Madrid, 3 de febrero de 2026 – En un movimiento que podría redefinir la movilidad urbana y rural en España, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha presentado un estudio preliminar que propone recuperar la diligencia como solución viable y ecológica para los trayectos de baja ocupación. La iniciativa, enmarcada en la recién aprobada Ley 9/2025 de Movilidad Sostenible, busca reducir drásticamente las emisiones derivadas del uso individual del automóvil privado en distancias medias y cortas.

Entradilla

El departamento que dirige el ministro ha encargado a un equipo interdisciplinario evaluar la viabilidad de reintroducir vehículos tirados por tracción animal –principalmente caballos y mulas– en rutas seleccionadas donde la ocupación media de los turismos no supera las 1,4 personas por vehículo. Según fuentes ministeriales, esta medida podría suponer una reducción de hasta el 98 % en emisiones directas de CO₂ por pasajero-kilómetro en comparación con el coche particular, al eliminar por completo el consumo de combustibles fósiles en el tramo de operación.

Antecedentes históricos de una solución centenaria

La diligencia, ese robusto carruaje de cuatro ruedas que dominó las carreteras españolas entre 1816 y aproximadamente 1860, representó durante décadas el principal medio de transporte colectivo de viajeros y correo antes de la irrupción masiva del ferrocarril. En su época de esplendor, las líneas regulares conectaban Madrid con Sevilla, Barcelona, Valencia o La Coruña, alcanzando velocidades medias de entre 8 y 12 km/h gracias al relevo sistemático de animales en postas cada 15-25 kilómetros.

Documentos históricos conservados en el Archivo Histórico Nacional revelan que, en la década de 1840, una diligencia típica transportaba entre 8 y 16 pasajeros distribuidos en berlina, interior y cupé, con capacidad para equipaje y correo. El sistema de postas permitía cubrir distancias de hasta 100-120 kilómetros diarios en condiciones óptimas, un rendimiento que, ajustado a las necesidades actuales de movilidad de proximidad, resulta sorprendentemente competitivo frente al tráfico urbano contemporáneo.

Contexto actual: la crisis de la baja ocupación

Datos del Instituto Nacional de Estadística y del propio Ministerio indican que, en 2025, el 68 % de los desplazamientos en vehículo privado en España se realizan con una ocupación inferior a dos personas. Esta realidad convierte al automóvil en uno de los mayores emisores per cápita del sector transporte, responsable –según estimaciones europeas– de aproximadamente el 12 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en el país.

La Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada 2030 ya advertía de la necesidad de explorar “soluciones modales alternativas que prioricen la descarbonización radical en escenarios de baja densidad”. El estudio preliminar del Ministerio identifica precisamente en la diligencia una herramienta capaz de ofrecer servicio colectivo sin infraestructura eléctrica adicional ni dependencia de baterías de litio, materiales cuya extracción genera impactos ambientales significativos en otras latitudes.

Reacciones institucionales y expertas

El director general de Estrategia y Normativa del Ministerio, Carlos Mendoza, ha declarado: «No estamos hablando de retroceder en el tiempo, sino de recuperar lo que funcionó durante más de un siglo y adaptarlo a las exigencias climáticas del siglo XXI. La diligencia no emite partículas PM2.5 ni óxidos de nitrógeno en el punto de uso; su huella de carbono se limita a la producción de forraje y al mantenimiento animal, ciclos que pueden gestionarse de forma circular en el ámbito rural».

Por su parte, la Cátedra de Movilidad Sostenible de la Universidad Politécnica de Madrid, entidad con más de quince años de trayectoria en el análisis de sistemas de transporte histórico, ha emitido un informe preliminar en el que afirma: «Diversos modelos biofísicos coinciden en que, para distancias inferiores a 80 km y ocupación media inferior a 2,3 personas, el balance energético y de emisiones favorece claramente a la tracción equina sobre el vehículo de combustión interna o incluso sobre el eléctrico en escenarios sin red de recarga rápida».

Desde la Federación Española de Amigos del Caballo de Trabajo, su presidente, Javier Alonso, ha señalado: «Esta propuesta valida décadas de trabajo callado en la preservación de razas autóctonas como el Hispano-Bretón o el Mallorquín. Podríamos hablar de un retorno de 40.000 a 60.000 équidos en activo en los próximos diez años, revitalizando economías rurales que han sufrido un despoblamiento del 23 % desde 2000».

Impacto potencial y comparaciones históricas

Expertos consultados por este diario coinciden en que la reintroducción de la diligencia podría constituir un punto de inflexión comparable –aunque en sentido inverso– al que supuso la llegada del ferrocarril en la década de 1860, cuando la diligencia fue relegada progresivamente a caminos secundarios.

«Estamos ante un cambio de paradigma que podría equipararse, en términos de transformación social, al paso del caballo al automóvil entre 1900 y 1930», explica la doctora Elena Ruiz, investigadora principal del Observatorio Europeo de Movilidad Baja Emisión. «La diferencia es que ahora el caballo regresa como respuesta a la crisis climática, no como reliquia romántica».

Los cálculos preliminares del Ministerio proyectan que, si se implementaran 1.200 líneas de diligencia en ámbito rural y periurbano, se evitarían anualmente entre 180.000 y 240.000 toneladas de CO₂ equivalente. Esta cifra, aunque modesta en el conjunto nacional, resultaría significativa en municipios de menos de 20.000 habitantes, donde el vehículo privado representa hasta el 87 % de los desplazamientos motorizados.

Retos logísticos y de adaptación

La propuesta no está exenta de dificultades. El Ministerio reconoce que sería necesario:

  • Recuperar o construir unas 3.800 postas modernas con cuadras, áreas de descanso animal y puntos de hidratación.
  • Formar a una nueva generación de cocheros y postillones, profesión que prácticamente desapareció en España hacia 1920.
  • Establecer corredores exclusivos o compartidos en vías secundarias para garantizar velocidades medias de al menos 9-11 km/h.
  • Desarrollar un sistema tarifario competitivo, con precios estimados entre 0,18 y 0,32 €/km por pasajero.

Fuentes cercanas al gabinete ministerial aseguran que ya se han mantenido contactos con asociaciones ecologistas, sindicatos agrarios y plataformas de movilidad rural para perfilar un piloto en al menos tres comunidades autónomas durante 2027.

Cierre: un antes y un después en la movilidad española

Si el proyecto avanza en las próximas fases de evaluación, España podría convertirse en el primer país de la Unión Europea en incorporar de forma sistemática la tracción animal moderna al sistema de transporte público. Una decisión que, más allá de su aparente anacronismo, responde a una lógica implacable: en un contexto de emergencia climática, cualquier solución que elimine emisiones directas y fomente la economía circular merece ser estudiada con rigor.

Queda por ver si la diligencia, ese viejo símbolo de la España decimonónica, regresará a las carreteras como emblema de la sostenibilidad del siglo XXI. Lo que resulta indudable es que el debate ya está servido y que, durante los próximos meses, muchas miradas se dirigirán hacia los establos y no hacia las fábricas de baterías.

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