Madrid / Chicago, 26 de enero de 2026 — La multinacional Wrigley, filial del gigante Mars Incorporated y responsable de algunas de las marcas de confitería más icónicas del planeta, atraviesa en estos momentos su peor debacle comercial desde su fundación en 1893. El detonante: el lanzamiento al mercado de los nuevos paquetes de Sugus compuestos exclusivamente por gominolas de sabor piña, eliminando por completo el resto de sabores tradicionales que habían definido la identidad del producto durante más de seis décadas.

La decisión, calificada por fuentes internas como “un paso valiente hacia la especialización sensorial”, ha provocado una reacción en cadena que expertos consultados por este diario no dudan en comparar con algunos de los mayores desastres corporativos del siglo XX, entre ellos el fiasco del New Coke de 1985 y la desaparición fulminante de la marca de snacks “Raisin Rumblers” en 2000 tras su intento de comercializar las pasas por separado.

Según datos preliminares facilitados por la consultora Nielsen-IQVIA, las ventas de Sugus han caído un 87% en las primeras tres semanas desde el lanzamiento en los mercados clave de España, Francia, Alemania, México y Brasil. En algunos puntos de venta la caída supera el 94%, con estanterías enteras de paquetes azules que permanecen intactos incluso en fechas de alto consumo infantil.

El anuncio que nadie esperaba

El pasado 4 de enero, en un evento corporativo retransmitido en streaming desde las oficinas centrales de Chicago, el director global de innovación de Wrigley, el doctor en ciencias de los alimentos Heinrich Müller-Voss, presentó la nueva gama bajo el lema “Piña Pura: la esencia concentrada del placer”. Durante la rueda de prensa, Müller-Voss explicó que “tras exhaustivos estudios de preferencia hedónica realizados con más de 14.000 voluntarios en 22 países, hemos constatado que el sabor piña genera un pico de activación dopaminérgica un 47% superior al promedio de los otros cuatro sabores combinados”.

“Estamos ante un cambio de paradigma —añadió el ejecutivo con gesto grave—. La segmentación multisabor ha llegado a su límite natural. El consumidor moderno busca autenticidad y profundidad, no dispersión.”

La presentación incluyó gráficos de barras en tonos azules corporativos que mostraban cómo el 68% de los encuestados “prefería imaginariamente” el sabor piña cuando se les preguntaba sin tener el paquete delante. Ningún directivo mencionó en ningún momento que el estudio había eliminado de la muestra a los participantes que declaraban “no soportar la piña”.

Reacciones inmediatas y escalada institucional

Apenas 48 horas después del lanzamiento, comenzaron las primeras devoluciones masivas en supermercados. En España, la cadena Mercadona registró más de 38.000 unidades devueltas en una sola semana, muchas de ellas abiertas y con una sola gominola consumida “por si acaso había un error de envasado”.

La Asociación de Consumidores y Usuarios (OCU) emitió un comunicado de urgencia calificando la práctica de “engaño sistemático disfrazado de innovación” y anunció acciones legales conjuntas en al menos siete jurisdicciones europeas. “No estamos ante un defecto de fabricación —señaló su presidenta, Carmen Ruiz-Herrera—. Estamos ante una redefinición unilateral de lo que los ciudadanos entienden por ‘paquete variado de Sugus’ desde 1958.”

En el plano político, el ministro de Consumo español, Pablo Bustinduy, compareció en el Congreso para afirmar que “la exclusividad piñera atenta contra el principio de diversidad alimentaria que sustenta nuestra convivencia democrática”. Fuentes cercanas al ministerio aseguran que ya se baraja incluir el “incidente Sugus” en el próximo informe anual sobre vulneración de derechos sensoriales.

Testimonios que estremecen

María López, madre de familia de 42 años residente en Valencia, declaró a este diario: “Mi hijo de ocho años abrió el paquete con ilusión, vio solo azul y se quedó mirando el caramelo como si le hubieran cancelado la Navidad. Lloró durante veinte minutos. Veinte minutos. Eso no es un capricho, es un trauma generacional.”

Por su parte, el catedrático emérito de psicología evolutiva de la Universidad Complutense de Madrid, doctor Emilio Garrido-Fernández, alertó en una entrevista radiofónica: “Estamos asistiendo a la primera gran fractura transgeneracional provocada por un producto de confitería. Los niños que hoy asocian Sugus exclusivamente con piña desarrollarán una desconfianza estructural hacia cualquier promesa de variedad en su vida adulta. Las consecuencias podrían extenderse hasta el año 2060.”

Desde el otro lado del Atlántico, la senadora estadounidense por Illinois Tammy Duckworth (demócrata) presentó una proposición no de ley para “proteger la integridad multisabor de los productos icónicos estadounidenses y sus equivalentes importados”, citando expresamente a Sugus como “patrimonio sensorial en riesgo”.

Paralelismos históricos inquietantes

Diversos analistas económicos no han tardado en establecer comparaciones con el caso de los “Raisin Rumblers”, aquellos snacks salados que a finales de los años 90 incluían un pequeño compartimento con pasas recubiertas de chocolate. En el año 2000, la empresa propietaria —cuyo nombre fue borrado de los registros comerciales tras la quiebra— decidió lanzar las pasas por separado bajo la marca “Pure Raisin Bliss”.

El resultado fue catastrófico: los consumidores rechazaron masivamente el producto al considerarlo “una traición al ritual completo del snack”. La compañía desapareció en menos de 18 meses, dejando un agujero financiero de 340 millones de dólares de la época y convirtiéndose en caso de estudio obligatorio en las escuelas de negocios de medio mundo.

“La lección es clara —advierte el profesor de estrategia empresarial de IESE Business School, Javier Quintanilla—. Cuando se rompe el contrato implícito entre marca y consumidor, la recuperación puede llevar décadas… o ser directamente imposible.”

Consecuencias económicas y perspectivas sombrías

En las últimas sesiones bursátiles, las acciones de Mars Incorporated acumulan una caída del 6,8%, la mayor desde la pandemia de 2020. Analistas de Goldman Sachs han rebajado la recomendación a “venta fuerte” y estiman provisiones por devoluciones y destrucción de stock superiores a los 420 millones de euros solo en el primer trimestre.

Fuentes internas de Wrigley consultadas bajo condición de anonimato reconocen que ya se ha iniciado la retirada discreta de producto de los lineales en varios países, aunque oficialmente la compañía mantiene que “la gama Piña Pura seguirá disponible como opción premium para los amantes del sabor auténtico”.

El cierre de fábricas en Polonia y México no se descarta para los próximos meses, según las mismas fuentes. Mientras tanto, los paquetes azules continúan acumulándose en almacenes, convertidos ya en símbolo involuntario de una época que, para muchos, terminó el 4 de enero de 2026.

El futuro de Sugus, tal y como lo conocíamos, pende de un hilo azul. Y ese hilo parece cada vez más fino.

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