DIARIO ASDF — Edición Nacional

En una mañana fría, de esas en las que el olor a castañas asadas se mezcla con la eterna sensación de que en España siempre estamos discutiendo sobre algo improbable, Vox presentó este martes una nueva iniciativa legislativa que ha dejado al Congreso dividido entre la incredulidad, la carcajada reprimida y la duda sincera sobre si alguien, en algún despacho, está firmando proyectos de ley después de tres cafés y dos noches sin dormir. La propuesta, titulada oficialmente “Ley para la Homogeneidad Representativa de Tradiciones Hispánicas”, sostiene que la presencia de Baltasar en las cabalgatas de Reyes “introduce elementos cromáticos que no se corresponden con la identidad histórica de la festividad”.

Dicho en cristiano: que Baltasar, rey mago tradicional, icono navideño universal, repartidor honorario de caramelos y confeti, tiene, según Vox, “el color de piel equivocado”.

La frase, que ya ha pasado a multiplicarse por redes sociales, memes, reacciones institucionales, editoriales de urgencia y grupos de WhatsApp donde la tía Maruja pregunta “¿pero esto es verdad?”, promete convertirse en el debate navideño de este año. Y quizá del siguiente. Y del siguiente. Porque, si algo ha demostrado España, es su capacidad para convertir cualquier detalle mínimamente folclórico en una guerra cultural irreversible.


Un documento legislativo tan sorprendente como literal

El texto propuesto por Vox, distribuido a la prensa minutos después de la rueda de prensa, contiene una serie de considerandos que parecen escritos para un concurso de ironía involuntaria. El apartado primero afirma:

“La tradición española exige una correcta alineación de los símbolos culturales con la identidad cromática nacional, evitando distorsiones ajenas a nuestro legado.”

El término “identidad cromática nacional” ya ha sido objeto de análisis por parte de expertos en semiótica, politólogos y dos catedráticos de Bellas Artes que, según testigos presenciales, estallaron en carcajadas durante una entrevista en directo y no pudieron continuar. La RAE, consultada por varios periodistas, se ha limitado a responder con un lacónico: “No vamos a entrar”.

El documento continúa proponiendo que, en sustitución de Baltasar, las cabalgatas deberían incorporar “un tercer rey de piel caucásica”, que podría identificarse como “Rey Europeo Adicional” (REA), “Rey Hispánico Suplementario” (RHS) o, si el municipio lo estima oportuno, “Rey Magno Blanco II”. Especifica, además, que su atuendo debe ser “coherente con los tonos típicos de invierno”, terminología que algunos equipos jurídicos ya están intentando descifrar.

Para añadir más perlas, la propuesta incluye un artículo final donde se prohíbe expresamente “el uso de maquillaje oscuro, betún o derivados”, lo cual ha generado confusión entre quienes recuerdan que la polémica original sobre Baltasar surgía precisamente de lo contrario: durante décadas, municipios enteros enviaron al concejal de deportes o al farmacéutico del pueblo pintado de negro porque no había suficientes personas negras en la localidad. Ahora Vox exige justo la versión inversa: ni Baltasar de verdad ni Baltasar pintado. Simplemente, no Baltasar.


Las reacciones políticas: entre la indignación y el desconcierto sincero

Los grupos parlamentarios se han apresurado a reaccionar. El PSOE calificó la propuesta de “esperpento legislativo propio de una sobremesa de Nochebuena con cuñados opinólogos”. Sumar afirmó que se trata de “racismo navideño en estado puro”. El PNV, más pragmático, preguntó si la ley también afectaría a Olentzero, y si tendrían que cambiarle la tez o el concepto, por si acaso. ERC ironizó con que quizá Vox quiera “que los Reyes Magos vengan ahora del Pirineo en vez de Oriente”.

Desde el Partido Popular, la respuesta ha sido más estratégica: “No comentamos ocurrencias ajenas a nuestro programa”, dijo su portavoz, aunque varias fuentes internas reconocen que la propuesta les ha dejado “descolocados” y “tratando de entender si es una provocación, una performance o un borrador que alguien entregó por error”.

En Vox, sin embargo, aseguran que la iniciativa es “seria, necesaria y coherente con la recuperación de las tradiciones”. Su portavoz recordó que, según ellos, “muchas cabalgatas han perdido su esencia”, sin aclarar si esa esencia era histórica, bíblica o simplemente imaginada. Porque, como es bien sabido, los Reyes Magos vienen del Evangelio, pero no del BOE. Y, en ninguna versión de la Biblia, se especifica el pantone de la piel de Baltasar, detalle que probablemente ni el propio evangelista Mateo consideró relevante.


Reacciones ciudadanas: trending topics, confusión generalizada y memes en avalancha

Si algo funciona en España, son los memes. Y pocos temas son más fértiles que una propuesta legislativa navideña absurda.

A los minutos de conocerse la iniciativa, Twitter/X acumulaba miles de publicaciones bajo etiquetas como #BaltasarSeQueda, #ReyMagnoBlancoII y #IdentidadCromáticaNacional, esta última convertida inmediatamente en el eslogan más ridiculizado del mes.

Varios artistas han publicado ilustraciones satíricas mostrando cabalgatas con tres reyes idénticos que solo se distinguen por el color de sus coronas. Otros han imaginado versiones alternativas de Baltasar donde sigue siendo africano, pero “con permiso temporal expedido por Delegación del Gobierno”, o con la documentación tachada y sustituida por un sello que reza: “No homologado por Vox”.

Entre los ciudadanos de a pie, las reacciones también varían desde la perplejidad absoluta hasta la burla abierta. “¿Pero es que ya no saben qué prohibir?”, comenta un vecino de Cuenca entrevistado casualmente mientras compraba roscones. “A este paso, van a decir que el carbón no es tradicional porque oscurece el alma patriótica”, añadía.

Un profesor de Historia en Málaga, notablemente molesto, afirmaba: “La historia de los Reyes Magos es una construcción simbólica. ¿Qué será lo siguiente? ¿Una ley para decidir qué tipo de camello pueden usar? ¿Que el mirra sea de producción nacional?”.


Las asociaciones culturales y religiosas entran en escena

El Arzobispado de Madrid emitió un comunicado breve pero contundente: “La Iglesia no legisla sobre el color de los Reyes Magos”. Un segundo comunicado, algo más amplio, mencionaba que “no corresponde al poder legislativo intervenir en figuras religiosas sin criterio histórico o teológico claro”. En resumen: ni ellos entienden qué está intentando hacer Vox.

Varias hermandades y cofradías tradicionales también han mostrado su desacuerdo. La Hermandad de los Magos de Sevilla —una asociación real que organiza cabalgatas desde hace más de siete décadas— afirmó que “Baltasar forma parte de la tradición desde hace más de un siglo en España y no existe ningún motivo razonable para eliminarlo”. Añadieron que, si la ley prosperara, más de la mitad de sus disfraces quedarían “inservibles”.

Las asociaciones de inmigrantes africanos han criticado duramente la iniciativa, considerándola “una exclusión simbólica injustificada”. Varios portavoces han recordado que, durante los últimos años, muchas ciudades han hecho esfuerzos para que Baltasar sea representado por personas negras reales y no por voluntarios pintados, algo que ha sido bien recibido por niños y familias.


El negocio navideño, también preocupado

Aunque parezca menor, la economía navideña también podría verse afectada. Las tiendas de disfraces reportan ventas estables de trajes de Baltasar, pelucas rizadas, capas bordadas y complementos tradicionales. Según la Asociación Española de Comerciantes Festivos, retirar a Baltasar de las cabalgatas podría provocar “pérdidas de varios millones de euros al año” en uno de los sectores que más factura en diciembre.

Los artesanos de carrozas, igualmente, han expresado incertidumbre: “Tenemos diseños hechos desde septiembre. Si ahora nos cambian al rey, tendremos que rehacer decorados, reestructurar secuencias y repensar toda la estética. Esto es un caos logístico”, explica un maestro carrozón de Alicante.


El trasfondo ideológico: ¿tradicionalismo o estrategia electoral?

Varios analistas coinciden en que esta iniciativa parece responder más a una estrategia de visibilidad que a un interés real por reformar las cabalgatas. El experto en comunicación política Joaquín Ladrón de Guevara (quien insiste en que sí, ese es su apellido real) comenta:

“Vox ha terminado de comprender que cada diciembre hay una oportunidad para captar atención mediática. Si no es por el Belén gigante, será por los villancicos, y si no, por los Reyes Magos. Lanzar una idea chocante genera titulares inmediatos.”

Otros, más críticos, creen que la propuesta busca “polarizar lo que funcione”, incluso si el objeto de discusión es una figura bíblica que reparte regalos. Según la politóloga Irene Márquez: “Es un intento de ocupar el espacio público con temas simbólicos que excitan a su base y desconciertan al resto. No se legisla para aprobar, se legisla para provocar”.


¿Qué ocurriría si la ley se aprobara? Un escenario tan absurdo como inquietante

Aunque la iniciativa no tiene apoyos suficientes para prosperar, imaginar las consecuencias de su aprobación ayuda a ilustrar el surrealismo del asunto:

  • Las cabalgatas deberían reimprimir programas, cambiar guiones y rehacer coreografías.
  • Municipios enteros tendrían que retirar estatuas, murales o elementos decorativos que representen a Baltasar.
  • Algunas escuelas podrían verse obligadas a reescribir obras de teatro navideñas, eliminando el papel del rey africano.
  • El merchandising navideño sufriría una transformación repentina: tazas, bolas de árbol, calendarios y peluches de Baltasar dejarían de producirse o, peor aún, tendrían que llevar una pegatina que dijera “No autorizado”.

En ciudades con fuerte tradición multicultural, como Barcelona o Madrid, podría incluso surgir un “Baltasar alternativo”, una figura paralela celebrada en barrios donde la población rechace la reforma. O sea: dos cabalgatas. Una oficial. Otra clandestina. Ambas llenas de caramelos, pero políticamente cargadas.


Conclusión: un país que convierte cualquier tradición en un campo de batalla

España tiene muchas virtudes: la gastronomía, la música, la literatura, el clima… y una capacidad infinita para discutir sobre cualquier tradición hasta convertirla en una disputa nacional. Lo vimos con el Roscón sin fruta escarchada. Con los belenes municipales. Con los villancicos inclusivos. Y ahora, con los Reyes Magos.

La propuesta de Vox, que ya ha generado miles de debates y no pocas risas, demuestra que en nuestro país la Navidad no es solo una celebración familiar: es un campo de batalla simbólico donde cada año se libra una guerra nueva. Y, aunque resulte sorprendente, este año el protagonista no es Papá Noel, ni el sorteo de la Lotería, ni siquiera el precio del turrón.

Este año, la polémica gira en torno a un rey que, hace más de dos milenios, emprendió un viaje lleno de estrellas, camellos y milagros.

Un rey que nunca pidió permiso para existir.

Un rey que, según Vox, tiene “el color de piel equivocado”.

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