Redacción Diario ASDF | Ciencia, misterio y cosas que nadie había pedido |
En lo que ya ha sido calificado por expertos, tertulianos y un cuñado de Albacete como “el mayor avance científico desde que alguien decidió grabar a una gaviota robando patatas”, una mantis religiosa ha sido captada en cámara realizando movimientos circulares repetitivos, como si estuviera montada en un carrusel invisible. El fenómeno, bautizado de inmediato por las redes sociales como “la mantis carruselera”, ha abierto un intenso debate nacional que mezcla biología, física cuántica, subvenciones públicas y la eterna pregunta: ¿pero esto quién lo paga?
Las imágenes, grabadas con un móvil de gama media y la suficiente mala calidad como para garantizar su viralidad, muestran a una mantis verde de tamaño estándar girando sobre sí misma de manera constante, elegante y, según algunos usuarios de internet, “con más gracia que muchos políticos en campaña”. El vídeo dura apenas 37 segundos, pero ha sido analizado durante horas por expertos de todo tipo, desde doctores en zoología hasta comentaristas de Twitch con una camiseta de tirantes.
Un giro que nadie esperaba, literalmente
El vídeo fue grabado en lo que parece ser un parque público, aunque algunos aseguran que podría tratarse de un descampado reacondicionado con fondos europeos. En las imágenes se observa cómo la mantis, lejos de comportarse como una mantis normal —es decir, quieta, observando y juzgando—, empieza a girar lentamente, primero hacia la derecha, luego hacia la izquierda, y finalmente en un patrón que algunos han descrito como “vals vienés, pero sin música”.
“Al principio pensamos que era el viento”, explica el autor del vídeo, que ha pedido mantener el anonimato “por si esto escala”. “Pero luego vimos que no había viento, no había música, no había nada. Solo la mantis. Girando. Con decisión”.
La ciencia entra en escena (tarde, como siempre)
Ante la presión mediática, varios centros de investigación se han visto obligados a pronunciarse. El Instituto Nacional de Cosas Que Nunca Pensamos Investigar emitió un comunicado en el que afirma que “no hay evidencia científica previa de mantis carruseleras, pero tampoco la había de influencers, y míralos ahora”.
La doctora en entomología aplicada y presentadora ocasional de podcasts, María del Carmen Giró, explicó que el comportamiento podría deberse a múltiples factores: desorientación, estrés, exceso de azúcar, o simplemente ganas.
“No podemos descartar que la mantis esté probando una nueva forma de expresión corporal”, señaló Giró. “Durante siglos hemos asumido que los insectos solo comen, cazan y se quedan quietos. Quizá esta mantis solo quería girar. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarla?”
Las redes sociales hacen lo suyo
Como era de esperar, las redes sociales reaccionaron con rapidez, contundencia y una total ausencia de contexto. En menos de una hora, el hashtag #MantisCarruselera ya era tendencia, acompañado de otros como #GiraMantisGira, #NoEsNormalPeroEsLibre y #EsoConFrancoNoPasaba.
Algunos usuarios aseguran que la mantis está claramente poseída. Otros afirman que es una señal inequívoca del cambio climático. Un grupo minoritario pero muy ruidoso sostiene que se trata de una performance financiada por el Ministerio de Cultura, mientras que varios opinadores han exigido saber si la mantis cotiza a la Seguridad Social por ese esfuerzo físico.
Incluso han surgido vídeos de respuesta, en los que personas imitan el movimiento de la mantis en rotondas, salones y platós de televisión, consolidando así el fenómeno como una tendencia absurda con más recorrido que muchas leyes.
La inevitable politización del insecto
No podía faltar la política. A las pocas horas, varios partidos ya habían utilizado la mantis carruselera como metáfora de absolutamente todo. Desde la oposición se ha afirmado que “España gira sobre sí misma como esa mantis, sin avanzar”, mientras que desde el gobierno se ha defendido que “es un giro sostenible, inclusivo y con perspectiva de futuro”.
Un diputado llegó a preguntar en el Congreso si la mantis estaba debidamente identificada, empadronada y si había solicitado permiso para girar en espacio público. La pregunta quedó sin respuesta, pero fue aplaudida.
¿Un nuevo paradigma entomológico?
Más allá del cachondeo generalizado, algunos investigadores consideran que el caso podría marcar un antes y un después en el estudio del comportamiento animal. El profesor Anselmo Vuelta, autor del libro “Insectos que hacen cosas raras y por qué eso nos incomoda”, asegura que estamos ante un hito.
“La mantis carruselera rompe con siglos de narrativa insectil”, afirma. “Ya no es solo la mantis cazadora, fría y calculadora. Ahora es una mantis lúdica, circular, casi festiva. Es inquietante”.
Vuelta incluso plantea que este comportamiento podría extenderse a otras especies. “Hoy es una mantis. Mañana, una hormiga haciendo claqué. Pasado mañana, un escarabajo pidiendo una beca”.
El turismo no tarda en llegar
El lugar donde fue grabado el vídeo ya ha empezado a recibir visitantes. El ayuntamiento, rápido como siempre cuando huele algo que pueda monetizarse, ha colocado un pequeño cartel que reza: “Aquí giró la mantis”, y estudia la posibilidad de instalar un carrusel de verdad “en homenaje”.
Se venden camisetas, tazas y llaveros con la silueta de la mantis girando. También se baraja declarar la zona Bien de Interés Giratorio, aunque falta consenso sobre el presupuesto.
¿Dónde está ahora la mantis?
Esta es la gran incógnita. Desde que el vídeo se hizo viral, no se ha vuelto a ver a la mantis carruselera. Algunos dicen que sigue girando, pero en otro plano de la realidad. Otros creen que ha sido fichada por una agencia de representación. Las teorías más conspiranoicas sostienen que ha sido silenciada porque “giraba demasiado”.
Lo único cierto es que, durante unos segundos, una mantis hizo algo que nadie esperaba y obligó a un país entero a detenerse, mirar una pantalla y pensar: “¿Pero qué estoy viendo?”
Y quizá, solo quizá, ese sea el verdadero milagro de la mantis carruselera.
Porque en un mundo que gira sin parar, ella decidió girar a propósito.
