del partido destacaron que “no es momento de urnas, sino de trabajo”, una frase que, según fuentes internas, se guarda en un cajón etiquetado como frases para cualquier crisis. El mismo cajón contiene expresiones como “dejemos que la justicia actúe”, “no hay que mezclar asuntos” y “España no puede permitirse una parálisis”.

La oposición exige elecciones… y algo más

La oposición reaccionó como era previsible: pidiendo elecciones, explicaciones, dimisiones y, en algunos casos, una auditoría espiritual. Desde la bancada rival se acusó al presidente de “aferrarse al poder” y de “confundir gobernar con resistir”, a lo que el Ejecutivo respondió confundiendo resistir con gobernar.

“Si Sánchez tuviera un mínimo de decencia democrática, convocaría elecciones mañana”, declaró un líder opositor antes de convocar una rueda de prensa para pedir que se convoque otra rueda de prensa. Mientras tanto, otros partidos reclamaron comisiones de investigación, subcomisiones, grupos de trabajo y un comité que estudie la utilidad de tantos comités.

La calle, entre el cansancio y el bostezo

En la calle, la reacción ciudadana fue variada pero previsible. Algunos ciudadanos mostraron indignación, otros resignación y muchos una mezcla de ambas con café. “Yo ya no sé si estamos en crisis o en temporada nueva”, comentaba un vecino mientras consultaba el móvil para ver si había fútbol.

Las redes sociales, por su parte, ardieron durante aproximadamente una hora y media, hasta que otro tema ocupó el primer plano. Memes, hilos explicativos y opiniones contundentes se sucedieron con la intensidad de siempre, confirmando que la democracia digital funciona por ciclos cortos.

Europa observa, toma nota y sigue a lo suyo

Desde Bruselas, la reacción fue de moderada atención. “Seguimos la situación con interés”, dijo un portavoz europeo, lo que en lenguaje comunitario significa que alguien ha leído el titular. “Confiamos en las instituciones españolas”, añadió, cerrando el comunicado con la eficacia habitual.

Los mercados, por su parte, reaccionaron con indiferencia profesional, demostrando que la política nacional solo altera el pulso financiero cuando se anuncia algo realmente inesperado, como un adelanto electoral que no se descarta del todo pero se descarta muchísimo.

Un calendario que no se mueve

Sánchez fue especialmente claro al señalar que el calendario electoral “está donde tiene que estar”. No especificó dónde, pero quedó claro que no es ahora. “Tenemos una agenda ambiciosa”, explicó, mencionando reformas, planes, estrategias y una lista de conceptos que, según un asesor, “suenan muy bien juntos”.

El presidente insistió en que el Gobierno seguirá legislando, aprobando medidas y compareciendo cuando sea necesario. “No vamos a dejar que nada nos desvíe”, repitió, mientras desviaba la conversación hacia los logros económicos, sociales y meteorológicos del Ejecutivo.

El cierre: firmeza y punto final

La comparecencia concluyó con una frase que resumió el espíritu del día: “Este Gobierno va a seguir trabajando”. Tras ella, Sánchez abandonó la sala con paso decidido, dejando atrás preguntas sin responder, titulares ya escritos y la sensación de que, una vez más, nada cambia oficialmente.

En el Diario ASDF, expertos en resistencia política coinciden en que la estrategia del presidente se basa en un principio sencillo: aguantar es gobernar. Y mientras gobernar merezca la pena, las urnas pueden esperar.

Porque en la política española, como en las series largas, el truco no está en el giro de guion, sino en estirar la temporada.

Seguiremos informando, o al menos intentándolo.

También le puede interesar

¿Tienes un rumor?

Mándalo directo a nuestra Papelera.
📩 ¡Envíalo aquí!
papelera@diario-asdf.com

La cosa esta de la semana

«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

Entradas Destacadas