El Nobel que inventó la PCR afirmó haber sido abducido por un mapache parlante que le habló en plena noche

En una revelación que combina el rigor científico con experiencias de lo más inusual, Kary Mullis, el bioquímico estadounidense galardonado con el Premio Nobel de Química en 1993 por desarrollar la técnica de la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), relató en su autobiografía haber mantenido un encuentro con un mapache luminoso y parlante que le saludó formalmente como “doctor”. Este episodio, ocurrido en 1985 en los bosques de Mendocino County, California, ha resurgido recientemente en entrevistas y publicaciones especializadas, planteando interrogantes profundos sobre los límites entre la genialidad científica y las percepciones extraordinarias.

La PCR, herramienta fundamental en la detección molecular que permitió avances decisivos en diagnósticos médicos —incluyendo su aplicación masiva durante la pandemia de COVID-19—, fue concebida por Mullis en un momento de inspiración nocturna mientras conducía por una carretera californiana. Sin embargo, el mismo científico que transformó la biología molecular describió cómo, en una noche de mediados de los años ochenta, mientras se dirigía al exterior de su cabaña, se topó con un ser que parecía un mapache común pero emitía un brillo intenso y se dirigió a él con palabras precisas.

El encuentro nocturno en los bosques de California

Según el propio relato de Mullis, detallado en su libro Dancing Naked in the Mind Field (publicado en 1998), el incidente tuvo lugar alrededor de la medianoche. Mullis salió de su cabaña en busca de algo —posiblemente para atender una necesidad básica— y recorrió un sendero iluminado solo por su linterna. Al llegar al final del camino, bajo un abeto, detectó un resplandor inusual.

Apuntó la luz directamente hacia el origen del brillo. Lo que apareció fue, en apariencia, un mapache. Sin embargo, el animal no reaccionó como un espécimen ordinario: su pelaje reflejaba la luz de manera anormalmente blanca e intensa, casi fluorescente. Entonces, el mapache habló. “Good evening, doctor”, pronunció con claridad, según la transcripción exacta que Mullis incluyó en su autobiografía.

El científico respondió instintivamente —probablemente con un “hello” o algo similar—, pero no recuerda más detalles del intercambio inmediato. Lo siguiente que registra su memoria es despertar ya de día, caminando por una carretera en pendiente ascendente, a cierta distancia de su casa. Habían transcurrido varias horas sin explicación aparente. Mullis insistió en que no podía fabricar mapaches luminosos ni adquirirlos para estudio científico, pero tampoco negaba la veracidad de lo vivido. “Fue extraordinariamente extraño”, escribió, sin atribuirlo necesariamente a extraterrestres, aunque reconoció que muchas personas interpretan experiencias similares como intervenciones alienígenas.

Este episodio comparte características con lo que los investigadores de fenómenos anómalos denominan “abducciones” o “encuentros cercanos”: pérdida de tiempo, memoria fragmentada y un elemento animal que actúa como “pantalla” o proyección. Mullis no vio una nave espacial ni seres grises clásicos, pero el saludo formal y el contexto nocturno en un lugar aislado han llevado a expertos en el tema a clasificarlo dentro de esta categoría.

Reacciones en la comunidad científica y más allá

Diversos analistas han comentado la dualidad de Mullis. Por un lado, un innovador cuya PCR multiplicó exponencialmente fragmentos de ADN, permitiendo desde pruebas forenses hasta detección de virus con precisión sin precedentes. Por otro, un hombre que defendió posiciones controvertidas: cuestionó el vínculo entre VIH y sida, apoyó la astrología y relató experiencias que desafían el método científico convencional.

En círculos académicos, la anécdota del mapache ha sido citada como ejemplo de cómo incluso mentes brillantes pueden experimentar percepciones que escapan a la explicación racional. Fuentes cercanas al Instituto Nobel han recordado que el premio reconoce contribuciones específicas, no la totalidad de las creencias personales del laureado. Aun así, el contraste genera debate: ¿cómo un cerebro capaz de resolver problemas complejos de química molecular pudo interpretar un encuentro de esta naturaleza?

Expertos en psicología cognitiva consultados por publicaciones especializadas coinciden en que experiencias como esta podrían relacionarse con estados alterados de conciencia, aunque Mullis nunca atribuyó el episodio a sustancias específicas en ese contexto concreto. Otros investigadores de fenómenos OVNI, como los asociados al Center for UFO Studies (CUFOS), han incluido el caso en compilaciones de testimonios creíbles, destacando la reputación del testigo.

Declaraciones clave de testigos y analistas

Kary Mullis, en su propia narración: “El mapache habló. ‘Good evening, doctor’. Lo siguiente que recuerdo es que era de madrugada y caminaba por una carretera cuesta arriba desde mi casa”.

Un investigador anónimo especializado en abducciones, citado en foros académicos: “El saludo formal y la pérdida horaria coinciden con patrones documentados en cientos de casos similares. Que el ‘ser’ adopte forma de mapache no invalida la experiencia; al contrario, refuerza la hipótesis de una proyección adaptada al entorno”.

Dan Schreiber, escritor y recopilador de anécdotas científicas improbables, en entrevista reciente: “Me fascinó: ¿cómo puede alguien capaz de cambiar el mundo creer algo así? Kary Mullis dijo que lo había abducido una nave alienígena, un mapache parlante. Es el contraste perfecto entre rigor y lo inexplicable”.

Un biólogo molecular que prefirió el anonimato: “La PCR es una de las invenciones más útiles del siglo XX. Que su creador tuviera visiones de este tipo no disminuye su legado técnico, pero invita a reflexionar sobre la mente humana”.

Ciudadanos en redes y foros científicos han expresado sorpresa: “Si un Nobel vio un mapache que habla, ¿qué nos espera a los mortales?”, comentó un usuario en un hilo dedicado al tema.

Impacto histórico y repercusiones en la percepción de la ciencia

Este episodio marca un antes y un después en la forma en que se evalúa la credibilidad de los científicos públicos. Durante décadas, la comunidad académica ha separado estrictamente los logros profesionales de las convicciones privadas. Sin embargo, casos como el de Mullis —junto con otros premios Nobel que defendieron ideas marginales— sugieren que el genio creativo puede coexistir con percepciones que bordean lo extraordinario.

Comparado con momentos clave de la historia humana, este incidente recuerda episodios como las visiones de figuras renacentistas que mezclaban alquimia con observación empírica, o los relatos de exploradores que describían encuentros imposibles en territorios remotos. Podría equipararse, en magnitud simbólica, al instante en que Copérnico comprendió la heliocentridad mientras otros veían esferas celestiales perfectas: un salto cognitivo que no siempre va acompañado de uniformidad racional.

La PCR ha salvado innumerables vidas al permitir diagnósticos rápidos y precisos. Que su inventor relatara una abducción protagonizada por un mapache luminoso no altera ese hecho, pero añade una capa de complejidad al retrato del científico moderno: capaz de iluminar los secretos del ADN y, al mismo tiempo, de experimentar realidades que escapan al microscopio.

Instituciones como la Real Academia de Ciencias de Suecia, que otorgó el Nobel, mantienen que el premio premia descubrimientos verificables, no biografías completas. Aun así, el caso Mullis obliga a preguntarse si la frontera entre lo racional y lo extraño es tan nítida como se presume.

Conclusión: un legado que trasciende lo convencional

La revelación del encuentro con el mapache parlante no invalida el genio de Kary Mullis, fallecido en 2019, sino que lo enriquece con una dimensión humana impredecible. En un mundo donde la ciencia avanza a pasos agigantados, experiencias como esta recuerdan que incluso los mayores innovadores pueden toparse con lo inexplicable.

Queda por ver si futuros estudios sobre conciencia, percepción y fenómenos anómalos arrojarán luz sobre lo ocurrido aquella noche de 1985. Mientras tanto, la PCR sigue siendo una herramienta indispensable en laboratorios de todo el planeta, y el mapache —parlante o no— permanece como uno de los enigmas más singulares asociados a un Premio Nobel.

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