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Madrid. El misterio del descampado desierto donde debía celebrarse la manifestación de mujeres contra las acusaciones de acoso que cercan al PSOE ha quedado parcialmente resuelto. Según ha podido confirmar el Diario ASDF tras una exhaustiva investigación basada en mirar fijamente al horizonte y hacer varias llamadas que nadie devolvió, los estepircursores que merodeaban la zona no estaban allí por casualidad. Estaban contratados.
Su misión, lejos de lo que muchos pensaron inicialmente —custodiar el vacío, simbolizar el silencio o simplemente dar vueltas porque sí—, consistía en estudiar la viabilidad del terreno para su posterior recalificación. Todo ello con un objetivo claro y patriótico: evitar que, una vez especulado, lleguen otros a intentar especular de nuevo sobre lo ya especulado, elevando la tarifa de los comisionistas hasta niveles incompatibles con la decencia aparente.
De fauna espontánea a consultoría técnica
Durante años, los estepircursores han sido considerados una especie liminal, a medio camino entre animal, concepto urbanístico y excusa administrativa. Su presencia en solares, descampados y terrenos “pendientes de algo” era habitual, pero nunca se había confirmado oficialmente que trabajaran bajo contrato.
Eso ha cambiado.
Fuentes muy cercanas al terreno —tan cercanas que prácticamente eran el terreno— aseguran que los estepircursores han sido subcontratados como consultores independientes para analizar parámetros clave: orientación del sol, capacidad simbólica del polvo, potencial para albergar una rotonda innecesaria y facilidad para justificar una recalificación “por interés general”.
“Son discretos, no protestan y no filtran a la prensa”, explica un técnico que pidió anonimato “porque bastante tiene ya con lo suyo”.
El plan: especular, pero con orden
La clave de la operación es la prevención. Según la documentación a la que ha tenido acceso el Diario ASDF, el objetivo no es solo recalificar, sino hacerlo antes de que aparezcan actores externos con ambición tardía. Personas que, al ver el terreno ya especulado, intentan volver a especularlo alegando que “aún no estaba del todo especulado”.
Esto, explican las fuentes, genera inflación de comisiones, duplicidad de intermediarios y un caos difícil de justificar incluso con informes de 300 páginas.
“Si no se actúa a tiempo, vienen otros, meten una capa más de nada sobre la nada existente y te suben la tarifa”, resume un experto en urbanismo defensivo.
Los estepircursores, al girar constantemente sobre el terreno, delimitan simbólicamente la zona y dejan claro que ese solar ya está siendo observado, medido y, sobre todo, pensado para algo que aún no se puede decir.
La metodología estepircursora
A diferencia de las consultoras tradicionales, los estepircursores no usan drones, ni planos, ni powerpoints. Su método es más orgánico.
Dan vueltas.
Cada vuelta equivale a una hipótesis. Cada parada breve, a una conclusión provisional. Si levantan polvo, es favorable. Si no levantan polvo, también, pero requiere un anexo.
Uno de los informes preliminares, al que este diario ha tenido acceso sin saber muy bien cómo, concluye lo siguiente:
“El terreno es viable para cualquier cosa que aún no exista, siempre que se declare urgente.”
El documento añade que el solar tiene “alto potencial narrativo”, lo cual facilitaría su defensa pública en caso de polémica futura.
Relación con la manifestación inexistente
La coincidencia temporal entre la presencia de los estepircursores y la manifestación que no fue ha levantado suspicacias. Sin embargo, desde el entorno del proyecto insisten en que no hay relación directa.
“La manifestación no estaba prevista en nuestros cálculos”, aseguran. “Pero el vacío humano nos vino bien para observar el terreno sin interferencias emocionales.”
Las dos reporteras del Diario ASDF que acudieron inicialmente al lugar confirman ahora que los estepircursores parecían “demasiado concentrados” para ser simples transeúntes. “No daban vueltas al azar”, recuerdan. “Había intención. Había contrato.”
Evitar la especulación de la especulación
El concepto puede parecer complejo, pero en realidad es sencillo: una vez especulas un terreno, ese terreno adquiere un valor especulativo. Si no se protege adecuadamente, otros pueden intentar especular sobre ese valor especulativo, generando una burbuja de segundo nivel.
A eso se le llama, en jerga técnica, “especulación redundante”.
Los estepircursores actúan como cortafuegos. Su sola presencia indica que el solar ya está en proceso, aunque ese proceso consista básicamente en esperar el momento adecuado.
“Es como poner una toalla en la arena”, explica un veterano del sector. “No estás usando el sitio, pero queda claro que es tuyo.”
El papel de los comisionistas
Uno de los objetivos explícitos del plan es contener las expectativas de los comisionistas. En operaciones de recalificación, los comisionistas tienden a multiplicarse como setas conceptuales, cada uno reclamando su porcentaje por haber estado cerca del terreno en algún momento.
Al anticiparse con estepircursores, se reduce el margen para nuevos intermediarios tardíos. “Aquí ya hay vida”, viene a decir el mensaje implícito. “Vuelvan otro día.”
Esto no elimina las comisiones, aclaran las fuentes, pero sí las racionaliza dentro de un marco aceptable de opacidad estándar.
Reacciones oficiales y no oficiales
Consultado por este diario, un portavoz que no quiso aclarar de qué era portavoz se limitó a decir: “Todo se está haciendo conforme a nada.”
Desde otros sectores se aplaude la iniciativa por su carácter innovador. “Es urbanismo preventivo”, señalan. “Mejor estudiar un terreno vacío que uno lleno de problemas.”
En redes sociales, algunos usuarios han acusado a los estepircursores de ser “fondos buitre con patas”, mientras otros defienden su derecho a girar libremente siempre que sea con contrato.
El futuro del descampado
¿Qué pasará ahora con el terreno? Nadie lo sabe con certeza. Las posibilidades incluyen un centro multifuncional, un edificio que no encaja con nada o, en el mejor de los casos, otro descampado pero con presupuesto.
Lo que sí parece claro es que, gracias a la labor de los estepircursores, cuando llegue el momento de recalificar, todo el mundo podrá decir que no fue improvisado.
“Esto lleva tiempo estudiándose”, dirán. Y será verdad, en cierto sentido.
Epílogo: siguen dando vueltas
A día de hoy, los estepircursores continúan en el descampado. Siguen girando, midiendo, evaluando. No hablan. No protestan. No convocan ruedas de prensa.
Cumplen.
Desde el Diario ASDF seguiremos informando de cualquier novedad relacionada con este terreno, sus posibles futuros usos y las vueltas adicionales que aún queden por dar.
Porque si algo ha quedado claro es que, en este país, incluso la nada necesita un estudio de viabilidad antes de ser utilizada.
